Teherán, 29 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. Israel lanzó una nueva oleada de bombardeos sobre Teherán y volvió a golpear el corazón operativo del régimen iraní, en una fase de la guerra que ya no apunta sólo a grandes instalaciones fijas, sino también a estructuras móviles de mando que Irán habría comenzado a utilizar para mantener la conducción militar y de seguridad después de semanas de ataques sostenidos. Según el parte difundido por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), los cazas israelíes destruyeron varios centros de comando temporales y también alcanzaron decenas de instalaciones vinculadas a la producción y almacenamiento de armamento, en especial del circuito misilístico.
La novedad no es menor. De acuerdo con la explicación israelí, el régimen iraní había empezado a reubicar funciones de comando en unidades móviles luego de que buena parte de sus centros permanentes fueran castigados durante el último mes. Ese movimiento sugiere dos cosas al mismo tiempo: que la presión aérea sobre la estructura de mando iraní viene siendo intensa y que Teherán busca sostener capacidad de conducción dispersando activos críticos para hacerlos más difíciles de detectar y destruir. La respuesta israelí, por lo tanto, parece orientada a impedir esa adaptación y a seguir degradando el sistema de comando y control del régimen.
La ofensiva de las últimas horas se inscribe, además, en una campaña más amplia contra la industria militar iraní. En los últimos días, Israel informó ataques sobre infraestructura del régimen en Teherán e Isfahán, sobre sitios de producción de armas y sobre instalaciones ligadas al desarrollo de buques, submarinos y sistemas navales, mientras que Reuters reportó que mandos estadounidenses sostienen que ya fueron dañadas o destruidas dos terceras partes de las instalaciones iraníes de producción de misiles, drones y capacidades navales. Aun así, otra evaluación de inteligencia citada por la misma agencia indicó que Estados Unidos sólo puede confirmar con certeza la destrucción de aproximadamente un tercio del arsenal misilístico iraní, una señal de que la capacidad de fuego de Irán fue golpeada, pero no anulada.
Ese dato ayuda a explicar por qué la guerra sigue lejos de cerrarse. Aunque la presión aérea occidental e israelí ha dañado fuertemente lanzadores, depósitos y plantas de producción, Irán todavía conserva capacidad para responder con misiles y drones y para amenazar la navegación y la infraestructura regional. Associated Press informó este domingo que la guerra ya dejó más de 3.000 muertos en el conjunto del teatro regional y que las autoridades iraníes hablan de más de 1.900 fallecidos en la República Islámica, mientras en Israel se contabilizan 19 muertos y en Cisjordania ocupada otras cuatro víctimas fatales. En paralelo, el conflicto siguió expandiéndose hacia Líbano, Irak y países del Golfo, lo que confirma que el frente dejó de ser estrictamente bilateral.
En el plano militar, la lógica israelí parece cada vez más clara: golpear al mismo tiempo la cadena de mando, las plataformas de lanzamiento, la industria de reposición y los nodos logísticos para impedir que el régimen recomponga capacidad ofensiva. En esa línea, las FDI detallaron que también atacaron sistemas de defensa aérea, puestos de observación, lanzadores y otras estructuras asociadas al esfuerzo de guerra iraní. La idea de fondo es mantener la supremacía aérea sobre la capital iraní y evitar que Teherán logre reconstruir un esquema estable de comando bajo cobertura móvil o subterránea. Es, en otras palabras, una campaña de erosión estratégica más que una simple sucesión de bombardeos tácticos.





