Ciudad de méxico-24 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — La discusión sobre cómo enfrentar al crimen organizado en México sumó en las últimas horas un actor inesperado y explosivo: Elon Musk. El empresario, dueño de X y director ejecutivo de Tesla y SpaceX, lanzó una crítica frontal contra la presidenta Claudia Sheinbaum al afirmar que “sólo repite lo que le dicen sus jefes del cártel”, en un mensaje que se viralizó y elevó la tensión política en un momento especialmente sensible para el país, todavía sacudido por la violencia posterior a la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El posteo de Musk fue una respuesta a la difusión de un fragmento de noviembre pasado en el que Sheinbaum defendía su estrategia de seguridad y sostenía que “volver a la guerra contra el narco no es una opción”. En esa intervención, la mandataria había planteado que una política de confrontación abierta queda fuera del marco legal y habilita prácticas que el país ya padeció, insistiendo en un enfoque basado en la ley, el fortalecimiento institucional y la búsqueda de “paz” más que de “guerra”.
Lejos de debatir sobre modelos de seguridad, Musk optó por un ataque personal y una metáfora corporativa: comparó la presión del crimen organizado con un “plan de mejora de rendimiento” (PIP, por sus siglas en inglés), sugiriendo que el castigo por “desobedecer” a un cártel sería mucho peor que cualquier sanción laboral. El comentario provocó una ola de reacciones dentro de México, donde dirigentes del oficialismo, analistas y usuarios de redes lo acusaron de alimentar desinformación, mientras otros lo celebraron como una forma cruda de poner sobre la mesa lo que muchos temen y pocos dicen sin filtros.
La respuesta institucional llegó desde lo más alto. De acuerdo con declaraciones públicas recogidas por agencias internacionales, el gobierno de Sheinbaum analiza iniciar acciones legales por los dichos de Musk, un paso que marca el nivel de gravedad con el que se tomó el señalamiento. En el entorno presidencial dejaron trascender que no se puede normalizar una acusación de connivencia con cárteles lanzada sin pruebas por una de las figuras más influyentes del mundo empresarial y tecnológico.
El episodio no ocurre en el vacío. Se monta sobre una presión creciente de Estados Unidos y sobre frases que ya habían encendido el vínculo bilateral. El presidente Donald Trump sostuvo en enero que “los cárteles gobiernan México” y afirmó que Sheinbaum “tiene miedo” del poder criminal, una lectura que en Washington funciona como argumento para exigir resultados más visibles y, en sectores duros, para empujar fórmulas de intervención o cooperación ampliada. En Ciudad de México, esas declaraciones son percibidas como una mezcla de presión política y mensaje interno para el electorado estadounidense.
La controversia se potencia por el contexto inmediato: la operación que terminó con “El Mencho” derivó en una reacción violenta en distintos puntos del país, con bloqueos, incendios y ataques, y obligó a un despliegue federal masivo. Ese escenario dejó al gobierno ante un dilema que se siente en la calle: golpear a un líder puede ser necesario, pero también puede detonar una respuesta capaz de paralizar regiones enteras. Aun así, el Ejecutivo insistió en que no se trata de volver a una “guerra” indiscriminada, sino de actuar con inteligencia, legalidad y fuerza selectiva cuando sea necesario.
En ese punto es donde el mensaje de Musk pega fuerte, porque explota una herida social abierta: la sensación de que el crimen organizado no solo desafía al Estado, sino que en algunos territorios lo reemplaza. Para millones de mexicanos, el debate no es ideológico. Es de supervivencia cotidiana: poder circular por rutas sin toparse con bloqueos, abrir un comercio sin pagar extorsión, o mandar a un hijo a la escuela sin miedo a quedar en medio de un tiroteo.
Con la mirada puesta en el Mundial 2026, que tendrá partidos en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, la Casa Presidencial busca proyectar control y normalidad. Pero la realidad es compleja: cada frase de alto voltaje se convierte en chispa en un país que ya está cargado de tensión. Y en ese clima, la pregunta que queda flotando no es solo qué quiso decir Musk, sino qué tan profundo es el desafío que enfrenta Sheinbaum: gobernar con presión externa, con violencia interna y con un tablero criminal que no se rinde por un tuit ni por un operativo.
Fuentes consultadas: Reuters; AFP; The Guardian; Bloomberg Línea; Swissinfo; Latinus; medios mexicanos que reprodujeron el intercambio en X.





