Buenos Aires, 20 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La sesión de la Cámara de Diputados volvió a quedar atravesada por el clima de tensión política que rodea al oficialismo. El presidente del cuerpo, Martín Menem, protagonizó un fuerte cruce con el diputado peronista y excombatiente de Malvinas, Aldo Leiva, luego de cuestionarlo por demorar su voto electrónico. El episodio incluyó gritos, una careta del jefe de Gabinete Manuel Adorni, referencias al lujoso auto del legislador libertario Manuel Quintar y hasta una mención directa a la pelea interna entre Menem y el asesor presidencial Santiago Caputo.
El enfrentamiento ocurrió durante la sesión en la que se debatían la Ley Hojarasca y cambios vinculados al régimen de Zona Fría, en una jornada parlamentaria cargada de tensión. Según registraron medios nacionales, Menem le reclamó a Leiva que votara a través del sistema electrónico y no esperara, como suele hacer, a ser consultado verbalmente para lanzar una frase política contra el oficialismo.
“Le voy a pedir que a partir de ahora cumpla de manera lógica con el tema de las votaciones, no puede hacer las payasadas que hace siempre, diputado. El sistema funciona”, le dijo Menem al legislador chaqueño, en una frase que encendió el recinto. La expresión cayó especialmente mal en bancas opositoras, no sólo por el tono, sino porque Leiva es veterano de la guerra de Malvinas, condición que varios diputados salieron rápidamente a reivindicar.
El presidente de la Cámara intentó aclarar luego que no había llamado “payaso” al diputado, sino que había calificado como “payasesca” su actitud. También pidió disculpas y sostuvo que tiene “la mayor sensibilidad” hacia los excombatientes, al recordar que su padrino también combatió en Malvinas. Pero el clima ya estaba desbordado y Leiva aprovechó el micrófono para devolver el golpe político.
El diputado de Unión por la Patria sostuvo que a Menem no le había molestado su forma de votar, sino la careta de Manuel Adorni que llevó al recinto. “Si a usted le molesta que yo traiga este cartel de uno de los máximos delincuentes de este Gobierno, es problema de usted y del bloque”, lanzó Leiva, en una acusación durísima contra el funcionario nacional.
El episodio tuvo una carga política adicional porque Adorni atraviesa una etapa de fuerte exposición pública por cuestionamientos sobre su situación patrimonial y por los pedidos opositores para que dé explicaciones. La figura del jefe de Gabinete se convirtió así en un símbolo de desgaste para el Gobierno dentro del recinto, aun cuando el oficialismo intenta ordenar la agenda legislativa y mostrar capacidad de conducción.
Leiva no se detuvo allí. También apuntó contra el diputado libertario Manuel Quintar, luego de que se difundiera su llegada al Congreso en un vehículo de altísimo valor. “¿A usted le parece que esto es payasesco cuando un colega nuestro aparece con un auto de 300 mil dólares durante una marcha de jubilados?”, cuestionó el legislador peronista, buscando marcar la contradicción entre el discurso de austeridad libertario y ciertos gestos de ostentación de dirigentes del oficialismo.
El cierre de su intervención fue todavía más incómodo para Menem. Leiva aludió directamente a la guerra interna libertaria y a los cruces recientes entre el presidente de Diputados y el sector de Santiago Caputo, uno de los hombres más influyentes del entorno de Javier Milei. “Payasesco es lo que le hace Santiago Caputo a usted como presidente del cuerpo. Dígale que cuando lo agrede a usted, nos agrede a cada uno de nosotros”, sostuvo.
La frase impactó porque la interna libertaria escaló en los últimos días después de una pelea pública en redes entre sectores vinculados a Caputo y el mundo de los Menem, alineado con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. El propio Javier Milei intentó bajar el tono al afirmar que la controversia contra Martín Menem habría sido “prefabricada” y al mismo tiempo definió a Santiago Caputo como “un hermano”, en un equilibrio político que no logró borrar la pelea.
El cruce dejó expuesta una escena cada vez más frecuente: el oficialismo busca mantener el control institucional del Congreso, pero sus propias tensiones internas, los cuestionamientos patrimoniales a funcionarios y las provocaciones opositoras terminan filtrándose en cada sesión. Menem, que necesita autoridad para ordenar la Cámara, quedó obligado a explicar una frase desafortunada frente a un excombatiente y, al mismo tiempo, a escuchar en pleno recinto cómo le recordaban la interna que golpea al corazón del poder libertario.
Para el Gobierno, el episodio es más que una anécdota parlamentaria. Muestra que la oposición encontró en Adorni, en los símbolos de riqueza de algunos dirigentes libertarios y en la disputa entre Caputo y los Menem un paquete político de alto rendimiento. Cada sesión puede convertirse en una vidriera de esa incomodidad.
La discusión por una votación electrónica terminó, finalmente, mostrando algo más profundo: el oficialismo no sólo enfrenta a la oposición, sino también el costo de sus propias peleas internas. Y cuando esas diferencias entran al recinto, el discurso de orden, eficiencia y autoridad queda golpeado por la misma lógica que el Gobierno prometió venir a desterrar.





