Buenos Aires, 7 de noviembre de 2025 – Total News Agency-TNA-
Nicolás Maduro atraviesa su momento de mayor fragilidad desde que llegó al poder. Según reveló el ex vicepresidente argentino Carlos Ruckauf en una entrevista reciente, el líder venezolano habría sondeado su salida del gobierno bajo condiciones específicas —anulación de la orden de arresto en su contra y garantías de exilio—, pero Estados Unidos habría rechazado el planteo. La versión circula en paralelo a reportes de presión militar en el Caribe contra redes de narcotráfico y a la creciente tensión interna en el plexo de mando chavista, factores que, combinados, aceleran los tiempos políticos en Caracas.
De acuerdo con lo expuesto por Ruckauf, el “plan de rendición” no sólo incluía la entrega del control institucional sino también un blindaje judicial y el retiro de las recompensas vigentes por su captura. La negativa de Washington —siempre según la interpretación difundida en la entrevista— habría cerrado, por ahora, una vía de salida negociada para el mandatario y agravado las desconfianzas en su círculo íntimo. A esa incertidumbre se suman amenazas cruzadas y sospechas de traiciones internas que, en el análisis de Ruckauf, vuelven a Maduro tanto un activo tóxico como un riesgo para quienes aún lo rodean.
En paralelo, cobra fuerza un elemento singular: la hipótesis de que un actor de “extracción” distinto a fuerzas regulares estadounidenses pudiera ejecutar una captura quirúrgica del líder chavista. En ese marco, la entrevista menciona expresamente al Grupo Wagner como posible brazo tercerizado para esa tarea. La sola mención de que cuadros de esa organización podrían hallarse ya en territorio venezolano —una posibilidad que desde hace años se insinúa en ámbitos de seguridad regional, con diferentes grados de verificación— agrega un componente externo y opaco al tablero: una operación de detención con baja huella diplomática, diseñada para minimizar cualquier represalia de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Cabe recordar que el grupo mercenario Wagner es Ruso, con lo que eleva el grado de paranoia que se la podria comparar con horno de microondas gigantesco que envuelve al regimen y lo cocina por dentro.
El telón estratégico que enmarca estas versiones se completa con las operaciones navales y aéreas de Estados Unidos en el Caribe contra corredores de cocaína y fentanilo, presentadas en la entrevista con cifras de interdicción y hundimiento de embarcaciones, y con la alusión a “operaciones cinéticas” sin bajas propias. En Washington, comités clave del Congreso habrían seguido de cerca estos desarrollos, lo que sugiere que cualquier paso adicional —sea un incremento de la presión o un movimiento más directo— cuenta con lectura política previa. La presencia de medios y capacidades de “extracción” en la región, subrayada en la entrevista por Ruckauf, se interpreta como un mensaje de preparación ante escenarios de rápida ejecución.
En el plano doméstico venezolano, el desgaste del dispositivo oficialista contrasta con la proyección de María Corina Machado. La dirigente opositora, mencionada por el ex vicepresidente como figura que “habla desde el terreno” sobre un inminente cambio, capitaliza el clima de hastío social y las fisuras dentro del chavismo. La emergencia de liderazgos alternativos y las señales de deserción entre mandos medios del Estado —dos tendencias que analistas vienen señalando— alimentan la percepción de que la transición ya no es una conjetura sino una ventana que podría abrirse con brusquedad, dijo Ruckauf
Ruckauf también enumera tres vectores que, combinados, pondrían a Maduro contra las cuerdas: la presión externa estadounidense, el riesgo real de una “extracción” —con o sin participación directa de Washington— y la traición intramuros. En ese triángulo, cualquier intento tardío de negociación luce cada día más costoso para el propio mandatario y menos atractivo para sus interlocutores internacionales. La pregunta, entonces, ya no es sólo si Maduro dejará el poder, sino bajo qué formato: un acuerdo que lo despenalice, un desplazamiento pactado con garantías mínimas o una captura sin concesiones.
En síntesis, el mapa que traza la entrevista perfila un desenlace acelerado y volátil: un presidente que habría tanteado su rendición condicionada; una Casa Blanca reacia a levantar cargos; la sombra de un actor paraestatal Ruso como posible ejecutor de una detención; una oposición galvanizada en torno a Machado; y una estructura chavista corroída por la desconfianza. Si alguna de esas piezas se mueve, el resto podría caer en dominó. Si Maduro ya no puede confiar el los mercenarios rusos que le envia Putin, dificilmaente pueda confiar en alguien.

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