Nueva York, 5 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- Un escándalo de alto voltaje que involucra a una ejecutiva de JPMorgan Chase sacude por estas horas al mundo de las altas finanzas, tras la aparición de nuevos testigos en una causa por presunto abuso sexual, coerción y conductas extremas dentro de uno de los bancos más poderosos del planeta.
El caso, que ya generaba fuerte repercusión en ámbitos judiciales y financieros, sumó en las últimas horas dos declaraciones que profundizan la gravedad de las acusaciones y colocan nuevamente bajo la lupa la cultura interna de las grandes entidades de inversión.

Según consta en la documentación judicial analizada , el exbanquero Chirayu Rana, de 35 años, denunció a la ejecutiva Lorna Hajdini, de 37, por presuntas agresiones sexuales, consumo forzado de sustancias y situaciones de abuso de poder en el ámbito laboral.

Testimonios que conmocionan
Uno de los nuevos testigos aseguró que, a fines de 2024, mientras se encontraba alojado en un departamento junto a Rana, fue despertado por la presencia de una mujer que posteriormente identificó como Hajdini.
De acuerdo con su declaración, la ejecutiva se encontraba completamente desnuda, fumando, y lo habría invitado a participar de una relación sexual junto a Rana, a quien habría definido como su “propiedad” o “esclavo sexual”.
El testigo sostuvo que rechazó reiteradamente la propuesta y que luego escuchó a Rana pedir que la situación se detuviera, en un relato que suma dramatismo al expediente.
Un segundo testigo afirmó haber presenciado comportamientos inapropiados en el ámbito laboral, incluyendo contacto físico no consentido, lo que refuerza la hipótesis de un patrón de conducta.
Denuncias, contradicciones y defensa
La causa, que había sido retirada temporalmente para incorporar correcciones, fue reingresada con nuevas declaraciones juradas que amplían el cuadro acusatorio.
En paralelo, Rana presentó documentación médica que acredita un diagnóstico de trastorno de estrés postraumático (TEPT), que según su entorno estaría vinculado a los episodios denunciados.
Sin embargo, el caso presenta fuertes contradicciones. JPMorgan afirmó que una investigación interna no encontró evidencia que respalde las acusaciones, tras revisar correos electrónicos, registros y dispositivos.

Desde la entidad también señalaron que la ejecutiva Hajdini colaboró plenamente con la investigación, mientras que el denunciante no habría aportado información clave para sustentar sus afirmaciones.
Por su parte, los abogados de Hajdini negaron categóricamente todos los hechos, calificando las denuncias como “completamente falsas” y afirmando que dañan gravemente su reputación profesional.
Un escándalo que golpea a la elite financiera
Más allá del desenlace judicial, el caso ya genera impacto en el corazón del sistema financiero global. JPMorgan, liderado por Jamie Dimon, es una de las instituciones más influyentes del mundo, con presencia en todos los mercados clave y una reputación construida durante décadas.
Este tipo de denuncias no solo afectan a individuos, sino que proyectan dudas sobre los estándares internos de control, ética y funcionamiento de las grandes corporaciones financieras.
En un contexto global donde los criterios ESG, la transparencia y la gobernanza corporativa son cada vez más exigidos por inversores, cualquier señal de desvío puede tener consecuencias reputacionales y económicas.
Un caso que trasciende lo judicial
El escándalo se inscribe en una tendencia más amplia: la creciente exposición de conflictos internos, abusos de poder y disputas en estructuras de alto nivel, donde las relaciones jerárquicas y la presión laboral extrema pueden derivar en situaciones límite.
Para el mundo financiero, acostumbrado a moverse con discreción, el caso representa una exposición incómoda y potencialmente dañina.
Para la Justicia, será el momento de determinar si las denuncias tienen sustento o si, como sostienen los acusados, se trata de una construcción sin base.
Pero para el mercado, el impacto ya está en marcha: cuando las denuncias alcanzan a la cúpula de las instituciones, la confianza —otra vez— vuelve a ser el activo más sensible.




