
Conozco a Julio César Pose desde hace 18 años, cuando aún era un perfecto desconocido. No había nada sobre él en ningún lado. Era un completo fantasma.
Llamó por teléfono a la redacción de Tribuna de Periodistas y pidió hablar conmigo. Se presentó escuetamente. Me dijo que trabajaban en Inteligencia de manera independiente. Y que colaboraba con la DEA, la agencia antinarcóticos de Estados Unidos.
Quedamos en juntarnos unos días más tarde, porque quería contarme algo que le estaba pasando. Una “cama” que le estaba haciendo el fallecido juez Claudio Bonadío.
Aproveché para averiguar sobre él entre algunas fuentes de información. Nadie sabía decirme nada. Hasta que Jorge Boimvaser, periodista relacionado con los servicios de Inteligencia, me espabiló: “Pose colabora con la SIDE, tiene muy buena reputación”. Algo similar me dijo una fuente de la Embajada de EEUU. Ello me tranquilizó.
Cuando me encontré con él me sentí severamente sorprendido, porque no se parecía en nada a lo que había imaginado. Ciertamente, las películas de espías influyen por demás en el imaginario popular.
Pose resultó ser un tipo campechano, humilde y simpático. Que sufría un injusto embate judicial en el marco de una investigación por narcotráfico en la cual colaboraba para la DEA.
A pesar de que los funcionarios americanos reconocieron ante el juez Bonadio que esto era así, él resultó condenado. Lo curioso es que el narcotraficante investigado terminó libre. El mundo del revés.
Más allá de la anécdota en sí, el paso de los años convirtieron a Pose en una importantísima fuente de información para mí. Y luego en un amigo.
Debió pasar mucho tiempo para ello, porque no suelo generar lazos de amistad con nadie que no tenga altos valores morales. Y llegar a esa conclusión me llevó algún tiempo.
En lo personal, le tengo enorme aprecio a Pose. Se ha ganado un lugar en mi corazón. Pero también debo admitir que se ha sumado el sentimiento de admiración. Ello luego de haber leído el reciente libro que publicó bajo el sello de editorial Planeta, “El agente”.
Allí, con una valentía que pocas veces vi en mi vida, no sólo cuenta el derrotero de su propia vida, sino que además se atreve a hablar de puntuales políticos argentinos vinculados al crimen organizado y el narcotráfico.
Debo reconocer que es uno de los pocos libros que he leído y que me atrapó por completo del principio al fin. No pude dejar de leerlo sino hasta terminarlo. Y lo recomiendo personalmente.
Dicho sea de paso, agradezco a Pose la mención a mi persona en la obra. Ello en lo que refiere al capítulo sobre el triple crimen de General Rodríguez de 2008.
Podría hablar mucho más al respecto, pero no lo haré, dejaré que ustedes compren el libro y saquen sus propias conclusiones. No se sentirán defraudados.

Fuente Periodico Tribuna





