Buenos Aires-24 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- El Gobierno nacional difundió este martes, en el marco de los 50 años del golpe del 24 de marzo de 1976, un extenso documental titulado “Las víctimas que quisieron esconder”, una pieza de alrededor de una hora y quince minutos en la que la Casa Rosada volvió a plantarse en la discusión sobre la memoria de los años setenta con un mensaje nítido: denunciar que durante las últimas dos décadas se consolidó un relato parcial, funcional al kirchnerismo, que silenció a víctimas del terrorismo guerrillero y redujo la tragedia argentina a una sola dimensión.
El material, compartido desde los canales oficiales de la Casa Rosada y elaborado con participación del equipo asesor de Santiago Caputo, arranca con una definición que resume toda la línea argumental de la pieza: “La historia debe conocerse en su totalidad; cuando se la presenta de forma parcial, deja de ser memoria y se convierte en un instrumento de manipulación”. A partir de allí, el video acusa al ciclo abierto en 2003 de haber impulsado un “fatal experimento narrativo”, sostenido con recursos públicos, para instalar una visión “sesgada y revanchista” del pasado reciente y utilizarla como herramienta de poder político y de distribución de beneficios económicos.
La tesis central del documental no pasa por negar los crímenes de la dictadura, sino por afirmar que la memoria oficial consagrada en los últimos veinte años dejó fuera a otras víctimas y mutiló deliberadamente la complejidad del proceso histórico. En esa línea, la pieza insiste en que miles de personas afectadas por el accionar estatal, paraestatal y guerrillero fueron ignoradas porque su reconocimiento no encajaba en la narrativa dominante. El mensaje oficial, así, vuelve sobre una idea que Javier Milei ya había explicitado en otras ocasiones: la necesidad de una “historia completa” y de una “memoria completa”, sin silencios selectivos ni verdades a medias.
Para reforzar ese planteo, el documental se apoya en testimonios personales. Una de las voces centrales es la de Miriam Fernández, la nieta recuperada 127, quien sostiene en el video que para sanar como país hay que contar “la historia verdadera”. También aparece el hijo del coronel Argentino del Valle Larrabure, secuestrado en 1974 por el ERP, en un tramo donde se vuelve a poner en primer plano a víctimas de la violencia revolucionaria y a familias que, según el enfoque oficial, quedaron marginadas del canon memorial consolidado desde el Estado. La elección de esos testimonios no es casual: el Gobierno buscó dotar de potencia emocional y legitimidad personal a una ofensiva cultural que excede el documento audiovisual y forma parte de una disputa más amplia por el sentido de la historia reciente.
La difusión del video también confirma la continuidad de una línea política que la administración de Milei ya había desplegado en aniversarios anteriores. En 2025, la Casa Rosada había convocado al politólogo Agustín Laje para defender públicamente la idea de “historia completa”, cuestionar el adoctrinamiento escolar sobre los años setenta y desafiar el enfoque predominante en materia de derechos humanos. El documental lanzado este martes profundiza ese camino, pero con una escala mayor, una duración más extensa y una puesta más ambiciosa en una fecha especialmente sensible, justamente cuando se cumplen cinco décadas del inicio de la última dictadura militar.
El efecto político de la pieza fue inmediato. Mientras el oficialismo buscó instalar que, por primera vez, el Estado se dispone a “dar vuelta la página” mostrando todas las víctimas de la violencia setentista, sectores opositores, organismos y parte del mundo académico leyeron la iniciativa como un nuevo capítulo de la ofensiva revisionista del Gobierno. En la calle, la conmemoración del 24 de marzo volvió a mostrar una fuerte movilización en defensa del consenso democrático del Nunca Más, mientras el Poder Ejecutivo apostó a disputar ese consenso desde adentro, no para suprimir la memoria del terrorismo de Estado, sino para reordenarla dentro de una narrativa más amplia y más confrontativa con el legado kirchnerista.
En ese contexto, “Las víctimas que quisieron esconder” no aparece sólo como un documental conmemorativo. Es, sobre todo, una pieza política de alto voltaje en la batalla cultural que el mileísmo decidió librar sobre uno de los núcleos más delicados de la vida pública argentina. A 50 años del golpe, el Gobierno no eligió la neutralidad ni el tono ceremonial. Eligió intervenir, discutir y desafiar una memoria que considera incompleta. Y al hacerlo, volvió a dejar en claro que para la administración de Milei el pasado no es apenas una herencia a recordar: es también un territorio central de disputa por el presente y por el sentido político del futuro.




