Londres-9 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La segunda semana de marzo comenzó con un fuerte deterioro en los mercados internacionales, en un clima de creciente nerviosismo por la escalada bélica en Medio Oriente y el salto del petróleo por encima de los 100 dólares. Las principales bolsas de Europa y Asia operaron en rojo en una jornada marcada por ventas generalizadas, mientras los inversores intentan medir el impacto que puede tener sobre la inflación mundial un conflicto que ya alteró rutas clave del suministro energético.
En Europa, el retroceso fue amplio y profundo. París cayó 2,72%, Fráncfort perdió 2,51%, Milán retrocedió 2,79%, Londres bajó 2,71% y Madrid encabezó las pérdidas con un descenso de 3,22%. A nivel regional, el índice Euro Stoxx 50 se desplomó 2,76%, mientras el Ibex 35 español volvió a ceder con fuerza y perforó el umbral de los 17.000 puntos, acumulando en poco más de una semana un retroceso cercano al 10% desde el estallido del conflicto.
La ola vendedora también golpeó a Asia. En Tokio, el índice principal cerró con una caída de 5,24%; en Seúl, el derrumbe alcanzó 5,96%; Hong Kong retrocedió 1,35%; y en Shanghái la baja fue más moderada, de 0,67%. La reacción reflejó un repliegue defensivo de los mercados ante el encarecimiento del crudo, el riesgo de interrupciones prolongadas en el abastecimiento y la posibilidad de que los bancos centrales deban sostener políticas monetarias más duras si el shock energético vuelve a trasladarse a los precios.
El principal detonante de esta nueva corrección bursátil fue la disparada del petróleo. El Brent, referencia para Europa, llegó a tocar los 119,50 dólares por barril, su nivel más alto desde mediados de 2022, antes de moderarse. El West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, también superó los 100 dólares y trepó con fuerza en una de las ruedas más tensas desde la invasión rusa a Ucrania. La suba acumulada del crudo desde que se agravó la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ya supera el 25%, una magnitud que volvió a encender alarmas en los mercados de energía, transporte y alimentos.
Detrás de ese salto aparece una preocupación central: la situación del estrecho de Ormuz, paso marítimo estratégico por el que circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. La amenaza sobre esa vía no sólo compromete el flujo físico de crudo, sino que alimenta una prima de riesgo geopolítico que se traslada casi de inmediato a los precios internacionales. Con el conflicto aún abierto y sin señales claras de desescalada, los operadores comenzaron a descontar un escenario de mayores costos energéticos durante varias semanas.
En ese marco, los países del G7 tenían previsto discutir este lunes una eventual liberación coordinada de reservas estratégicas de petróleo, en un intento por amortiguar el impacto del shock sobre el mercado. La sola posibilidad de esa medida ayudó a moderar parcialmente la escalada de los precios, aunque no alcanzó para revertir el cuadro general de aversión al riesgo. El debate incluye además la participación de la Agencia Internacional de Energía (AIE), que sigue de cerca la seguridad del abastecimiento global.
La tensión tampoco se limita al crudo. El gas natural volvió a encarecerse con fuerza en Europa, donde el mercado teme nuevas disrupciones en las exportaciones de gas natural licuado desde el Golfo. El contrato de referencia TTF holandés se disparó con fuerza y llegó a moverse en niveles que reflejan una preocupación creciente por la estabilidad del suministro. Para el continente europeo, todavía sensible a cualquier alteración energética desde la crisis abierta por la guerra en Ucrania, el mensaje es tan claro como incómodo: una nueva perturbación severa podría volver a presionar la inflación y complicar la recuperación económica.
Los sectores más castigados en las bolsas fueron, precisamente, aquellos más expuestos al costo de la energía y al enfriamiento de la actividad: aerolíneas, transporte, manufactura e industria pesada. Al mismo tiempo, muchos inversores buscaron refugio en activos considerados más seguros y reforzaron posiciones en dólares, en una señal típica de cobertura frente a episodios de estrés global.
La lectura de fondo en los mercados es que el conflicto dejó de ser un problema exclusivamente militar para convertirse también en una amenaza económica de primera magnitud. Si el petróleo se sostiene por encima de los tres dígitos y el gas continúa tensionado, el mundo podría entrar en una etapa de menor crecimiento, costos más altos y renovadas presiones inflacionarias. El rojo que dominó este lunes en las bolsas del mundo no fue apenas una corrección técnica: fue, más bien, una advertencia de que la guerra en Medio Oriente ya empezó a golpear de lleno sobre la economía global.





