Buenos Aires-23 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- En medio del tembladeral político que abrieron el caso $LIBRA y los cuestionamientos que cercan al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la cúpula del Gobierno empezó a imponerse una consigna que hasta hace pocos días parecía impensada: bajar el volumen de la guerra interna porque “no sobra nadie”. En la Casa Rosada admiten que la pelea entre el sector de Karina Milei y el de Santiago Caputo se volvió demasiado costosa en un momento en que el oficialismo intenta contener daños, recuperar iniciativa y evitar que el desgaste de las últimas semanas derive en una crisis política mayor.
La lógica del repliegue no responde a una reconciliación real, sino a una necesidad de supervivencia. El expediente político y judicial alrededor de $LIBRA, sumado al escándalo por los vuelos de Adorni, impactó de lleno sobre el relato moral con el que Javier Milei construyó buena parte de su legitimidad. En el oficialismo saben que la principal vulnerabilidad no pasa sólo por la dimensión penal de las denuncias, sino por el golpe ético que implican en un gobierno que hizo de la pelea contra la “casta” una bandera identitaria. Por eso, cerca del Presidente comenzaron a hablar de un cese al fuego interno, al menos transitorio, para no seguir alimentando una hemorragia autoinfligida.
Sin embargo, esa tregua dista de ser completa. La única que, según distintas versiones oficiales y periodísticas, no parece dispuesta a resignar posiciones es Karina Milei, que viene ampliando su poder desde la victoria legislativa de La Libertad Avanza y avanzó sobre áreas sensibles del Gobierno. La designación de Juan Bautista Mahiques como nuevo ministro de Justicia fue leída en ese marco como una señal de reordenamiento interno y de fortalecimiento del karinismo en un área donde antes orbitaba con mayor peso el universo de Caputo. En la superficie se habla de gestión; por debajo, lo que se discute es control político.
Ese reordenamiento tiene su capítulo más delicado en la SIDE, hoy convertida en uno de los principales botines de la interna libertaria. En los pasillos de Balcarce 50 circula con fuerza la idea de que el esquema de inteligencia montado bajo la influencia de Caputo quedó golpeado por las filtraciones, por la pérdida de confianza y por la sensación de descontrol que dejó la difusión del video de Adorni subiendo a un vuelo privado. Distintas crónicas coinciden en que Karina Milei ya activó un “casting” para reemplazar a Cristian Auguadra, actual titular del organismo y hombre asociado al asesor presidencial, aunque los nombres en danza todavía forman parte del terreno de las versiones y no de decisiones formalizadas.
Entre esos trascendidos reaparecen Eduardo “Lule” Menem y Jorge “Corcho” Anzorreguy, mientras otro sector empuja la idea de designar a un perfil con mayor volumen técnico o judicial para descomprimir. Incluso en el ecosistema tribunalicio volvieron a escucharse especulaciones alrededor del nombre del juez Ariel Lijo para otros casilleros de poder, en especial la Procuración General, hoy a cargo interino de Eduardo Casal, aunque por ahora no existe confirmación oficial de esa hipótesis. Lo concreto es que el área judicial y la inteligencia volvieron a mezclarse en una misma disputa de poder.
En paralelo, el frente abierto por Adorni sigue irradiando tensión. Está documentado que el funcionario es el actual jefe de Gabinete desde noviembre de 2025 y que incluso el Gobierno debió reglamentar recientemente su reemplazo temporario en caso de ausencia. Pero esa institucionalidad formal convive con un deterioro político evidente: la filtración de los vuelos a Punta del Este y del viaje oficial a Nueva York con su esposa reactivó expedientes judiciales, sospechas internas y una cacería dentro del propio oficialismo para descubrir quién filtró el material. En ese clima, cada video, cada documento y cada rumor pasó a ser leído como un misil en la disputa entre facciones.
También la situación de Diego Kravetz, número dos de la SIDE, aparece atravesada por esa incertidumbre. Aunque su eventual salida no necesariamente responde al choque entre Karina Milei y Santiago Caputo, distintas versiones políticas lo muestran cada vez más enfocado en una proyección electoral en Lanús, lo que alimenta la sensación de provisionalidad en un organismo que ya venía sometido a cambios, rumores y reposicionamientos permanentes. En un área tan sensible, esa combinación de interna, filtraciones y transición indefinida es observada con preocupación incluso dentro del propio Gobierno.
Así, la extraña consigna de que “no sobra nadie” funciona más como diagnóstico de emergencia que como pacto duradero. El mileísmo entendió que seguir ventilando sus batallas domésticas en medio del caso $LIBRA, de la crisis de Adorni y de la puja por la SIDE sólo acelera el desgaste y en este punto ya se instala otro debate, que pasara con la estructura interna y externa que impuso el ex agente Horacio Stiuso bajo el sistema de “carpeteo”. Pero al mismo tiempo, nadie en el poder parece dispuesto a resignar terreno. La tregua existe porque la tormenta obliga; la pelea, en cambio, sigue viva debajo de la superficie y amenaza con reabrirse apenas aparezca la próxima filtración o el próximo movimiento de tablero.




