Kiev, 10 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Volodímir Zelenski dio un paso político y militar de fuerte impacto al confirmar por primera vez de manera abierta que especialistas ucranianos ya participan en tareas de apoyo defensivo en países del Golfo, donde, según aseguró, contribuyeron a derribar drones iraníes Shahed utilizando interceptores de fabricación nacional y capacidades de guerra electrónica desarrolladas por Kiev durante la invasión rusa. La revelación no sólo expone hasta dónde llegó la proyección externa de la experiencia militar ucraniana, sino que además muestra que la guerra iniciada por Rusia terminó convirtiendo a Ucrania en un proveedor de conocimiento táctico para una región sacudida por la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El mensaje de Zelenski fue directo. Dijo que Ucrania envió más de 200 expertos a Oriente Medio, que esos equipos trabajan con tecnología propia y que la cooperación ya no se limita a la capacitación teórica. Según la versión difundida por la oficina presidencial ucraniana y reproducida por Reuters, los especialistas ayudaron a neutralizar drones Shahed en distintos países de la región. El propio mandatario presentó esa actuación como una prueba concreta de que las soluciones desarrolladas por Kiev bajo fuego real sirven también para defender infraestructuras críticas fuera de Europa.
Detrás de esa jugada aparece una lógica muy clara. Ucrania busca transformar el aprendizaje obtenido en más de cuatro años de guerra contra Moscú en un activo exportable, justo cuando varios países árabes necesitan reforzar con urgencia su defensa aérea frente a drones y misiles asociados al eje iraní. En ese marco, Zelenski afirmó que ya alcanzó acuerdos de seguridad por diez años con tres países del Golfo. Reuters confirmó que esos entendimientos fueron firmados con Arabia Saudita y Qatar, mientras que con los Emiratos Árabes Unidos ya fue anunciado un acuerdo en el mismo sentido. La propia Presidencia ucraniana sostuvo además que durante la gira regional también hubo trabajo operativo y reuniones con equipos desplegados en Arabia Saudita, EAU y Qatar.
La maniobra no se agota ahí. Este viernes, Reuters informó que Kiev también mantiene conversaciones con Omán, Kuwait y Bahréin para ampliar esa cooperación en materia de seguridad y compartir experiencia en defensa antidrón. Según Zelenski, la idea incluye no sólo asistencia táctica, sino también acuerdos más amplios vinculados con tecnología, defensa de instalaciones sensibles y abastecimiento energético para Ucrania. En otras palabras, Kiev intenta cambiar experiencia militar por recursos estratégicos, en un momento en que cada litro de combustible y cada sistema interceptor cuenta para sostener la resistencia frente a Rusia.
En ese punto aparece otro dato clave del planteo ucraniano: el componente energético. Reuters reportó que durante la gira de Zelenski por la región se negociaron suministros de diésel para Ucrania, insumo central tanto para las Fuerzas Armadas como para la actividad agropecuaria. El presidente ucraniano incluso vinculó los futuros acuerdos con entregas de petróleo, gasoil y otros mecanismos de compensación, una señal de que Kiev no está ofreciendo ayuda por prestigio diplomático solamente, sino como parte de una arquitectura de supervivencia nacional en plena guerra prolongada.
A la vez, Zelenski confirmó que personal militar ucraniano participa en consultas sobre el funcionamiento futuro del Estrecho de Ormuz, uno de los puntos neurálgicos del comercio energético mundial. Tanto Reuters como la web oficial de la Presidencia de Ucrania consignaron que Kiev puso sobre la mesa su experiencia en el Mar Negro, donde logró mantener abiertas rutas marítimas y disputar la libertad de navegación a una potencia muy superior en medios navales como Rusia. El mensaje es potente: Ucrania quiere mostrarse ya no sólo como país asistido, sino como actor capaz de exportar soluciones militares y marítimas allí donde la crisis internacional las vuelve necesarias.
En términos políticos, la jugada también le permite a Zelenski reforzar dos líneas de discurso. La primera, que la tecnología desarrollada por Ucrania bajo ataque ruso tiene valor global y merece ser respaldada. La segunda, que los drones iraníes usados por Moscú en territorio ucraniano terminaron empujando a Kiev a convertirse en un laboratorio de respuesta real frente a ese mismo tipo de amenaza. La paradoja es evidente: el mismo armamento que Irán ayudó a instalar en la guerra europea hoy le abre a Ucrania una puerta de influencia en el Golfo. Y eso, en medio de un tablero mundial cada vez más fragmentado, representa para Kiev una victoria geopolítica nada m




