El Presidente convirtió su tercera intervención ante la Asamblea General en una definición integral de política exterior: declaró a Malvinas “causa nacional”, cuestionó la explotación petrolera británica, invitó al capital internacional a Vaca Muerta, prometió no regular preventivamente la inteligencia artificial y ratificó el alineamiento estratégico con Estados Unidos e Israel. También lanzó una de sus críticas más duras contra la estructura actual de Naciones Unidas.
Nueva York – 23 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA– El presidente Javier Milei utilizó su tercera intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para condensar en 19 minutos la nueva estrategia internacional de su Gobierno: una defensa más activa de la soberanía argentina sobre Malvinas, apertura masiva a inversiones energéticas y tecnológicas, alineamiento explícito con Estados Unidos e Israel y un duro cuestionamiento a la capacidad de la ONU para cumplir las funciones para las que fue creada. La exposición, pronunciada ante la 81ª Asamblea General, tuvo como hilo conductor una crítica al multilateralismo cuando sus resoluciones no tienen consecuencias concretas y una defensa del derecho de los Estados a preservar su soberanía política, económica y tecnológica.
Milei estructuró su discurso alrededor de tres preguntas: qué debía hacer Naciones Unidas y no hizo; qué hizo pese a que, a su juicio, no debía hacerlo; y qué actitud debería adoptar frente al avance de la inteligencia artificial. Desde esa arquitectura lanzó una de sus caracterizaciones más severas del organismo, al que acusó de haber perdido autoridad por tolerar incumplimientos de sus propias resoluciones mientras desarrolla una extensa estructura burocrática dedicada a intervenir en políticas internas de los países. También cuestionó el papel de organismos internacionales durante la pandemia, volvió a justificar la decisión argentina de abandonar la Organización Mundial de la Salud y rechazó las agendas supranacionales que considera incompatibles con el principio de soberanía nacional.
El tramo de mayor contenido argentino estuvo dedicado a Malvinas. “Malvinas es para nosotros una causa nacional”, afirmó Milei, antes de recordar que la Resolución 31/49 de la Asamblea General insta a las partes a abstenerse de adoptar modificaciones unilaterales mientras continúe pendiente la disputa de soberanía. El Presidente vinculó directamente ese incumplimiento con el proyecto petrolero Sea Lion, impulsado en la Cuenca Malvinas Norte bajo licencias británicas que Buenos Aires considera ilegales e ilegítimas. Según explicó, la Argentina ya presentó protestas diplomáticas, utilizó herramientas jurídicas, sancionó empresas y proveedores involucrados y remitió al Congreso una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
Milei sostuvo además que la controversia pone a prueba a la propia ONU porque, si las resoluciones permanecen durante décadas sin consecuencias ante su incumplimiento, el organismo pierde autoridad. La posición se inscribe también en la Resolución 2065 (XX), que reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido y reclama negociaciones para alcanzar una solución pacífica teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. El mandatario reiteró que Buenos Aires mantiene la vía pacífica y convocó nuevamente a Londres a retomar conversaciones sustantivas.
En paralelo lanzó un mensaje directo a las grandes compañías energéticas. Definió a Vaca Muerta como una oportunidad histórica con capacidad para convertir a la Argentina en uno de los protagonistas energéticos de las próximas décadas y convocó a los inversores internacionales a participar de su desarrollo. “Vengan, inviertan, desarróllenla. Háganlo con nosotros”, afirmó. Pero inmediatamente estableció una frontera política: esa apertura no alcanzará a quienes participen de la explotación de recursos en los espacios marítimos bajo disputa en Malvinas. El mensaje coincidió con el lanzamiento del Corredor Andes-Atlántico entre Argentina y Estados Unidos, destinado precisamente a desarrollar infraestructura para transportar energía y minerales hacia los mercados internacionales.
La otra gran apuesta económica presentada ante los líderes mundiales fue la inteligencia artificial. Milei anunció que la Argentina pretende transformarse en uno de los países más competitivos para desarrollar esa tecnología mediante un marco jurídico favorable, beneficios fiscales y un compromiso explícito de no regular preventivamente la actividad. Argumentó que las sucesivas revoluciones tecnológicas generaron históricamente temores sobre la destrucción del empleo que no terminaron materializándose en los términos previstos por sus críticos y sostuvo que la innovación debe desarrollarse antes de imponer restricciones basadas en riesgos todavía hipotéticos.
La propuesta tiene además una dimensión geopolítica. Milei sostuvo que la inteligencia artificial no es neutral y consideró necesario que sea Occidente quien lidere su evolución. Presentó a la Argentina como una plataforma capaz de aportar minerales críticos, abundante energía y capital humano para participar en toda la cadena de valor tecnológica, y aseguró que comparte en esta materia la visión del presidente Donald Trump, cuya administración también rechaza una regulación internacional amplia de la IA. La postura argentina contrasta con el planteo formulado un día antes por el secretario general de la ONU, António Guterres, quien reclamó mecanismos internacionales de gobernanza y supervisión sobre los riesgos tecnológicos.
El alineamiento internacional quedó expresado sin ambigüedades. Milei afirmó que la Argentina eligió ubicarse junto a Estados Unidos e Israel, países con los que dijo compartir valores e intereses estratégicos. Condenó los ataques iraníes contra Israel, reivindicó la decisión argentina de declarar organización terrorista a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y recordó los atentados de 1992 contra la Embajada de Israel y de 1994 contra la AMIA, que provocaron decenas de muertos en Buenos Aires. Tras abandonar el recinto, reforzó esa posición al afirmar ante periodistas que Israel se encuentra “del lado correcto de la historia”.
El Presidente también defendió la reconstrucción del instrumento militar argentino después de décadas que describió como de abandono y vinculó capacidad económica, relevancia internacional y poder defensivo con la soberanía efectiva de los Estados. Su formulación fue que solamente una nación “políticamente relevante, económicamente influyente y militarmente respetable” puede controlar plenamente su destino, una definición que conecta la política de defensa con el desarrollo energético, minero y tecnológico promovido por el Gobierno.
La crítica a Naciones Unidas, sin embargo, no derivó en un planteo de abandono del sistema multilateral. Milei afirmó que Argentina continuará participando en aquellos foros donde resulte necesaria la cooperación entre Estados, pero estableció una diferenciación entre cooperación y subordinación. Esa combinación resume el mensaje que Buenos Aires buscó instalar en Nueva York: atraer capital y tecnología, consolidar una alianza estratégica con Occidente y simultáneamente elevar el costo político y económico de la explotación de recursos en Malvinas.
En el cierre, Milei presentó a la Argentina como un país que después de décadas de decadencia pretende recuperar protagonismo mediante energía, minería, tecnología y apertura económica, e invitó a científicos, empresarios y emprendedores a instalarse e invertir. La oferta internacional quedó así acompañada por una advertencia igualmente explícita: el Gobierno busca capital extranjero para desarrollar Vaca Muerta, minerales críticos e inteligencia artificial, pero anunció que utilizará instrumentos diplomáticos, jurídicos y económicos contra quienes participen de proyectos que considere lesivos para la soberanía argentina. En esa combinación de apertura económica y reivindicación territorial se concentró el mensaje político central que Milei llevó este miércoles al principal foro diplomático mundial.
Fuentes consultadas: Presidencia de la Nación; Naciones Unidas; Reuters; Agencia Noticias Argentinas; Infobae; La Nación; antecedentes de las resoluciones 2065 (XX) y 31/49 de la Asamblea General.
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