Washington, 10 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Donald Trump volvió a endurecer este viernes su discurso contra el régimen iraní y dejó en claro que la reapertura real del estrecho de Ormuz será una prueba central para medir si la tregua de dos semanas acordada entre Estados Unidos e Irán tiene alguna posibilidad de sobrevivir. El presidente norteamericano acusó a Teherán de estar haciendo “un trabajo muy pobre” para permitir el paso del petróleo y lanzó una frase que resume el malestar de la Casa Blanca: “Ese no es el acuerdo que tenemos”. La presión llegó justo cuando su equipo de negociación, encabezado por el vicepresidente JD Vance, partió hacia Pakistán para mantener este sábado una ronda de conversaciones con emisarios iraníes en Islamabad.
La reacción de Trump no fue un exabrupto aislado. Se apoya en una evidencia que, a esta hora, sigue inquietando a los mercados y a los aliados árabes de Washington: el flujo por Ormuz continúa severamente restringido y el alivio prometido tras la tregua todavía no apareció en la magnitud esperada. Reuters reportó este viernes que el tránsito por el estrecho seguía por debajo del 10% de los volúmenes normales, con una mayoría de los barcos que lograron pasar vinculados a Irán, mientras el crudo continuaba operando cerca de los 100 dólares por barril en un clima de oferta tensa y temor persistente. Brent cotizaba en torno a 96,32 dólares y el WTI en 98,71, todavía muy condicionados por el cuello de botella energético que el régimen iraní mantiene como herramienta de presión regional y global.
En ese marco, el tono de Trump se volvió todavía más agresivo. Según la cobertura de Fox News, el mandatario sostuvo que los iraníes parecen no entender que no tienen “ninguna carta” más allá de la “extorsión a corto plazo” a través de las vías fluviales internacionales, y remató con otra advertencia cargada de presión: “La única razón por la que siguen vivos hoy es para negociar”. El mensaje no deja demasiado margen para dudas: la administración republicana está dispuesta a explorar una salida diplomática, pero no piensa tolerar que Teherán use la tregua para seguir reteniendo la llave energética del mundo y cobrando peaje político sobre la navegación internacional.
La delegación norteamericana que aterrizará en Islamabad estará integrada por Vance, el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, por decisión directa de Trump, según confirmó la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Para la administración estadounidense, la apuesta es doble: sostener la tregua y, al mismo tiempo, forzar a Irán a demostrar con hechos que realmente quiere una desescalada. Pero el camino llega cargado de sospechas. Reuters informó que, antes de abordar el avión, Vance avisó que espera negociaciones positivas, aunque advirtió que si los iraníes intentan “jugar” con Estados Unidos, encontrarán un equipo negociador mucho menos receptivo. Ese tono sugiere que en Washington ya asumieron que no están viajando a una mesa de paz clásica, sino a una pulseada donde cada gesto en Ormuz y cada movimiento en Líbano pueden hacer descarrilar todo.
La situación, además, está lejos de ser estable en el terreno político y militar. Reuters reportó que Irán condicionó el arranque de las conversaciones a que se desbloqueen activos iraníes y a que se afiance un alto el fuego también en Líbano, lo que amenaza con introducir un nuevo foco de tensión en una negociación ya demasiado frágil. Mientras tanto, el propio mercado energético actúa como recordatorio brutal de que la crisis no terminó: la tregua enfrió algo los precios respecto del pico de los últimos días, pero la navegación sigue semiparalizada, la escasez física persiste y la idea de que Teherán pretende cobrar tasas por el paso de barcos sigue siendo vista en Occidente como una forma de piratería geopolítica envuelta en diplomacia de ocasión.
Para Trump, el cuadro es tan simple como peligroso: si Irán no libera de verdad el tránsito por Ormuz, cualquier acuerdo será papel mojado. Y para el régimen iraní, también hay una señal nítida: la etapa de usar el estrecho como instrumento de chantaje sin pagar costo político o militar podría estar acercándose a su límite. La mesa de Pakistán arranca así con una promesa y una amenaza al mismo tiempo. La promesa es una salida negociada. La amenaza es que, si Teherán insiste en convertir la libertad de navegación en moneda de cambio, la tregua puede deshacerse tan rápido como fue anunciada.





