Buenos Aires, 12 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Manuel Adorni cumplió un mes en el centro de la tormenta política del Gobierno y lejos de apagarse, el caso ya empezó a ordenar internas, temores y cálculos de supervivencia dentro del oficialismo. Lo que arrancó con la polémica por el viaje a Nueva York junto a la comitiva presidencial y la presencia de su esposa, y que luego se amplificó con el vuelo privado a Punta del Este y las dudas sobre su patrimonio, hoy se transformó en un problema político integral para la administración de Javier Milei. Ya no se discute sólo su situación judicial o patrimonial, sino cuánto daño arrastra su continuidad sobre el resto del gabinete.
En la Casa Rosada la decisión formal sigue siendo sostenerlo. Milei y Karina Milei volvieron a mostrarse alineados en su respaldo y todo indica que el jefe de Gabinete seguirá, al menos por ahora, en su cargo. Pero el problema es que el apoyo presidencial ya no alcanza para borrar el desgaste. El Gobierno redujo su exposición, suspendió movimientos públicos que pensaba reactivar y postergó el regreso pleno de las conferencias de prensa. En otras palabras, lo respalda, pero lo esconde. Esa contradicción explica bastante bien el momento del oficialismo: no quieren entregarlo, pero tampoco pueden exhibirlo con naturalidad.
La fragilidad de Adorni ya ni siquiera se oculta del todo en voz alta. Patricia Bullrich, una de las figuras con más peso específico dentro del espacio, admitió en Córdoba que el funcionario está “muy tocado” en lo personal y familiar, aunque aclaró que el Presidente decidió mantenerlo. La frase no fue menor. En política, cuando un ministro dice públicamente que otro está golpeado, lo que en realidad está haciendo es blanquear que la discusión existe. Y esa discusión, según distintas lecturas dentro del oficialismo, ya atraviesa a la mesa política. Hay quienes creen que aguantarlo demasiado tiempo convierte el problema de Adorni en un problema de todos.
La situación se vuelve todavía más incómoda porque el frente judicial no se cerró, sino que sigue agregando capítulos. La causa por supuesto enriquecimiento ilícito y los expedientes vinculados a sus viajes avanzan en Comodoro Py. El fiscal Gerardo Pollicita pidió nuevas medidas de prueba sobre sus declaraciones juradas, bienes y operaciones inmobiliarias, mientras el juez Ariel Lijo quedó a cargo de uno de los expedientes sensibles. A eso se suman las dudas sobre el vuelo a Punta del Este, que el propio funcionario dijo haber pagado “en su parte”, algo que hasta ahora no logró disipar del todo las sospechas políticas y judiciales que se instalaron en torno suyo.
En el frente parlamentario tampoco tiene respiro. El PRO evitó hasta ahora una interpelación que habría sido letal para la estrategia oficial, pero el tema sigue lejos de estar clausurado. El 29 de abril, Adorni deberá presentarse en la Cámara de Diputados para brindar su primer informe de gestión como jefe de Gabinete, en una sesión que ya llega recargada por el escándalo. Los legisladores enviaron unas 4.800 preguntas, una cifra récord que convierte esa exposición en una verdadera prueba de fuego. En el Gobierno fantasean incluso con una señal política de respaldo más amplia, con presencia de Milei y parte del gabinete, pero nadie puede garantizar que esa foto alcance si para entonces el frente judicial sigue agregando malas noticias.
Mientras tanto, el resto del oficialismo intenta seguir funcionando entre tensiones que ya no pasan desapercibidas. La interna entre el universo de Karina Milei y el de Santiago Caputo volvió a dejar señales en los movimientos alrededor de la Justicia, como la reunión que el asesor presidencial mantuvo con el camarista Mariano Borinsky en la Casa Rosada, mientras el Gobierno también discute cómo avanzar con su agenda penal y judicial. En paralelo, Diego Santilli busca contener a gobernadores inquietos por la caja, con adelantos de coparticipación y conversaciones por la transferencia de rutas nacionales a las provincias. Todo eso ocurre mientras el caso Adorni sigue trabando la posibilidad de que el Gobierno recupere iniciativa política y vuelva a hablar de otra cosa.
Ese es, en el fondo, el dato más preocupante para la administración libertaria. Adorni no cayó, pero tampoco logra salir del pozo. Sigue en pie por decisión presidencial, aunque cada semana parece más condicionado, más aislado y más costoso. La escena se parece cada vez menos a la de un funcionario sólido defendido por su jefe y cada vez más a la de un fusible que todavía no se cambia porque el Gobierno teme que el recambio se lea como una rendición. El problema es que, a esta altura, sostenerlo ya también empieza a parecerlo.





