Madrid, 27 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La salida de María Jesús Montero del corazón económico del Ejecutivo para encabezar la pelea electoral andaluza volvió a exponer una marca de época del largo ciclo de Pedro Sánchez en La Moncloa: la inestabilidad de un gabinete sometido a crisis políticas, promociones europeas, tensiones de coalición y necesidades de campaña. El relevo anunciado esta semana colocó a Carlos Cuerpo como vicepresidente primero y a Arcadi España al frente de Hacienda, un movimiento formalizado por el BOE y presentado por el propio presidente como una apuesta por la continuidad de la gestión económica en un momento delicado, con los Presupuestos de 2026 todavía pendientes y con el Gobierno tratando de amortiguar el impacto energético y fiscal derivado de la guerra con Irán.
El recambio no es menor porque Montero no era una ministra más. Además de su peso en la negociación parlamentaria y territorial, era una de las figuras más políticas del sanchismo. Su marcha para competir en las elecciones andaluzas del 17 de mayo confirma un patrón que se repitió en los últimos años: ministros convertidos en candidatos o piezas movidas por urgencias electorales. Ya había ocurrido en diciembre de 2025, cuando Pilar Alegría dejó Educación y la portavocía para centrarse en Aragón, lo que obligó a otra remodelación con Milagros Tolón y Elma Saiz. Ahora, con Arcadi España como nuevo titular de Hacienda, Sánchez intenta cerrar un vacío político y técnico a la vez, justo cuando siguen sin aprobarse unas nuevas cuentas públicas y continúa abierta la compleja discusión sobre la financiación autonómica.
La trayectoria del gabinete ayuda a entender el desgaste. Cuando Sánchez presentó su primer Gobierno el 6 de junio de 2018 habló de preparación, experiencia, ejemplaridad y regeneración democrática. Aquel equipo incluía a Màxim Huerta, Carmen Montón, Nadia Calviño, Teresa Ribera, José Luis Ábalos, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska y Luis Planas, entre otros. Ocho años después, de aquella foto original sólo permanecen en sus mismas carteras Robles en Defensa, Grande-Marlaska en Interior y Planas en Agricultura. El resto fue cayendo por dimisiones tempranas, ascensos, crisis internas o simples necesidades de reacomodamiento político. La comparación entre la composición oficial de 2018 y la actual muestra hasta qué punto el Ejecutivo se transformó casi por completo.
Las primeras señales de fragilidad aparecieron enseguida. Màxim Huerta dimitió a los seis días por el escándalo fiscal que lo envolvió y Carmen Montón dejó Sanidad por las irregularidades detectadas en su máster. Más tarde llegaron otras salidas de alto voltaje político. José Luis Ábalos, que había sido uno de los hombres de máxima confianza del presidente, terminó apartado del poder y hoy enfrenta una causa por corrupción vinculada al caso de las mascarillas junto a Koldo García. A esa herida se sumó en 2025 la caída de Santos Cerdán, entonces número tres del PSOE, cuya renuncia por un expediente judicial agravó la crisis del oficialismo hasta el punto de derivar en la entrada de la Guardia Civil en la sede socialista para recabar documentación. Ese telón de fondo terminó de erosionar el capital político de un Gobierno que ya venía golpeado por una sucesión de escándalos.
Hubo también otro tipo de salidas, menos traumáticas pero igual de significativas: las promociones hacia Europa. Nadia Calviño dejó el Ejecutivo para asumir la presidencia del Banco Europeo de Inversiones el 1 de enero de 2024, mientras Teresa Ribera pasó a convertirse en vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea. Esos movimientos reforzaron la proyección exterior del sanchismo, pero también vaciaron al gabinete de dos de sus figuras más sólidas y con mayor densidad técnica y política. En paralelo, el paso por el Consejo de Ministros de dirigentes de Podemos y luego de Sumar, además de las distintas reconfiguraciones de la coalición, fue alterando el equilibrio interno de un Ejecutivo que pasó de exhibir nombres de alto impacto a refugiarse cada vez más en perfiles de gestión o de aparato.
El desembarco de Arcadi España sintetiza esa nueva etapa. Su perfil es más discreto, con fuerte anclaje territorial y experiencia en la administración valenciana, pero sin el volumen político de Montero. Carlos Cuerpo, por su parte, refuerza el eje económico del Gobierno y se convierte en el primer hombre designado vicepresidente primero por Sánchez, una señal de continuidad tecnocrática en medio del desgaste político. El problema para La Moncloa es que la rotación ya no se explica sólo por la renovación natural de un proyecto largo, sino por una doble presión cada vez más visible: los escándalos que desgastaron al oficialismo y las urgencias electorales que obligan a desprenderse de piezas clave. En ese equilibrio inestable, Sánchez sigue gobernando, pero con menos figuras pesadas, menos margen parlamentario y un gabinete que hace tiempo dejó de ser aquel escaparate fundacional de 2018.



