Buenos Aires-27 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — A pocas horas de una sesión clave en la Cámara de Senadores por la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, la protesta social volvió a sentirse con fuerza en la calle: manifestantes de izquierda y organizaciones sindicales cortaron carriles de la Avenida 9 de Julio a la altura del Obelisco, mientras otro grupo interrumpió el tránsito en la autopista Panamericana en reclamo por el cierre de la fábrica Fate. El resultado fue un combo de demoras, tensión con las fuerzas de seguridad y una postal que ya se repite en las jornadas de debate legislativo: el conflicto político se juega adentro del recinto, pero también en el asfalto.
En el centro porteño, la concentración se armó desde temprano sobre la traza principal de la 9 de Julio, con avance de columnas hacia la zona de Diagonal Norte. Con el tránsito virtualmente paralizado desde el eje de Avenida Independencia y cortes intermitentes en distintos carriles, la Policía de la Ciudad montó un operativo para contener el desplazamiento y evitar que la protesta se expandiera. Hubo empujones, forcejeos y momentos de tensión cuando los efectivos formaron un cordón y utilizaron gas pimienta para dispersar a quienes intentaban avanzar.
En el lugar se hicieron visibles referentes de la izquierda parlamentaria, entre ellos los diputados Myriam Bregman y Nicolás del Caño, quienes denunciaron golpes y el uso de gas en medio del operativo. Desde el entorno de los manifestantes insistieron en que se trató de una protesta “legítima” contra el proyecto oficialista, mientras que desde la lógica de seguridad se remarcó la necesidad de garantizar circulación en un punto neurálgico de la ciudad y prevenir un corte total prolongado.
La protesta en el microcentro se enmarca en un paro nacional y una movilización convocada por el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), un espacio que reúne gremios del transporte, estatales y movimientos sociales, con una consigna que apunta directo al corazón del debate: rechazo a la reforma laboral y reclamo de recomposición salarial. Según la convocatoria, la columna principal hacia el Congreso se concentró desde media mañana en la intersección de Avenida de Mayo y Salta, con la intención de acompañar desde la calle el tratamiento legislativo.
En paralelo, la escena más tensa en términos de circulación se dio en la autopista Panamericana, mano a la Ciudad de Buenos Aires, a la altura de Victoria, sobre el ramal Tigre y cerca de la calle Uruguay. Allí, un grupo de manifestantes —con presencia de trabajadores vinculados al conflicto en Fate y acompañamiento de organizaciones gremiales y partidos de izquierda— realizó un corte parcial para visibilizar el reclamo por los despidos asociados al cierre de la planta. El punto no es menor: la Panamericana es una arteria crítica para el ingreso al área metropolitana, y cualquier reducción de carriles se traduce en filas largas, bocinazos y demoras que se multiplican minuto a minuto.

Para evitar que el bloqueo fuera total, se desplegaron efectivos de la Gendarmería Nacional, algunos montados, con el objetivo de encauzar la circulación por al menos un carril. La dinámica fue de tensión controlada: manifestantes sosteniendo la protesta, fuerzas federales buscando despejar sin desborde y conductores intentando atravesar un embudo que, en horarios pico, suele volverse una trampa.
El trasfondo de ambas protestas es el mismo: la reforma laboral que el oficialismo busca convertir en ley y que, según sus críticos, recorta derechos y abre la puerta a mayor precarización, mientras el Gobierno sostiene que apunta a modernizar el sistema, reducir litigiosidad y promover empleo formal. El debate, en cualquier caso, llega con temperatura alta: por un lado, sectores sindicales que se sienten directamente amenazados; por el otro, una administración que elige avanzar con determinación, incluso a costo de un clima social áspero.
En la calle, el día dejó un mensaje claro. Más allá de la pulseada legislativa, la discusión sobre el mundo del trabajo ya se trasladó a una tensión cotidiana, tangible: cómo se protesta, hasta dónde se corta, cómo intervienen las fuerzas de seguridad y qué margen queda para que la vida urbana siga funcionando mientras el país discute una de sus reformas más sensibles.




