Buenos Aires, 19 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- Javier Milei volvió a mostrarse este miércoles rodeado por la primera línea del oficialismo, su núcleo político más fiel y buena parte del universo libertario en un acto realizado en el Palacio Libertad, donde encabezó un homenaje a Adam Smith y aprovechó el escenario para relanzar su ofensiva verbal contra empresarios, periodistas y opositores. En medio de una semana atravesada por el desgaste político que dejaron la controversia por los vuelos de Manuel Adorni y las nuevas revelaciones de la causa $LIBRA, el Presidente eligió refugiarse en un acto ideológico, reivindicar la apertura económica, elogiar a sus colaboradores más cercanos y redoblar el tono de confrontación que lo acompaña desde el inicio de su gestión.
El evento tuvo una fuerte carga interna y simbólica. En las primeras filas estuvieron Karina Milei, Manuel Adorni, funcionarios del gabinete, legisladores y referentes del espacio oficialista. También compartieron el panel el diputado Adrián Ravier, ligado a la Fundación Faro, y el economista Juan Carlos de Pablo, uno de los interlocutores más cercanos al mandatario en materia doctrinaria. Allí, Milei se recostó una vez más sobre la figura de Smith para defender la competencia, la desregulación y la apertura comercial, en momentos en que el Gobierno enfrenta cuestionamientos por el deterioro del empleo y por el costo social del reordenamiento económico.
En esa línea, el Presidente sostuvo que el avance tecnológico no destruye trabajo de manera permanente y defendió el ingreso de importaciones como parte de un cambio de modelo. Lo hizo, además, en una jornada especialmente sensible, luego de que se conociera oficialmente que la desocupación cerró 2025 en 7,5%, por encima del 6,4% del mismo período del año anterior, según el informe difundido por el INDEC. La coincidencia entre el discurso aperturista y el mal dato laboral le agregó una carga política extra a un mensaje pensado para reafirmar convicciones, pero que inevitablemente quedó cruzado por la discusión sobre empleo, salarios e impacto social de las reformas.
Uno de los pasajes más comentados de la noche fue cuando Milei volvió a cargar contra lo que considera los privilegios de sectores protegidos de la economía. En su exposición apuntó contra monopolios, barreras y beneficios corporativos, y retomó así una línea de confrontación que ya lo había llevado a cuestionar públicamente a empresarios de peso. Esa ofensiva verbal no se detuvo allí. Ya en la parte más encendida del discurso, el jefe de Estado retomó su retórica habitual contra “periodistas pauteros”, “empresarios prebendarios”, opositores y defensores de la justicia social, con expresiones de alto voltaje político que encontraron eco inmediato entre sus seguidores y el círculo más duro del oficialismo.
También hubo mensajes internos. Milei elogió a Santiago Caputo, en momentos en que persisten versiones sobre tensiones dentro del vértice de poder libertario, y destacó además a Federico Sturzenegger, a quien volvió a presentar como una pieza central del programa desregulador. La escena dejó gestos que fueron leídos en clave de equilibrio interno: aplausos moderados de algunos funcionarios, silencio de otros y una foto política que buscó transmitir cohesión en un momento en que el oficialismo enfrenta desgaste en varios frentes simultáneos.
Ese telón de fondo es clave para entender la decisión presidencial de volver a un formato de acto doctrinario y de fuerte identidad libertaria. El Gobierno procura retomar la iniciativa luego de varios días dominados por la agenda judicial y mediática vinculada a la causa $LIBRA, expediente que volvió a tomar temperatura a partir de peritajes sobre los dispositivos electrónicos de Mauricio Novelli. Según revelaciones periodísticas basadas en esas actuaciones, el empresario mantuvo comunicaciones directas con Javier Milei, Karina Milei y otros integrantes del entorno presidencial antes y después del lanzamiento de la criptomoneda, un dato que complica la estrategia oficial de tomar distancia del episodio.
Hasta el momento, los hermanos Milei no están imputados en la causa, pero la difusión del contenido extraído del teléfono de Novelli reabrió preguntas políticas y judiciales sobre el nivel real de conocimiento y cercanía entre las partes. En paralelo, desde el Gobierno comenzaron a ensayar una línea de respuesta centrada en cuestionar la filtración de la información y en sembrar dudas sobre la cadena de custodia del material peritado. Esa defensa, sin embargo, convive con el hecho de que el caso sigue escalando en el terreno público y amenaza con erosionar el principal activo político del oficialismo: su discurso de superioridad moral frente a la vieja política.
Por eso, el homenaje a Adam Smith funcionó mucho más como una señal política que como una simple conmemoración intelectual. Fue una escena pensada para reagrupar a los propios, reafirmar dogmas económicos y desplazar el foco de las polémicas que golpean a la administración. Pero también dejó una certeza: cuando el Gobierno se siente asediado, Milei no modera el tono. Por el contrario, vuelve a su zona de confort, endurece el lenguaje, abraza la confrontación y apuesta a que su base política valore más la fidelidad ideológica que el costo del escándalo.





