Buenos Aires-11 de Abril de 2026-Total News Agency-TNA-. La discusión sobre el tipo de cambio volvió a instalarse con fuerza en la city y ya no como un comentario lateral, sino como una advertencia que empieza a incomodar al propio esquema económico del Gobierno. El economista Camilo Tiscornia, director de C&T Consultores, sostuvo este sábado que “no es sostenible que la inflación le gane al tipo de cambio” y fue todavía más lejos: afirmó que “es necesario que haya una corrección” porque el dólar “ha quedado muy atrasado”. La definición pegó sobre una foto concreta del mercado: el viernes 10 de abril el dólar minorista promedio cerró en $1.399,42 y el mayorista de referencia en $1.373,90, ambos muy lejos del techo de la banda cambiaria oficial, que para esa fecha se ubicó en $1.671,07.
Video: Claudio Loser, ex director fel FMI, respecto al atraso del Dólar
El punto que marca Tiscornia es simple, pero políticamente delicado. Si los precios internos siguen subiendo más rápido que el dólar, el peso se aprecia en términos reales y la economía empieza a encarecerse en dólares. Eso puede servirle al Gobierno como ancla transitoria para moderar expectativas y contener la nominalidad, pero al mismo tiempo erosiona competitividad, aprieta márgenes y deja al tipo de cambio corriendo siempre desde atrás. El propio mercado ya viene descontando ese desfasaje: el REM del BCRA proyectó para marzo una inflación de 3,0%, mientras que para diciembre de 2026 estimó un dólar promedio de $1.700, equivalente a una suba anual del 17,4%, muy por debajo de la inflación esperada para el año, que distintas coberturas de ese relevamiento ubican en torno al 29,8%. Dicho de otra manera, la city no ve un salto brusco inminente, pero sí convalida que el dólar corre bastante más lento que los precios.
La paradoja es que esa discusión aparece justo cuando el Banco Central muestra uno de sus mejores momentos del año. Lejos de vender divisas para sostener la pax cambiaria, la autoridad monetaria está comprando fuerte: el viernes absorbió USD 457 millones, acumuló cerca de USD 963 millones en la semana y ya supera los USD 5.400 millones en 2026. Esa dinámica le da al Gobierno un argumento de defensa: si el BCRA compra y el dólar igual baja, entonces el problema no sería una crisis cambiaria sino, precisamente, una sobreoferta de divisas. El propio Tiscornia explicó que, en este esquema, cuando el BCRA compra reservas lo que hace es “ponerle un piso” al tipo de cambio. El dato oficial de reservas provisorias, además, mostraba USD 44.759 millones al 8 de abril, en un contexto de fuerte ingreso de dólares por mercado y por recomposición externa.
Pero ese alivio no anula la discusión de fondo. El atraso cambiario empieza a ser leído por varios analistas como una anomalía cada vez menos disimulable. En las últimas horas, informes privados replicados por la prensa económica señalaron que el tipo de cambio real se ubica cerca de sus niveles más bajos desde 2017, un dato que reaviva el recuerdo de otros ciclos en los que la estabilidad aparente terminó chocando contra la realidad. En paralelo, el INDEC informó que la actividad creció 1,9% interanual en enero y 0,4% frente a diciembre en la medición desestacionalizada, mientras el comercio exterior dejó superávits de USD 1.987 millones en enero y USD 788 millones en febrero. Ese combo explica por qué el mercado no proyecta un dólar desbocado en el mediano plazo: hay ingreso comercial, cosecha, algo más de oxígeno financiero y un BCRA que recompone poder de fuego. Pero una cosa es tener dólares en el corto plazo y otra muy distinta es sostener indefinidamente un esquema donde la inflación le sigue ganando a la divisa.
Por eso la advertencia de Tiscornia pega donde más le duele al relato oficial. El Gobierno puede exhibir compras récord de reservas, un dólar quieto y una eventual desaceleración inflacionaria en abril, pero si el tipo de cambio sigue perdiendo contra los precios, tarde o temprano reaparece la pregunta que la Argentina conoce demasiado bien: cuánto tiempo puede durar una calma cambiaria apoyada más en el atraso que en una corrección integral de la economía. En la Casa Rosada apuestan a que el superávit comercial, la cosecha y la mejora de expectativas alcancen para estirar ese equilibrio. En el mercado, en cambio, cada vez son más los que ven que el dólar barato empieza a parecer una buena noticia de corto plazo, pero también una advertencia de mediano.





