Tartagal, 6 de junio de 2025 – Total News Agency-TNA–Dos efectivos de la Gendarmería Nacional con destino en el Escuadrón 52 de Tartagal fueron imputados y quedaron detenidos bajo prisión preventiva por su presunta participación en una maniobra de tráfico de estupefacientes que involucró el traslado de 161 kilos de cocaína. El operativo, frustrado el pasado 5 de mayo en Aguaray, permitió incautar la droga, distribuida en 173 paquetes ocultos en una camioneta Ford Ranger. Las imágenes de cámaras de seguridad, vínculos económicos y diversos elementos probatorios permitieron vincular a los uniformados con la organización del transporte.

Los acusados son el sargento primero Carlos Alberto Sorani y el cabo primero Alexis Iván Aguirre, con 26 y 13 años de servicio respectivamente. Fueron imputados por la fiscal federal Lucía Orsetti y la auxiliar fiscal Lourdes Milani por el delito de transporte de estupefacientes agravado por el número de intervinientes y la calidad de funcionarios públicos, en calidad de coautores.

La jueza federal de garantías de Tartagal, Ivana Hernández, hizo lugar al requerimiento de la fiscalía y dictó la prisión preventiva de ambos, considerando el riesgo de fuga, la posibilidad de entorpecimiento de la investigación y la gravedad del hecho.
Una estructura con múltiples ramificaciones
La causa se inició tras el secuestro de la droga en un control vehicular sobre la ruta nacional 34, a la altura del acceso a Aguaray, cuando personal del Escuadrón 54 interceptó una camioneta conducida por Oscar Navarro, acompañado por su pareja y un hijo menor con discapacidad. Durante la inspección, un perro detector alertó sobre la presencia de estupefacientes y, tras una requisa más profunda, se hallaron los 173 paquetes de cocaína, con un peso total de 161 kilos.
El análisis posterior de cámaras de seguridad permitió reconstruir el trayecto de la camioneta y detectar la participación de un vehículo “puntero”: un Chevrolet Cruze perteneciente al sargento Sorani. Las imágenes mostraron al auto saliendo de Salvador Mazza, ingresando a Tartagal, recogiendo a un acompañante y luego retomando rumbo hasta una estación de servicio, donde se encontró con la camioneta. Ambos vehículos continuaron juntos hasta las inmediaciones del punto de control donde fue interceptada la droga.
La fiscalía logró determinar que los ocupantes del Cruze eran Sorani y Aguirre, quien además figuraba como pagador del seguro de la camioneta utilizada y había sido detenido meses antes conduciendo ese mismo vehículo, ya modificado para el ocultamiento de droga.
Hipótesis abiertas y preguntas urgentes
Más allá de las pruebas que incriminan a los dos gendarmes, el caso abre una serie de interrogantes clave que las autoridades deberán abordar para desentrañar la magnitud real de la operación.
Cabe preguntarse si estos dos efectivos actuaron por cuenta propia o si forman parte de una estructura más compleja. El volumen de droga incautado —161 kilos de cocaína— representa un valor muy alto en el circuito del narcotráfico. En Bolivia, el kilo de cocaína ronda los 2.000 dólares, lo que sitúa la inversión total en al menos 240.000 dólares, una suma difícilmente accesible para dos suboficiales, incluso en forma conjunta.
Si la droga fue efectivamente comprada, ¿Quién financió la operación? Si, en cambio, fue “mexicaneada” —es decir, robada a otra organización— deberían existir rastros o represalias, ya que en el submundo narco, una pérdida de este calibre no pasa desapercibida. Otra hipótesis apunta a que la droga podría haber sido sustraída de algún procedimiento anterior, donde no se hubieran cumplido correctamente las cadenas de custodia. También es posible que haya sido extraída de un depósito judicial, lo que implicaría una línea de investigación centrada en controles internos y archivos administrativos. En Argentina, a pesar que pasan miles de kilos rumbo a europa, generalmente, es muy poco lo que se scuestra en operativos de investigacion profunda, suelen ser pequeños los hallazgos, por lo que 161 kilos seria mucho en estas pampas. O todo podría ser mucho mas grave y escandaloso si estos dos gendarmes con muchos años en la fuerza, respondieran a un alto superior que buscaría recaudar para “mas arriba”.
Curiosamnete, hace ya un tiempo, en particular, desde la Ley de Seguridad Interior N.º 24.059 (sancionada en 1992) y posteriores decretos reglamentarios permitieron legalmente que Gendarmería interviniera más activamente en el ámbito interno en lugar de la Policia Federal, pero esto crecio, efectivamente, durante los gobiernos kirchneristas por influencia de Anibal Fernandez, apoyandose en este decreto. Por eso la genadarmeria controla fronteras y rutas que llegan a Rosario, donde crecio el narcotrafico desmesuradamente en esos años. La lógica seria que Gendarmería controle fronteras y Policia Federal las rutas, de esa manera habría un doble control, pero al parecer esto no le importa a nadie.
A ello se suma una incógnita inquietante: la ausencia de un tercero que actuara como responsable del transporte en nombre del cartel proveedor. En operaciones de este tipo, especialmente si la droga pertenece a un grupo como el liderado por Delfín Reinaldo Castedo —el “Patrón del Norte”, identificado por el emblema del delfín que aparece en los ladrillos de cocaína secuestrados—, suele haber una figura de control que supervise el movimiento. La falta de ese eslabón intermedio llama la atención y obliga a pensar en la posible existencia de otros implicados aún no identificados.

Detenciones y próximos pasos
La detención de Aguirre se concretó el 29 de mayo en el mismo Escuadrón 52, donde prestaba servicio como chofer. Sorani fue capturado ese mismo día en San Salvador de Jujuy, mientras circulaba en otro vehículo junto a su familia, lo que reforzó la sospecha de que intentaba desvincularse del Chevrolet Cruze abandonado días antes en la ruta 34. La fiscalía también secuestró varios teléfonos celulares y dispuso allanamientos en sus domicilios.
La jueza consideró que la complejidad del caso, la cantidad de droga y la posible participación de una red mayor justifican la prisión preventiva. La fiscalía, por su parte, solicitó peritajes clave y mantiene abierta la investigación para determinar si los gendarmes actuaron como autores plenos o si eran parte de una cadena de responsabilidades más extensa.
El emblema del delfín, el volumen de droga y los vínculos con una organización con capacidad transnacional obligan a las autoridades a avanzar sobre hipótesis más profundas. ¿Fueron los gendarmes simples transportistas, actores principales o piezas de una trama aún mayor? ¿Se conocerá quién financió esta carga? ¿O habrá que esperar nuevas detenciones para conocer quién mueve los hilos del narcotráfico en el norte argentino?
La investigación recién comienza, pero el caso ya dejó expuesta una grieta profunda en el interior de una de las fuerzas federales más importantes del país.





