Oslo-14 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La decisión de Donald Trump de suspender de manera temporal parte de las sanciones sobre el petróleo ruso abrió una nueva grieta entre Estados Unidos y varios de sus principales aliados occidentales, que temen que ese alivio termine dándole al Kremlin oxígeno financiero en plena guerra contra Ucrania. Desde Noruega, y en el marco de una actividad conjunta de la OTAN, los líderes de Alemania, Canadá y el propio gobierno noruego dejaron en claro que intentarán convencer a la Casa Blanca de revisar una medida que consideran equivocada, inoportuna y funcional a los intereses de Vladimir Putin.
El canciller alemán, Friedrich Merz, fue uno de los más explícitos. Señaló que seis de los siete miembros del G7 rechazaban liberar presión sobre Rusia en este momento y admitió que la noticia conocida desde Washington generó sorpresa entre los socios. Para Berlín, el problema es sencillo de entender: cada dólar extra que ingrese por exportaciones energéticas puede traducirse en más capacidad rusa para sostener una invasión que ya dejó devastación masiva sobre ciudades, infraestructura crítica y población civil ucraniana.
La flexibilización dispuesta por la administración estadounidense consiste en una exención de 30 días para operaciones vinculadas con petróleo y derivados rusos ya cargados antes del 12 de marzo, con vigencia hasta el 11 de abril. Distintos cálculos citados por medios internacionales estiman que la medida podría alcanzar cerca de 100 millones de barriles que estaban en el mar o pendientes de descarga. En términos políticos, la señal fue todavía más fuerte que el volumen: Washington priorizó amortiguar la escalada del precio global de la energía, alterado por la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, aun a costa de aflojar por un momento la presión económica sobre Moscú.
En ese punto se concentró la respuesta europea y atlántica. Merz insistió en que no corresponde favorecer a Rusia cuando lo que debería hacerse, sostuvo, es aumentar la presión para forzar el final de la guerra. En la misma línea se expresó el primer ministro canadiense, Mark Carney, quien dejó una frase con destinatario directo: todos tienen línea abierta con el presidente estadounidense y la van a usar. Detrás de esa formulación diplomática hay un mensaje claro: los aliados no quieren resignarse a que la estrategia común frente a Putin se debilite por razones energéticas o electorales internas de Estados Unidos.
La inquietud fue reforzada además por el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, quien declaró estar “muy preocupado” por el posible impacto que tendría para Ucrania una recuperación parcial de los ingresos petroleros rusos. Su razonamiento coincide con el de buena parte de los gobiernos europeos: si el objetivo real es sentar a Putin en una mesa de negociación, cortar o reducir su flujo de divisas por hidrocarburos sigue siendo una de las pocas herramientas de presión efectivas. Hacer lo contrario, advirtió, representa una desventaja concreta para Kiev.
El trasfondo del pronunciamiento fue también simbólico. Merz, Carney y autoridades noruegas se encontraban de visita oficial en el ejercicio militar Centinela del Ártico de la OTAN, una maniobra acordada a comienzos de año para reforzar la presencia aliada en el extremo norte tras las polémicas declaraciones de Trump sobre Groenlandia y la seguridad en esa región. La exhibición incluyó tanques Leopard alemanes y vehículos de combate noruegos, en una escena pensada para transmitir cohesión defensiva. Sin embargo, la controversia por el petróleo ruso terminó revelando que, detrás de la foto de unidad, persisten fuertes tensiones estratégicas dentro del bloque occidental.
Del otro lado, el Kremlin no ocultó su satisfacción. El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, celebró la medida estadounidense y dijo que los intereses de Rusia y Estados Unidos coinciden en la necesidad de estabilizar los mercados energéticos. El comentario expuso con crudeza por qué en Europa creció la alarma: cuando una decisión de la Casa Blanca es recibida con alivio en Moscú, para varios aliados eso ya constituye por sí solo una señal política preocupante.
La discusión recién comienza, pero dejó algo a la vista. Mientras Ucrania sigue resistiendo una agresión a gran escala, varios socios de Estados Unidos consideran que no es tiempo de aflojar sanciones sino de endurecerlas. En esa disputa, la energía volvió a mezclarse con la geopolítica, y el principal beneficiado inmediato parece ser, otra vez, el agresor ruso.





