Buenos Aires – 2 julio 2026 – Total News Agency – TNA-. En el mundo del revés de cierta televisión argentina, una conductora que cometió el peor error que puede cometer alguien que se sienta frente a un micrófono —difundir al aire una información falsa, sensible y no chequeada— ahora reclama una cifra millonaria a la empresa que la contrató. La actriz Florencia Peña, que imita a una periodista, llevará a juicio a Luzu TV, la productora creada y dirigida por Nico Occhiato, por una demanda de daños y perjuicios que, según se informó en televisión, asciende a 750 millones de pesos.
La cifra fue confirmada por Barby Franco, esposa del abogado Fernando Burlando, quien representa legalmente a Peña. En el programa Pasó en América, Franco aseguró que la actriz y conductora “lleva a juicio a la productora Luzu por 750 millones de pesos argentinos por daños y perjuicios”. El reclamo habría partido inicialmente de una suma cercana a los 200 millones de pesos, vinculada al contrato que la conductora tenía vigente hasta diciembre, pero luego se amplió por los supuestos perjuicios derivados de su desvinculación.
El conflicto tiene origen en el episodio que sacudió al streaming argentino durante el Mundial 2026. En una emisión en vivo de Luzu TV, Florencia Peña anunció falsamente la muerte de Jorge Messi, padre de Lionel Messi. La información era falsa. La familia Messi debió salir rápidamente a desmentirla y aclarar que Jorge Messi estaba con atención médica, pero vivo y en recuperación. El episodio provocó una ola de críticas, no sólo por el impacto emocional sobre la familia del capitán de la Selección Argentina, sino por la irresponsabilidad profesional de haber lanzado una noticia de semejante gravedad sin confirmación.
El argumento de Peña tampoco mejora su situación. La conductora sostuvo luego que la información le fue transmitida por producción “por la cucaracha” y que ella repitió lo que le decían. Precisamente allí radica la falla central. Una persona que conduce un programa en vivo no está obligada a repetir automáticamente cualquier dato que recibe por el retorno. Su responsabilidad, especialmente ante una información extrema como la supuesta muerte del padre de Lionel Messi, era frenar, advertir que tenía un dato muy delicado y pedir al equipo que lo chequeara de manera urgente antes de comunicarlo al aire.
El estándar básico del periodismo no consiste en llorar ante una cámara después del daño, sino en no producirlo. El chequeo previo es la línea que separa la información del rumor, la noticia de la fake news y la conducción responsable de simple eco de una producción desbordada. En ese punto, Peña falló como conductora. Y falló en el lugar más sensible: la salud y la vida de una persona, en medio de un contexto mundialista donde cada dato relacionado con Messi adquiere impacto global.
Tras la polémica, Luzu TV emitió un comunicado en el que lamentó lo ocurrido y sostuvo que la difusión de información sensible sin verificación previa resultaba inaceptable. Según medios internacionales que siguieron el caso, la plataforma decidió apartar a los responsables involucrados y reafirmó su compromiso con una comunicación responsable y rigurosa. Peña pidió disculpas públicamente y afirmó que asumía su error, aunque también remarcó que recibió el dato desde la producción.
La familia Messi, por su parte, buscó cerrar el episodio con altura. Celia Cuccittini, madre de Lionel Messi, habría aceptado las disculpas de Florencia Peña e incluso dejó abierta la posibilidad de compartir un café con ella. Ese gesto, sin embargo, no borró la gravedad profesional del hecho ni el costo reputacional para el medio que permitió que una fake news sobre la muerte de Jorge Messi saliera al aire.
Ahora, la discusión se trasladará a los tribunales. Peña, representada por Fernando Burlando, reclama una suma que multiplica el monto inicialmente conocido y busca que Luzu TV responda por daños y perjuicios. La empresa, en cambio, podrá sostener que la desvinculación se produjo después de un episodio objetivamente grave, con impacto público nacional e internacional, y que afectó la credibilidad de la plataforma.
El caso expone una contradicción difícil de disimular. Una conductora difunde una fake news de enorme sensibilidad, atribuye el error a la producción porque “se lo dijeron por la cucaracha”, se quiebra al aire, pide disculpas, pero luego reclama 750 millones de pesos a su contratante. En cualquier redacción seria, el primer principio es verificar antes de publicar. En cualquier conducción responsable, el deber mínimo es no transformar un rumor en noticia. Y en cualquier ejercicio profesional honesto, después de una falla semejante debería existir algo más que una estrategia judicial: debería existir la capacidad de reconocer el error sin convertirlo en una demanda millonaria.





