Buenos Aires, 21 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- Las exportaciones de la agroindustria argentina crecieron 7% en el primer bimestre del año y alcanzaron los 7.463 millones de dólares, con una mejora de 489 millones frente al mismo período de 2025. El dato confirma que el complejo agroindustrial sigue siendo el principal generador de divisas del país y que, aun con retrocesos puntuales en algunos rubros, mantiene capacidad para sostener el flujo exportador en el arranque de 2026. Al mismo tiempo, el cuadro empieza a mostrar otra novedad estructural: la energía ya dejó de ser un actor secundario y se consolida como un segundo gran motor externo, al punto de disputarle protagonismo al agro en la formación del superávit comercial.
El relevamiento del Consejo Agroindustrial Argentino muestra que el buen comienzo del año se apoyó sobre todo en los complejos de trigo, girasol y carne más cuero vacuno, que empujaron la mejora acumulada entre enero y febrero. En cambio, los complejos de maíz, soja y maní mostraron una retracción que moderó el resultado general. En términos relativos, los sectores con más dinamismo fueron el tabacalero, el girasol y los porcinos, con un dato especialmente llamativo en el girasol, cuyo crecimiento bimestral llegó al 220% interanual. El detalle también deja una señal para leer con cautela: febrero, por sí solo, marcó una baja de 4,5% respecto del mismo mes del año pasado, lo que indica que el saldo positivo del bimestre se apoyó sobre todo en el muy buen desempeño de enero.
Ese peso del agro no sorprende. La propia Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca recuerda que la agroindustria representa alrededor del 60% de las ventas externas del país y que en 2025 superó los 52.000 millones de dólares exportados, además de alcanzar un récord histórico de 115 millones de toneladas. El arranque de 2026, de hecho, ya había anticipado esa fortaleza: sólo en enero se exportaron productos agroindustriales por 4.152 millones de dólares y 10,63 millones de toneladas, el mejor registro mensual de la década para ese mes. Es decir, el primer bimestre no muestra un salto aislado, sino la continuidad de una estructura exportadora en la que el agro sigue siendo la columna vertebral del ingreso de divisas.
Pero el otro dato relevante es que la energía ya no aparece como un complemento marginal. INDEC informó que en 2025 las exportaciones de combustibles y energía totalizaron 11.086 millones de dólares, con un incremento interanual de 12,8%, mientras que las importaciones del rubro cayeron a 3.271 millones, lo que permitió cerrar el año con un superávit energético récord de 7.815 millones de dólares. Más aún: el informe oficial sobre complejos exportadores ubicó al complejo petrolero-petroquímico como el segundo más importante del país, con 11.772 millones de dólares, equivalente al 13,5% de las exportaciones totales de bienes. Dentro de ese bloque, el 81,1% correspondió a petróleo, el 11,7% a gas y el 7,2% a productos petroquímicos. En otras palabras, la energía dejó de ser sólo una promesa de Vaca Muerta y ya se convirtió en un aporte estructural a la caja externa argentina.
Ese avance ya se ve también en 2026. En el primer bimestre, el rubro combustibles y energía explicó el 11,8% de las exportaciones totales de bienes, mientras que las manufacturas de origen agropecuario representaron el 31,1% y los productos primarios el 29,1%. La foto es elocuente: el agro sigue liderando, pero la energía gana volumen y participación en el total exportador. El fortalecimiento de las ventas de crudo y gas hacia mercados como Estados Unidos, Chile, Brasil y Uruguay empieza a modificar la composición del comercio exterior argentino y a darle al país una segunda fuente fuerte de dólares, algo que hasta hace pocos años parecía lejano.
El dato político y económico de fondo es ese. La Argentina entra en una etapa en la que el agro continúa siendo el principal generador de divisas, pero ya no carga en soledad con esa responsabilidad. La expansión de la energía abre una posibilidad inédita de diversificación exportadora, mejora del saldo comercial y alivio sobre la restricción externa. Aun así, la balanza sigue inclinada a favor del campo: por volumen, por arraigo territorial, por impacto federal y por capacidad de reacción inmediata, la agroindustria continúa siendo el gran sostén del frente externo. La novedad es que ahora empieza a convivir con otro jugador de peso, y esa convivencia puede redefinir buena parte de la economía argentina en los próximos años.



