Buenos Aires-5 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA– Con un acto breve pero cargado de señales políticas, el presidente Javier Milei tomó juramento este jueves a Juan Bautista Mahiques como nuevo ministro de Justicia, en reemplazo de Mariano Cúneo Libarona, quien dejó el cargo tras presentar su renuncia. La ceremonia, en el Salón Blanco de Casa Rosada, tuvo el clima formal de un recambio ministerial, pero la atención se la llevaron gestos y escenas laterales que expusieron, sin palabras, una interna cada vez más visible en el corazón del poder: el vínculo tenso entre Karina Milei y el asesor Santiago Caputo, y la forma en que el propio Presidente buscó ordenar, contener y mostrar autoridad en plena reconfiguración de una de las carteras más sensibles del gabinete.

El eje institucional fue claro. Mahiques, que venía desempeñándose como fiscal general en el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, asumió con el mandato de garantizar continuidad y empujar la agenda de reformas que el Gobierno viene anticipando desde hace meses. En su entorno destacan su conocimiento del sistema judicial, su experiencia en ámbitos de coordinación y su perfil técnico-político, en un momento en el que el oficialismo pretende avanzar con cambios en el funcionamiento de la Justicia y con iniciativas de endurecimiento penal. Para el Gobierno, el mensaje hacia afuera es el de “gestión” y “orden”; hacia adentro, el recambio también significa control.

Porque si la jura fue el hecho, la lectura política se apoyó en los movimientos que la acompañaron. En paralelo al nombramiento de Mahiques, el Gobierno definió que Santiago Viola, apoderado nacional de La Libertad Avanza, sea el nuevo secretario de Justicia y número dos del ministerio. Esa designación desplazó a Sebastián Amerio, funcionario que en el organigrama y en la práctica era asociado al armado y la influencia de Santiago Caputo. Para el círculo político, el cambio no es menor: en una cartera que funciona como tablero de causas, reformas y equilibrios, el control de los cargos claves es poder real.
En ese contexto, la escena que se viralizó mostró a Karina Milei avanzando sonriente tras la asunción del nuevo ministro, cruzándose con Santiago Caputo y saludándolo de manera breve, sin pausa ni conversación: un beso rápido, un contacto mínimo y continuidad del recorrido, como quien no quiere detenerse ni regalar un segundo de más. Del otro lado, el asesor permaneció serio, con las manos en los bolsillos, sosteniendo una postura que para muchos dentro del oficialismo retrató incomodidad y distancia. En el video se percibe, además, la incomodidad del momento: un intercambio corto, frío, y lo suficientemente elocuente como para alimentar interpretaciones sobre quién ganó y quién quedó corrido en la estructura de mando.
En el mismo registro visual, otro detalle sumó capas: Caputo mira de reojo mientras Karina Milei lo saluda, con un gesto que pareció más un trámite que una cortesía. El contraste se volvió todavía más fuerte porque el Presidente, minutos después, se acercó a su asesor y lo saludó con un abrazo prolongado, acompañado de palmadas en la espalda. El gesto fue leído por quienes observaban la escena como un intento explícito de “espaldarazo”, pero también como algo más humano: el abrazo de quien sabe que el suyo quedó golpeado en una pulseada que, esta vez, se resolvió del lado de su hermana.
La secuencia completa, vista en conjunto, dejó una conclusión difícil de disimular: Karina Milei no solo impulsó la llegada de Mahiques, sino que también ordenó la segunda línea del ministerio con un nombre propio, Viola, desplazando a un referente de la órbita de Caputo. El asesor, por su parte, quedó expuesto en un lugar incómodo: presente, sin control de la estructura y con una imagen pública de derrota interna, justo cuando la política se alimenta de fotos y segundos de video tanto como de decisiones administrativas.
La jura de Mahiques también tuvo un componente simbólico de cierre de etapa. Cúneo Libarona, ministro saliente, asistió al acto y luego se acercó para abrazar al Presidente y al nuevo funcionario, en una despedida que el oficialismo buscó mostrar como ordenada y sin fisuras. Sin embargo, la renuncia abrió, en los hechos, una discusión sobre el rediseño de poder interno: no es lo mismo cambiar un ministro por razones personales que aprovechar ese recambio para rearmar, con precisión quirúrgica, el mapa de influencias en un área sensible.
En los pasillos del poder, la lectura es directa: el Gobierno decidió que Justicia quede alineada a la conducción política más cercana a Karina Milei, que administra con mano firme el armado y la disciplina interna de La Libertad Avanza. Y aunque Javier Milei busca mostrarse por encima de la interna, su gesto con Caputo pareció admitir algo que en Casa Rosada nadie desconoce: hubo pulseada, hubo ganadora y hubo necesidad de contener al que perdió.
Con el nuevo ministro ya en funciones, la pregunta inmediata es cómo se traducirá este reordenamiento en decisiones concretas: desde la coordinación cotidiana del ministerio hasta la velocidad de las reformas y la relación con el resto del sistema político y judicial. Por lo pronto, la primera imagen del nuevo ciclo dejó un dato ineludible: en el Gobierno de Javier Milei, la política interna se escribe en los cargos, pero también en los gestos. Y, esta vez, el mensaje fue tan claro como breve: Karina Milei pasó al frente, Santiago Caputo quedó atrás, y el Presidente eligió abrazar al suyo como quien dice, sin decirlo, “ya está, seguimos”.





