Por Daniel Romero
Facundo Moyano rompió el silencio para negar consumo de drogas, violencia y privación de la libertad, pero admitió al mismo tiempo que rechazó realizarse el análisis toxicológico que habría permitido aportar una prueba objetiva sobre uno de los puntos centrales del episodio. Su explicación abrió nuevas preguntas: Candela Arizaga reconoció judicialmente haber consumido cocaína hasta sufrir un brote psicótico, atribuyó a Moyano una jeringa hallada durante el allanamiento alegando que era utilizada para tratar una sinusitis y el propio ex diputado sostuvo ahora que llegó a practicarle RCP por un supuesto paro cardíaco. La entrevista que buscaba ordenar su defensa terminó dejando sin respuesta precisamente aquello que un examen oportuno podía haber aclarado.
Buenos Aires – 11 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- Facundo Moyano salió públicamente a intentar cerrar las sospechas que rodean el episodio ocurrido en su departamento de Belgrano junto a Candela Arizaga, pero una de sus propias admisiones terminó colocando nuevamente el foco sobre una cuestión que todavía permanece sin una respuesta objetiva: reconoció que se negó a realizarse el examen toxicológico que podía determinar si había consumido drogas durante las horas que precedieron a la crisis de su pareja.

Durante una entrevista con Telefe Noticias, el ex diputado afirmó que no consume drogas, que nunca tuvo problemas de adicción y que tampoco hubo consumo de cocaína de su parte dentro del departamento. Al preguntársele por qué no aceptó someterse a un análisis toxicológico, respondió que sus abogados le recomendaron no hacerlo y sostuvo que ya estaba verificado que no presentaba una patología derivada de consumo. La explicación, lejos de despejar la cuestión, dejó intacta la pregunta principal: si pretendía demostrar que no había consumido, el examen que rechazó constituía precisamente la herramienta objetiva más directa disponible en ese momento.
La negativa no permite afirmar que Moyano haya consumido cocaína ni constituye por sí misma una prueba de ello, pero sí dejó sin posibilidad de obtener en tiempo oportuno un elemento pericial que podía confirmar o descartar su versión. Esa decisión adquiere especial relevancia después de que el propio ex legislador eligiera formular una negativa categórica en televisión: “Yo no consumo y no soy adicto”, sostuvo durante el reportaje.
El cuadro resulta todavía más llamativo al confrontarlo con la declaración judicial de Arizaga. La joven reconoció que pasada la medianoche consumió cocaína que llevaba entre sus pertenencias y atribuyó a esa ingesta el brote psicótico durante el cual comenzó a alucinar, sintió que era perseguida y terminó corriendo semidesnuda por la vía pública. También aseguró que la droga era de ella, que la tenía desde hacía tiempo y que Moyano no había consumido junto a ella, versión mediante la cual, claramente, procuró desvincularlo de lo sucedido.
Hay, sin embargo, otro elemento que necesariamente volvió a llamar la atención después de las declaraciones televisivas del ex diputado. Durante el allanamiento realizado en su vivienda, la policía no encontró cocaína, pero secuestró dos teléfonos celulares y una jeringa que contenía un líquido cuya composición debía ser determinada mediante peritaje. Cuando Arizaga fue interrogada sobre ese elemento sostuvo que pertenecía a “Juan Facundo Moyano” y que era utilizada para tratar una sinusitis.
La explicación de la sinusitis incorpora un dato que merece atención, aunque por sí solo tampoco demuestra consumo. La literatura médica documenta que el consumo de cocaína por vía nasal puede causar o favorecer una sinusitis, especialmente si el uso es repetido. La cocaína produce una intensa vasoconstricción en la mucosa nasal, reduce el flujo sanguíneo, irrita e inflama los tejidos y puede alterar el drenaje normal de los senos paranasales. Esa combinación puede provocar rinitis crónica y facilitar episodios de rinosinusitis.
. Existen cuadros severos conocidos como lesiones destructivas de línea media inducidas por cocaína, asociados precisamente con consumo intranasal prolongado.
La existencia de una sinusitis, naturalmente, tiene numerosas causas comunes y no permite inferir que una persona consuma cocaína. Pero colocada dentro de este episodio concreto —cocaína reconocida dentro del departamento, un brote psicótico atribuido a esa droga, una jeringa encontrada durante el allanamiento cuya explicación fue asociada a la sinusitis de Moyano y la negativa de éste a realizarse un toxicológico— la secuencia aporta interrogantes que el reportaje no consiguió eliminar.
A ello se añadió una revelación hasta ahora desconocida públicamente. Moyano afirmó que Arizaga sufrió un paro cardíaco dentro del departamento y que debió realizarle maniobras de reanimación cardiopulmonar. Según relató, después intentó comunicarse con el portero porque no logró llamar al 911 y consideró que la vida de la joven corría peligro.
La afirmación introduce otra coincidencia médica relevante. La intoxicación por cocaína puede provocar taquicardia, hipertensión severa, arritmias, vasoespasmo coronario, infarto, convulsiones, agitación intensa y, en situaciones graves, paro cardíaco. También puede generar paranoia, confusión, alucinaciones y cuadros psicóticos agudos, síntomas compatibles en términos generales con algunas de las manifestaciones descriptas por Arizaga, aunque solamente la historia clínica y los médicos que la atendieron pueden determinar qué ocurrió específicamente en su caso.
El análisis toxicológico practicado a Arizaga confirmó consumo de cocaína, según la información conocida durante la investigación, mientras ella misma terminó admitiéndolo ante la Justicia. Moyano, en cambio, decidió no someterse al estudio correspondiente y ahora pide que su declaración personal sea suficiente para descartar cualquier consumo de su parte. Esa diferencia probatoria es una de las inconsistencias que el reportaje dejó expuestas.
El ex diputado negó también ser la persona que aparece corriendo detrás de Arizaga en uno de los videos difundidos y explicó que ella descendió primero por el ascensor mientras él lo hizo aproximadamente cinco minutos después. Sin embargo, reconoció que posteriormente la sujetó en la calle y sostuvo que lo hizo para protegerla hasta que llegara la policía. Insistió además en que una persona que estuviera ejerciendo violencia contra su pareja no habría convocado a las autoridades.
Arizaga, por su parte, negó ante la Fiscalía haber sufrido violencia física o verbal, rechazó haber sido privada de su libertad y solicitó que se levantaran las medidas restrictivas para poder retomar la relación.
En el tribunal pareciera ven otra cosa:
La Justicia porteña rechazó posteriormente el pedido para eliminar la prohibición de acercamiento mientras continúa la investigación. Moyano permanece imputado en una causa en la que se investigan lesiones y privación ilegítima de la libertad, sin que esas imputaciones equivalgan a una condena.
Otro elemento conocido este martes surgió del testimonio de Miriam García, empleada que realiza tareas de limpieza en el departamento. Según lo informado por la periodista Mercedes Ninci, la mujer declaró que nunca había observado episodios de violencia de Moyano hacia Arizaga y que el trato entre ambos era amable, aunque aclaró un dato decisivo para valorar ese testimonio: no estaba presente durante los hechos investigados porque ese día le habían pedido que no fuera a trabajar.
La propia joven declaró que ambos fueron el domingo por la tarde a ver un partido de River Plate, regresaron luego al departamento, miraron una película y que pasada la medianoche ella comenzó a consumir cocaína porque no podía dormir. El episodio que terminó con su salida a la calle ocurrió durante la madrugada siguiente.
Esa reconstrucción no elimina, sin embargo, la cuestión central que dejó planteada la entrevista. Según la versión de Moyano, estuvo durante esas horas en el mismo departamento con una persona que consumió cocaína hasta sufrir un episodio psicótico de extrema intensidad y, siempre según su propio relato, posteriormente un paro cardíaco que requirió RCP. Frente a semejante escenario, la ausencia de un examen toxicológico suyo adquirió una dimensión que difícilmente podía quedar resuelta simplemente mediante una afirmación televisiva de que nunca consume.
El allanamiento también fue cuestionado públicamente por haberse realizado varias horas después del episodio. Cuando los agentes ingresaron al departamento ya no encontraron cocaína y únicamente secuestraron los teléfonos y la jeringa con líquido para su posterior análisis, circunstancia que limita naturalmente lo que podía reconstruirse mediante evidencia física encontrada en el lugar.
Moyano intentó presentar las sospechas sobre drogas como una nueva línea surgida después de que, según él, se hubieran debilitado las acusaciones iniciales. “También se les va a caer el consumo”, afirmó. Sin embargo, el consumo de cocaína no apareció como una construcción posterior del periodismo: fue reconocido por Arizaga, quedó vinculado por ella misma a su brote psicótico y fue parte de las circunstancias médicas y judiciales que acompañaron el episodio desde sus primeras horas. La etracion de bulbo capilar y su analisis, podria terminar con las especulaciones, pero dificilmente Moyano lo acepte.
La investigación deberá determinar los hechos penalmente relevantes, pero desde el punto de vista de la explicación pública elegida por Moyano, su primera entrevista dejó una contradicción difícil de soslayar: negó enfáticamente consumir drogas mientras confirmó que, cuando tuvo la oportunidad de aportar una prueba científica contemporánea a los hechos para respaldar esa afirmación, decidió seguir el consejo de sus abogados y no realizarla. El expediente mantiene ahora las pericias sobre los elementos secuestrados y los testimonios destinados a reconstruir qué ocurrió dentro del departamento antes de que Candela Arizaga apareciera en la calle en el estado que quedó registrado por cámaras y testigos.
Fuentes consultadas: Telefe Noticias, La Nación, TN, Infobae, actuaciones y declaraciones judiciales difundidas del expediente, Policía de la Ciudad, NCBI/NIH, literatura médica sobre toxicidad por cocaína y lesiones nasales asociadas al consumo intranasal.




