Kiev-15 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, denunció este domingo que Rusia lanzó contra Ucrania en apenas siete días un volumen de fuego que vuelve a exponer la magnitud de la ofensiva del Kremlin contra población, infraestructura y ciudades ucranianas. Según precisó el mandatario, las fuerzas rusas atacaron con 1.770 drones, más de 1.530 bombas aéreas guiadas y 86 misiles, entre ellos más de una veintena de proyectiles balísticos. La cifra resume, por sí sola, la intensidad de una campaña que lejos de moderarse mantiene a Ucrania bajo una presión constante mientras Moscú insiste en sostener una guerra de desgaste sobre el territorio invadido.
El señalamiento de Zelenski no quedó sólo en la enumeración del ataque. El jefe de Estado remarcó que cada uno de esos misiles contiene al menos unos 60 componentes extranjeros que llegan a Rusia pese al régimen de sanciones, y advirtió que esas vías de provisión ya son conocidas y deberían ser cerradas de manera urgente. El mensaje apuntó, en los hechos, a una de las grandes debilidades del sistema de castigo internacional: la persistencia de circuitos comerciales, triangulaciones y canales tecnológicos que permiten a la industria militar rusa seguir fabricando armamento de precisión mientras el frente diplomático occidental promete endurecer controles.
En esa misma línea, Zelenski formuló una advertencia de alcance más amplio. Sostuvo que, si el mundo no dispone de suficientes capacidades de defensa aérea para proteger al mismo tiempo el espacio aéreo de Europa y de Medio Oriente, entonces debe impedirse directamente que Rusia siga produciendo misiles en sus fábricas. La frase no fue casual. Llega en un momento en que la crisis regional abierta tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní reordenó prioridades estratégicas y reavivó en Kiev el temor a que parte de los recursos militares occidentales se desvíen hacia otros teatros de conflicto. Para Ucrania, esa posibilidad implica un riesgo concreto: quedar más expuesta ante una potencia invasora que no dejó de bombardear.
El presidente ucraniano, no obstante, buscó marcar una delimitación política precisa respecto del escenario regional. Ante versiones y especulaciones sobre una eventual implicación ucraniana en el conflicto con Irán, afirmó que su país no está en guerra con la república islámica. Esa aclaración se produjo en medio de nuevas tensiones, luego de que desde ámbitos iraníes surgieran amenazas verbales contra Ucrania por su experiencia en el combate a drones de tipo Shahed y por la asistencia técnica que Kiev comenzó a brindar a países vecinos de Irán para enfrentar amenazas similares. Al mismo tiempo, Zelenski reiteró que no tiene ilusiones sobre el régimen iraní y recordó que Teherán ha sido un aliado efectivo de Rusia en esta guerra, tanto por el suministro de drones como por su colaboración previa con la maquinaria militar rusa.
La declaración de este domingo, en definitiva, combina tres planos que hoy se superponen sobre la mesa de Kiev: la denuncia de la agresión rusa, la exigencia de un cierre real de las filtraciones al sistema de sanciones y la preocupación por un tablero internacional cada vez más cargado, donde la guerra en Ucrania compite por atención y recursos con la nueva inestabilidad en Medio Oriente. Desde la óptica ucraniana, el mensaje es claro: mientras Rusia continúe atacando con esta escala, hablar de fatiga occidental o de relajamiento de sanciones sólo favorece a la potencia invasora y prolonga el costo humano de una guerra que el Kremlin sigue alimentando día tras día.





