Washington, 6 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA-El Gobierno de Estados Unidos profundizó su ofensiva contra las exportaciones petroleras de Irán al anunciar una nueva batería de sanciones que apuntan directamente al corazón del comercio energético del régimen iraní. Las medidas, dadas a conocer el pasado viernes, alcanzan a 15 entidades, dos individuos y 14 buques identificados como parte de una denominada “flota fantasma”, utilizada para eludir controles internacionales y sostener la venta de crudo iraní en mercados globales.
Según la información oficial, los buques sancionados operaban bajo banderas de países como Turquía, India y los Emiratos Árabes Unidos, lo que expone la complejidad de las redes comerciales y logísticas que permiten a Teherán mantener ingresos pese a las restricciones vigentes. Washington sostiene que estas estructuras marítimas y empresariales son clave para ocultar el origen del petróleo y facilitar su colocación en el mercado internacional.
El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, afirmó que los recursos obtenidos a través del petróleo iraní no solo sostienen al régimen, sino que financian actividades que desestabilizan distintas regiones del mundo y refuerzan los mecanismos de represión interna. En ese sentido, subrayó que la política estadounidense busca cortar esas fuentes de financiamiento, enmarcada en la estrategia de “máxima presión” impulsada por la administración de Donald Trump desde su primer mandato iniciado en 2017.
Las sanciones tienen además un fuerte componente disuasivo hacia terceros países y empresas, a los que Washington insta a reconsiderar cualquier vínculo comercial con Irán, en particular la compra de crudo y derivados. Funcionarios estadounidenses remarcan que quienes faciliten ese comercio se exponen a severas penalidades financieras y restricciones en el acceso al sistema internacional.
En paralelo a la imposición de estas sanciones, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchi, mantuvo el mismo día una reunión en Omán con enviados de Trump, en un intento por reactivar canales de diálogo sobre el controvertido programa nuclear iraní. Araqchi calificó el encuentro como desarrollado en un “ambiente positivo”, aunque el trasfondo político y social que rodea a estas conversaciones es particularmente tenso.
Desde hace meses, Irán enfrenta un escenario interno marcado por protestas violentas y una creciente represión estatal, el mayor desafío interno desde la revolución islámica de 1979. Este contexto añade urgencia a los contactos diplomáticos, aunque no diluye la desconfianza mutua ni las profundas diferencias estratégicas entre Washington y Teherán.
La postura de Donald Trump hacia Irán se ha caracterizado por un tono abiertamente beligerante. El mandatario estadounidense llegó a amenazar con el uso de la fuerza militar y ordenó un refuerzo de la presencia naval estadounidense en aguas cercanas a las costas iraníes, como parte de un esquema de presión destinado a disuadir acciones del régimen y a proteger intereses estratégicos en la región.
Las nuevas sanciones, fechadas el 6 de febrero de 2026, se inscriben en un escenario global atravesado por tensiones crecientes, donde los intereses energéticos, la seguridad regional y las disputas geopolíticas se entrelazan de manera cada vez más compleja. Analistas advierten que las decisiones de Estados Unidos en este frente no solo impactan sobre la economía iraní, sino que tienen efectos colaterales sobre el comercio internacional, la estabilidad de los mercados energéticos y el delicado equilibrio político en Medio Oriente.
En un mundo interdependiente, el endurecimiento de la política estadounidense hacia Irán vuelve a poner en evidencia cómo las sanciones económicas se han convertido en una herramienta central de la confrontación estratégica, con consecuencias que trascienden fronteras y reconfiguran el tablero internacional.

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