Buenos Aires, 5 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La renuncia del presidente de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA), el general (R) Sergio Maldonado, a apenas un mes de haber asumido, expuso la fragilidad del nuevo sistema sanitario militar y agregó un nuevo foco de crisis para el Gobierno de Javier Milei, en medio de la interna por la posible salida del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
La dimisión se produce en un contexto de alta sensibilidad institucional, tras el suicidio del suboficial retirado Carlos Héctor Velázquez, quien había denunciado la falta de cobertura médica y el abandono por parte del sistema de salud militar. El caso generó conmoción dentro de las Fuerzas Armadas y volvió a poner en discusión la viabilidad del modelo impulsado por el Ejecutivo.
La OSFA fue creada por el Gobierno a través del DNU 88/2026, como parte de una reestructuración que implicó la disolución de la anterior IOSFA y la división del sistema en dos entidades: una para las Fuerzas Armadas y otra para las Fuerzas de Seguridad. La decisión fue presentada como un intento de ordenar financieramente el sistema y mejorar las prestaciones, pero su implementación evidencia serias dificultades.
Según el material analizado , la nueva obra social nació con recursos iniciales provenientes del pago de más de $80.000 millones adeudados por las propias FFAA, aunque la deuda de Gendarmería y Prefectura —que supera los $120.000 millones— sigue sin resolverse, lo que limita la capacidad operativa del sistema.
A pesar de un intento inicial por recuperar la confianza de prestadores, laboratorios y clínicas, los problemas persistieron, según informo Ámbito. Se registraron interrupciones de servicios en distintos puntos del país, incluso en plazas clave como Mar del Plata, donde prestadores volvieron a cortar la atención por falta de pagos.
El impacto político: Petri bajo la lupa
El dato adquiere mayor relevancia política en el actual contexto: la OSFA es el resultado directo de la gestión del ministro de Defensa, Luis Petri, quien ahora aparece como uno de los principales candidatos a reemplazar a Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete.
La crisis en la obra social militar golpea de lleno esa proyección. Mientras sectores del oficialismo intentan instalar a Petri como alternativa, el funcionamiento de la OSFA se convierte en un factor de evaluación sobre su capacidad de gestión.
La situación es aún más delicada porque la eventual salida de Adorni se da en medio de causas judiciales por presunto enriquecimiento ilícito y sospechas de lavado de dinero, tras la declaración de un contratista que aseguró haber recibido pagos en efectivo y sin registrar por más de US$ 245.000.
Una crisis que escala
El caso del suboficial Velázquez expone el trasfondo humano de la crisis. Según se detalla en la documentación, el militar retirado atravesaba graves problemas de salud y dejó constancia de que la falta de cobertura médica fue determinante en su decisión. Había realizado previamente un intento de suicidio y había dejado una carta detallando su situación.
El episodio no fue interpretado como un hecho aislado, sino como la consecuencia de un sistema en crisis, con problemas financieros, fallas de gestión y pérdida de prestaciones esenciales.
Mientras tanto, la conducción transitoria de Omar Domínguez deberá intentar estabilizar un sistema que nació con urgencias y que hoy enfrenta su primera gran crisis.
Un problema estructural
El sistema de salud militar arrastra dificultades desde hace años, agravadas por la combinación de:
- deudas acumuladas
- falta de aportes regulares
- desequilibrios en la administración
- dependencia de decisiones políticas
La reestructuración impulsada por el Gobierno buscaba revertir ese escenario, devolviendo la conducción a las Fuerzas Armadas y separando el sistema de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, los resultados iniciales muestran que el problema es más profundo.
El costo para el Gobierno
La crisis de la OSFA se suma a un momento delicado para la administración de Milei, atravesada por conflictos internos, cuestionamientos judiciales y una creciente presión sobre la confianza del programa económico.
En ese marco, la figura de Petri queda en el centro de la escena: por un lado, como posible ascenso político; por el otro, como responsable de una estructura que hoy muestra signos de fragilidad.
La pregunta que empieza a circular en ámbitos políticos es inevitable: si el modelo de salud militar aún no logra estabilizarse, ¿puede su principal impulsor asumir la coordinación de todo el gabinete nacional?
La respuesta, por ahora, forma parte de una interna que sigue abierta en la Casa Rosada, donde se cruzan nombres, poder y crisis en simultáneo.



