Beijing, 7 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- China condenó este jueves a muerte con suspensión de ejecución por dos años a los ex ministros de Defensa Wei Fenghe y Li Shangfu, en una decisión que sacude a la cúpula del Ejército Popular de Liberación y marca un nuevo capítulo de la ofensiva anticorrupción impulsada por el presidente Xi Jinping.
La sentencia fue dictada por un tribunal militar y comunicada por la agencia oficial Xinhua. Wei Fenghe fue declarado culpable de aceptar sobornos y de utilizar su cargo para favorecer intereses personales y arreglos indebidos de personal. Li Shangfu, en tanto, recibió condena por aceptar y también ofrecer sobornos, una acusación particularmente sensible dentro del sistema castrense chino.
Aunque formalmente se trata de penas de muerte, en China este tipo de condena suspendida suele convertirse en prisión perpetua si el condenado no comete nuevos delitos durante el período de dos años. En ambos casos, además, se dispuso la confiscación de bienes y la pérdida de derechos políticos.
El golpe tiene una dimensión política mayor. Wei fue ministro de Defensa entre 2018 y 2023 y antes condujo la estratégica fuerza de misiles, pieza clave del poder militar chino. Li, su sucesor, apenas duró meses en el cargo: asumió en marzo de 2023, desapareció de la escena pública ese mismo año y fue removido sin mayores explicaciones oficiales. Ambos habían sido expulsados del Partido Comunista Chino en 2024.
La ofensiva confirma que Xi Jinping no está dispuesto a tolerar focos de autonomía dentro de las Fuerzas Armadas. Bajo el argumento de limpiar la corrupción, el mandatario consolidó una purga que alcanza a generales, responsables de compras militares, mandos de la fuerza de misiles y figuras vinculadas al complejo tecnológico-defensivo.
El mensaje hacia adentro es brutalmente claro: ningún uniforme, por alto que sea, garantiza inmunidad. En un país donde la opacidad del poder impide conocer el trasfondo completo de estas causas, las condenas también alimentan la lectura de una disputa interna por disciplina, lealtad y control político sobre el aparato militar.
La caída simultánea de dos ex ministros de Defensa representa uno de los castigos más duros aplicados a jefes militares chinos desde el inicio de la campaña anticorrupción de Xi en 2012. Para Beijing, se trata de una demostración de autoridad. Para los observadores internacionales, también expone tensiones profundas dentro de una maquinaria militar que China busca modernizar mientras endurece su control interno.




