Washington-6 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- El presidente Donald Trump volvió a llevar la presión sobre Irán a un punto extremo y lanzó una amenaza de dimensiones inéditas desde la Casa Blanca. A menos de dos días de que venza el ultimátum fijado por Washington, el mandatario aseguró que si Teherán no acepta un entendimiento y no reabre el estrecho de Ormuz antes del martes a las 20 de la costa este de Estados Unidos —las 21 en la Argentina—, “todo Irán podría ser eliminado en una noche”, y dejó abierta la posibilidad de que ese golpe ocurra “mañana mismo”. En la misma línea, sostuvo que Estados Unidos tiene capacidad para destruir todos los puentes y plantas energéticas iraníes en apenas cuatro horas.
La frase no quedó aislada ni fue una simple bravata de campaña. Trump la formuló mientras sigue en discusión un esquema de alto el fuego de 45 días que mediadores regionales intentan acercar a las partes para evitar una escalada todavía mayor. Según la información que circula en medios internacionales, el borrador prevé una tregua inicial y luego una negociación más amplia para cerrar la guerra de manera permanente. Entre los puntos sensibles aparecen la reapertura completa de Ormuz y una salida para el uranio altamente enriquecido iraní. El propio presidente estadounidense reconoció que la propuesta es “significativa”, pero aclaró que todavía “no es suficiente”.
Del lado iraní, la reacción fue de rechazo. Reuters informó que Teherán respondió a través de Pakistán con un documento de diez puntos en el que descarta una tregua meramente temporaria y exige, en cambio, un final permanente de la guerra, alivio de sanciones, garantías sobre la navegación por Ormuz y otras condiciones de fondo. Es decir, Irán intenta no negociar desde una pausa táctica sino desde un rediseño más amplio del conflicto. El problema para esa posición es que choca de frente con la lógica de máxima presión de Trump, que no quiere una discusión larga mientras el estrecho siga bloqueado y el mercado energético global continúe bajo amenaza.
En ese contexto, la advertencia del jefe de la Casa Blanca tiene una doble lectura. Por un lado, busca quebrar la resistencia del régimen y forzarlo a ceder antes del vencimiento del plazo. Por el otro, intenta mostrar que Washington todavía conserva la iniciativa militar y política después de días marcados por el derribo de aeronaves estadounidenses, el rescate de un piloto en territorio iraní y la persistencia del cierre de Ormuz. La amenaza de arrasar puentes y centrales eléctricas se inscribe, además, en una secuencia en la que Trump ya había sugerido que podía “abrir fácilmente” el estrecho y castigar infraestructura crítica iraní si el régimen seguía usando esa vía marítima como herramienta de presión global.
La dureza del mensaje reavivó, a su vez, una discusión jurídica y humanitaria inevitable. Organizaciones de derechos humanos y especialistas en derecho internacional advirtieron que atacar deliberadamente infraestructura civil indispensable, como puentes o plantas de energía, puede constituir un crimen de guerra si no existe una justificación militar compatible con las reglas del conflicto armado. El propio clima diplomático da cuenta de esa preocupación: el plan de mediación impulsado por Pakistán, Egipto y Turquía busca precisamente evitar que la guerra derive en una campaña de devastación sobre activos civiles y en una prolongación del cierre de Ormuz, lo que tendría consecuencias directas sobre el petróleo, la inflación global y la estabilidad económica de medio planeta.
Más allá de la retórica, el cálculo político de Trump también pesa. La guerra se volvió cada vez más discutida dentro de Estados Unidos, el precio de la energía sigue bajo presión y el frente interno no acompaña con el mismo entusiasmo que en los primeros días del conflicto. Por eso, el presidente combina el lenguaje del infierno con la búsqueda de una salida rápida: amenaza con llevar a Irán a la “edad de piedra”, pero al mismo tiempo deja correr una negociación que le permitiría presentar una tregua como victoria propia. La pregunta que domina estas horas es si ese equilibrio aguantará hasta el martes por la noche o si el ultimátum terminará empujando a la región a un salto todavía más peligroso.





