Beirut-22 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) intensificaron sus operaciones en el sur del Líbano, donde informaron la neutralización de dos miembros de Hezbollah, la incautación de armamento y la destrucción de infraestructura utilizada por la organización terrorista apoyada por el régimen de Irán. El operativo, según la versión militar israelí, se desplegó en una franja especialmente sensible ubicada al sur del río Litani, en momentos en que la tregua vigente entre ambas partes vuelve a mostrar grietas y amenazas de ruptura.
De acuerdo con el parte difundido por las FDI, las fuerzas de la 7ª Brigada de Combate, bajo mando de la 36ª División, detectaron a dos hombres armados en la zona de Saluki, a quienes acusaron de haber cruzado la línea de defensa y de constituir una amenaza inmediata para las tropas desplegadas y para localidades israelíes cercanas a la frontera. Tras el cerco terrestre, intervino la Fuerza Aérea israelí, que ejecutó el ataque que terminó con la muerte de ambos individuos. La comunicación oficial presentó el episodio como una acción preventiva frente a una violación flagrante del alto el fuego.
El movimiento no fue aislado. En paralelo, el ejército israelí aseguró que continuó con tareas de limpieza y desmantelamiento de posiciones atribuidas a Hezbollah en distintas localidades del sur libanés. Según el texto aportado, en Al-Hayam soldados de la 769ª Brigada, bajo la 91ª División, registraron un edificio que, de acuerdo con la inteligencia israelí, era utilizado por la organización, y allí encontraron armas, equipos de observación, un lanzador de RPG, municiones y una bandera del grupo. En Beit Lif, combatientes del Nahal, encuadrados en la División 146, reportaron el hallazgo de armas de francotirador y otro lanzador de RPG. En Adshit al-Kuzir y A-Tayba, la Brigada Golani informó haber detectado drones, ojivas, cohetes, granadas, cargadores, fusiles Kaláshnikov y hasta un kit de activación de explosivos.
El cuadro militar se produce en un momento extremadamente delicado. Israel y Líbano vienen de aceptar un cese de hostilidades de diez días auspiciado por Washington, pero el acuerdo quedó bajo presión casi desde el inicio. Reuters informó que ambas partes se acusan mutuamente de haber vulnerado la tregua, mientras delegaciones diplomáticas buscan en la capital estadounidense una extensión del entendimiento para abrir negociaciones más amplias sobre retiro israelí, seguridad fronteriza y el futuro de las armas de Hezbollah.
En ese marco, la operación difundida por las FDI tiene una doble lectura. Por un lado, Israel intenta mostrar que no resignará capacidad de acción sobre el terreno aun en medio de conversaciones diplomáticas. Por otro, busca reforzar la idea de que Hezbollah continúa operando militarmente en zonas donde el Estado libanés debería ejercer soberanía exclusiva. Esa discusión es hoy una de las más sensibles dentro del tablero regional: el gobierno libanés insiste en evitar una confrontación interna abierta, pero al mismo tiempo enfrenta presión de Estados Unidos y de Israel para avanzar sobre el desarme efectivo de la milicia proiraní.
Para Jerusalén, cada depósito de armas hallado al sur del Litani refuerza su argumento de que Hezbollah sigue usando el sur libanés como plataforma ofensiva. Para el Líbano, en cambio, cada incursión y cada bombardeo israelí sobre su territorio vuelven más frágil la gobernabilidad y alimentan el riesgo de una nueva espiral. La tensión, lejos de disiparse, se profundiza en un país ya exhausto, con desplazados, destrucción acumulada y crecientes divisiones internas sobre el papel que juega la organización chiita en esta nueva fase de la crisis.
En ese escenario, la acción militar reportada por las FDI no aparece como un episodio menor ni meramente táctico. Es, más bien, otra señal de que el frente norte de Israel sigue activo, que la tregua continúa siendo inestable y que cualquier movimiento de Hezbollah en la zona sur puede convertirse en detonante de una respuesta inmediata. Con la diplomacia intentando ganar tiempo en Washington, la realidad sobre el terreno vuelve a recordar que la guerra todavía no salió de escena.





