Por Darío Rosatti
Buenos Aires, 26 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. La defensa pública que ensayó Manuel Adorni para intentar cerrar la polémica sobre su patrimonio terminó abriendo más interrogantes que respuestas. En una conferencia tensa, dedicada por momentos más a retar periodistas que a aclarar su situación patrimonial, el jefe de Gabinete aseguró que vive en Caballito, sostuvo que “todo lo que tiene que estar declarado está correctamente declarado” y rechazó las versiones sobre bienes no informados. Pero en ese mismo movimiento terminó dejando expuesto otro dato sensible: reconoció de hecho la existencia de un departamento en la calle Miró, en Caballito, que no figuraba entre los inmuebles conocidos cuando ingresó al Gobierno y que ahora se suma al departamento de Parque Chacabuco y a la casa del country Indio Cuá, registrada a nombre de su esposa, Bettina Angeletti.
La novedad del departamento de Miró al 500, casi Pedro Goyena, terminó de aflorar después de la conferencia dedicada a “retar” periodistas. Según documentación del Registro de la Propiedad Inmueble citada por La Nación, Adorni y Angeletti figuran como cotitulares en partes iguales de ese inmueble, sin haberse desprendido al mismo tiempo del departamento de avenida Asamblea al 1300, en Parque Chacabuco, que ya integraba su patrimonio conocido. Es decir, el funcionario no sólo admitió que hoy vive en Caballito, sino que esa afirmación quedó enlazada con otro activo inmobiliario que complejiza todavía más la discusión sobre la evolución de sus bienes desde que pasó a ocupar un lugar central en la Casa Rosada.
El punto más delicado, sin embargo, sigue siendo la vivienda de Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz. De acuerdo con la documentación catastral y registral difundida en los últimos días, Bettina Angeletti figura como titular de la Unidad Funcional 380 desde el 15 de noviembre de 2024. Ese dato no es menor, porque rompe la defensa basada en la supuesta lejanía temporal o en la falta de obligación inmediata de informar. Si la propiedad fue adquirida en noviembre de 2024, correspondía al período patrimonial 2024. Y según el régimen de la Oficina Anticorrupción, las declaraciones juradas anuales reflejan la situación patrimonial de enero a diciembre del año anterior y se presentan al año siguiente. Dicho de otro modo: esa casa debía quedar reflejada en la declaración anual correspondiente a 2024, cuya presentación operó en 2025, salvo que hubiera sido incluida en el anexo reservado del cónyuge, algo que Adorni lo hubiera hecho, habría realizado el descargo en la confernecia, pero no lo aclaró. En cualquier caso, ya no hay margen para que ese bien quede fuera de la declaración correspondiente a 2025, que deberá presentarse en 2026.
Esa es la razón por la cual la explicación del funcionario no alcanzó. Lejos de ofrecer una aclaración documental precisa, Adorni eligió un tono confrontativo. Según reconstrucciones periodísticas coincidentes, comenzó sereno y terminó visiblemente nervioso y ofuscado, reclamando disculpas a la prensa y lanzando frases como “vos no sos juez, sos apenas periodista” y “yo hago lo que quiero con mi dinero, ganado legítimamente”. La escena no transmitió transparencia, sino irritación. Y esa irritación fue leída como un síntoma adicional de incomodidad frente a preguntas que tocaban un punto políticamente explosivo: cómo compatibilizar su discurso de austeridad y patrimonio previo con la aparición de nuevos inmuebles mientras ejerce funciones de máxima relevancia en el Estado.
El cuadro general, por eso, quedó más comprometido que antes. Hoy el jefe de Gabinete aparece vinculado a tres frentes patrimoniales simultáneos: el departamento de Parque Chacabuco, el nuevo departamento de Miró en Caballito y la casa de Indio Cuá inscripta a nombre de su esposa y publicado en exclusiva pot esta agencia. A eso se suma que la propia conferencia, pensada para clausurar la discusión, terminó confirmando un dato que hasta entonces no había sido explicado con nitidez: que ya no reside en la propiedad de Asamblea, sino en otra vivienda del barrio de Caballito. En vez de desactivar la polémica, Adorni terminó robusteciendo la sospecha política de que su situación patrimonial requiere explicaciones más sólidas que un cruce verbal con periodistas.





