Washington, 18 de enero de 2026-Total News Agency-TNA- El gobierno de Donald Trump dio una señal política de alto impacto al enviar al director de la CIA, John Ratcliffe, a Caracas para reunirse con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, el mismo día en que el mandatario estadounidense recibió en la Casa Blanca a la líder opositora María Corina Machado. La visita, la de mayor rango de un funcionario estadounidense desde la captura de Nicolás Maduro, refuerza la estrategia de Washington de privilegiar la estabilidad inmediata del país por sobre una transición opositora plena en el corto plazo.
Ratcliffe se convirtió así en el primer miembro del gabinete de Estados Unidos en pisar territorio venezolano tras el operativo militar que derivó, hace casi dos semanas, en la detención de Maduro en la capital. El encuentro con Rodríguez se produjo un día después de una llamada telefónica entre Trump y la mandataria interina, y en simultáneo con la reunión del presidente estadounidense con Machado, lo que fue interpretado en círculos opositores como un gesto ambiguo y, para algunos, como un desaire político.
Desde la administración Trump señalaron que la misión del jefe de la CIA fue transmitir a Rodríguez el mensaje de que Estados Unidos espera una relación de trabajo más estrecha con el gobierno interino. Según un funcionario estadounidense que habló bajo condición de anonimato, ambos abordaron cuestiones vinculadas a la cooperación en inteligencia, la estabilidad económica y la necesidad de que Venezuela deje de ser un refugio seguro para adversarios de Washington, en particular redes del narcotráfico.
Para la Casa Blanca, la visita de Ratcliffe constituye un aval explícito al esquema de poder que encabeza Rodríguez y una señal de construcción de confianza entre ambos gobiernos. Funcionarios estadounidenses sostienen que, tras la salida de Maduro, la prioridad pasó a ser evitar un escenario de vacío de poder o colapso institucional que derive en violencia generalizada.
Ese enfoque comenzó a tomar forma meses atrás, cuando altos funcionarios norteamericanos debatían cómo preservar la estabilidad venezolana mientras diseñaban una campaña antidrogas centrada en la interdicción marítima, que finalmente condujo a la captura del ex mandatario. En esas discusiones, la posibilidad de desmantelar por completo el aparato estatal venezolano fue descartada por temor a repetir errores cometidos en Irak tras la caída de Saddam Hussein.
En ese contexto, evaluaciones preliminares de la CIA describieron a Rodríguez —por entonces vicepresidenta— como una dirigente pragmática, más inclinada a negociar que a sostener posturas ideológicas rígidas. Esos informes influyeron en la decisión de considerarla una figura capaz de garantizar continuidad administrativa, control de las fuerzas de seguridad y funcionamiento de la infraestructura básica del país.
Rodríguez había participado previamente en contactos con Richard Grenell, enviado especial de Trump, y con otros funcionarios estadounidenses, en el marco de intentos fallidos para lograr una salida negociada de Maduro. Aunque no se alcanzó un acuerdo, interlocutores de aquellas conversaciones destacaron su disposición al diálogo y a explorar puntos de entendimiento.
El giro estratégico de Washington generó malestar en sectores de la oposición venezolana, que esperaban que la administración Trump impulsara la asunción de Edmundo González, aliado de Machado y considerado ganador de las elecciones de 2024 por observadores internacionales, luego de que ella fuera inhabilitada para competir.
Desde el gobierno estadounidense reconocen esa tensión, pero sostienen que la oposición carece hoy de presencia efectiva en el territorio y de control sobre las estructuras de poder. El secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró su respaldo a una transición democrática y su cercanía histórica con Machado, aunque admitió que, en el corto plazo, Rodríguez es vista como la figura capaz de mantener el orden y coordinar con Estados Unidos.
En paralelo, Trump ha puesto el foco en ampliar el rol de empresas estadounidenses en la industria petrolera venezolana, mientras mantiene un discurso más difuso sobre la restauración democrática. Para Washington, la apuesta parece clara: estabilidad primero, transición después, con la mirada puesta en evitar un nuevo foco de caos regional.
Fuentes consultadas: The New York Times; Associated Press; AFP; fuentes de la Casa Blanca; fuentes de inteligencia estadounidenses; medios internacionales especializados en política y seguridad.

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