Por Jorge José Echezarreta
Buenos Aires, 25 de Junio de 2026-Toatal News Agency-TNA-. Sin poseer conocimientos profundos en materia de legislación penal, muchas veces me he preguntado cuáles son los instrumentos de medición utilizados para determinar las penas en los llamados delitos de lesa humanidad.
Esa inquietud, propia de un ciudadano común, me llevó a recordar una escena de El mercader de Venecia, donde el tribunal interviene frente al reclamo del demandante y le concede el derecho a cobrar su libra de carne, aunque sin derramar una sola gota de sangre.
Con frecuencia observamos sentencias que condenan a compatriotas a dos, tres y hasta más cadenas perpetuas.
Desde una interpretación elemental, la perpetuidad carece de límites temporales: es, por definición, infinita.
Si ello es así, resulta difícil comprender cómo puede sumarse aquello que no tiene final, la lógica indicaría que una condena perpetua ya contiene la totalidad del castigo posible.
Algunos me han explicado que estas múltiples condenas responden, entre otras razones, a la posibilidad de habilitar posteriores reclamos indemnizatorios contra el Estado.
Recuerdo que un presidente argentino, durante su campaña electoral, prometió terminar con lo que denominó “el curro de los derechos humanos”.
Sin embargo, más allá de las discusiones políticas o ideológicas que rodean esta cuestión, quisiera detenerme en algunos hechos concretos que considero ilustrativos.
Viene a mi memoria la imagen de la reina Máxima Zorreguieta despidiendo a su padre al compás de “Adiós, Nonino”, en una escena que conmovió al mundo entero.
También recuerdo situaciones mucho menos difundidas, como la del coronel Losito, a quien se le negó autorización para asistir al casamiento de su hija, o la del mayor Alsina, que, encontrándose procesado y sin condena firme, no pudo abrazar a su hijo cuando éste fue distinguido como abanderado del Colegio Militar de la Nación.
Más allá de las posiciones que cada uno pueda sostener respecto de los años de violencia que marcaron nuestra historia, considero que toda sociedad debe reflexionar sobre el delicado equilibrio entre justicia, legalidad y humanidad.
Cuando la aplicación de la ley parece alejarse de esos principios, surgen interrogantes que merecen ser planteados.
Es mi deseo que estas reflexiones puedan contribuir, aunque sea modestamente, a la búsqueda de una convivencia más serena y respetuosa entre los argentinos.
Porque sólo comprendiendo las heridas del pasado y evitando que se transformen en instrumentos de división permanente podremos aspirar a vivir en paz en nuestra querida patria.




