Washington, 13 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Estados Unidos puso en marcha este lunes una nueva escalada sobre Irán al comenzar el bloqueo naval de todo el tráfico marítimo que entre o salga de puertos y áreas costeras iraníes, después del fracaso de las conversaciones celebradas en Islamabad. La medida fue anunciada por el Comando Central estadounidense (CENTCOM) para las 10 de la mañana de la costa este norteamericana, es decir, las 11 en la Argentina, y busca asfixiar una vía clave de exportación iraní sin cerrar por completo el paso a buques que naveguen hacia puertos no iraníes. La aclaración es importante porque el operativo no supone, al menos por ahora, un cierre absoluto de Ormuz para todo el comercio mundial, sino un bloqueo específicamente dirigido contra el tráfico vinculado a Irán.
La decisión de Donald Trump llegó después de 21 horas de negociaciones sin acuerdo con el régimen persa en Pakistán. Según Reuters, Washington exigió el fin de todo enriquecimiento de uranio, el desmantelamiento de las principales instalaciones nucleares, la transferencia del uranio altamente enriquecido y el cese del apoyo iraní a Hamás, Hezbollah y los hutíes, además de una reapertura plena del estrecho. Teherán rechazó ese paquete y respondió acusando a EE.UU. de moverse con “maximalismo”, cambiar las reglas de juego y llegar a la mesa de diálogo con la lógica del bloqueo ya decidida. En la práctica, el punto central volvió a quedar expuesto: Irán no aceptó renunciar al núcleo de su ambición nuclear ni a los instrumentos regionales de presión que utiliza desde hace décadas.
La orden de Trump endureció todavía más el escenario. El presidente dijo que la Marina interceptará también a los barcos que hayan pagado peajes a Irán y que avanzará con la destrucción de minas en el estrecho. Del lado iraní, la Guardia Revolucionaria advirtió que cualquier buque militar que se acerque a la zona será considerado una violación del cese del fuego y recibirá una respuesta severa. Esa combinación de bloqueo, amenazas cruzadas y desminado convierte a Ormuz en el principal punto de roce entre ambas potencias y deja la tregua en una situación extremadamente frágil.
El impacto económico empezó de inmediato. Reuters informó que el bloqueo podría sacar del mercado cerca de 2 millones de barriles diarios de crudo iraní y recordó que Irán exportó 1,84 millones de barriles por día en marzo. A eso se suma un dato todavía más delicado: antes de la guerra y del cierre efectivo del corredor, por Ormuz transitaba alrededor del 20% de los envíos globales de petróleo y gas natural. En ese contexto, el crudo volvió a trepar por encima de los 100 dólares, los futuros de Wall Street cayeron y los mercados globales operaron otra vez bajo presión, con temor a un shock de energía más largo y a un nuevo rebrote inflacionario.
En el mar, además, el movimiento ya refleja el clima de guerra. Reuters reportó que los petroleros estaban evitando el estrecho este lunes, pese a que el sábado tres supertanqueros cargados habían logrado salir del Golfo. También señaló que había 187 tanqueros cargados dentro de la zona con unos 172 millones de barriles de crudo y refinados, una acumulación enorme que muestra hasta qué punto el sistema de abastecimiento regional quedó bajo tensión. Si la situación se prolonga, no sólo se resentirá la capacidad exportadora iraní: también se pondrá a prueba la resistencia logística y financiera de productores, refinadores, aseguradoras y compradores asiáticos.
La reacción internacional tampoco fue menor. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo que restablecer la libertad de navegación en Ormuz es de “importancia primordial”, mientras el primer ministro británico, Keir Starmer, dejó en claro que Reino Unido no apoyará ni participará del bloqueo liderado por Estados Unidos. La señal es política: aun entre aliados occidentales existe preocupación por el costo económico y por el riesgo de que la medida desemboque en un choque regional más amplio. Rusia, por su parte, ya advirtió que el bloqueo tendrá un efecto negativo serio sobre los mercados.
Para Trump, sin embargo, el paso dado busca mostrar que la diplomacia terminó y que ahora empieza la coerción plena. Para Irán, el bloqueo es una nueva confirmación de que Washington no quiere un acuerdo sino una capitulación. En el medio queda el resto del mundo, mirando cómo se vuelve a estrechar el margen entre presión militar y guerra abierta en la arteria energética más sensible del planeta. El diálogo de Islamabad fracasó, la navegación sigue bajo amenaza y el conflicto ya entró en una etapa en la que cualquier error de cálculo puede disparar algo mucho más grande
China observa:
China compra más del 80% del petróleo embarcado por Irán y, según datos de Kpler citados por Reuters, en 2025 adquirió en promedio 1,38 millones de barriles diarios de crudo iraní. Ese volumen representó alrededor del 13,4% de todas las importaciones marítimas de petróleo de China. Por eso, el bloqueo naval lanzado por EE.UU., que apunta a impedir la salida de cerca de 2 millones de barriles diarios iraníes, no golpea sólo a Teherán: también toca de lleno un interés energético estratégico del gigante asiático.
Ese punto vuelve la crisis todavía más sensible. China no es un actor lateral en esta historia, sino el principal cliente del crudo iraní y, por lo tanto, uno de los países más afectados por cualquier interrupción prolongada del flujo desde el Golfo. De hecho, la primera reacción de Beijing ya fue pedir “calma y moderación”, remarcar la importancia de mantener seguro y libre el tránsito por el estrecho de Ormuz y volver a respaldar una salida diplomática. La señal es importante, pero también medida: por ahora, China evita una confrontación verbal mayor con Washington, aunque el mercado espera con atención cuál será la respuesta diplomática real del régimen de Xi Jinping si el bloqueo empieza a comprometer seriamente su seguridad energética.
En otras palabras, ya no se trata sólo de una pulseada entre EE.UU. e Irán. Si el bloqueo se consolida y se prolonga, el conflicto puede escalar también al plano de la disputa estratégica con China, porque cortar el petróleo iraní significa afectar a uno de los abastecimientos que Beijing venía usando para sostener costos más bajos, diversificar origen de compras y amortiguar shocks internacionales. Por eso, además del frente militar, ahora se abre otro tablero igual de delicado: el de las reacciones diplomáticas chinas frente a una medida norteamericana que afecta de manera directa uno de sus intereses energéticos más concretos.





