Una investigación interna iraní atribuyó a Hossein Taeb, actual jefe de la milicia Basij y ex responsable de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, la orden de atacar tres buques comerciales en el Estrecho de Ormuz en julio sin autorización del presidente Masoud Pezeshkian ni del máximo aparato de seguridad del régimen. La operación precipitó la ruptura del entendimiento con Washington, reactivó los ataques estadounidenses y expuso una fractura de poder en Teherán.
Buenos Aires – 14 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA-Una facción ultraderechista del aparato de seguridad iraní encabezada por Hossein Taeb, actual comandante del Basij y uno de los hombres más duros del régimen, habría ordenado en julio los ataques contra tres buques comerciales en el Estrecho de Ormuz que terminaron por hacer naufragar el precario entendimiento entre Estados Unidos e Irán. Según tres altos funcionarios iraníes citados por The New York Times, la operación fue ejecutada sin conocimiento ni autorización del presidente Masoud Pezeshkian, del comandante de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, ni del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, configurando una gravísima ruptura de la cadena de mando dentro de la República Islámica.
La investigación interna iraní habría reconstruido la secuencia hasta llegar a Taeb, quien durante más de una década dirigió la poderosa organización de inteligencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y en agosto de este año regresó a la conducción del Basij, la milicia paramilitar utilizada históricamente para la represión interna y la movilización ideológica del régimen. Taeb ya había comandado esa fuerza durante las protestas de 2009 y luego dirigió la inteligencia del CGRI entre 2009 y 2022. Su regreso a la primera línea del poder fue interpretado como una señal de endurecimiento interno del nuevo liderazgo iraní.
Los ataques que ahora se le atribuyen ocurrieron a comienzos de julio, cuando fuerzas iraníes dispararon misiles contra tres buques mercantes que transitaban por Ormuz. Dos embarcaciones sufrieron daños importantes y una tercera fue atacada poco después. Washington responsabilizó inmediatamente a Irán y consideró que los hechos violaban el memorando de entendimiento firmado menos de tres semanas antes. El acuerdo del 17 de junio preveía el cese inmediato de las operaciones militares, una prolongación del alto el fuego, el restablecimiento de mecanismos diplomáticos y la búsqueda de un arreglo más amplio sobre navegación, sanciones y programa nuclear.
La ofensiva marítima alteró por completo ese proceso. La administración de Donald Trump revocó rápidamente las exenciones que permitían a Irán vender petróleo, denunció una violación del memorando y lanzó ataques contra instalaciones militares iraníes en la costa del Golfo. Apenas días después, CENTCOM retomó formalmente el bloqueo naval contra puertos, costas y buques iraníes, dando por terminado de hecho el período de distensión que había comenzado en junio.
Hasta ahora, la interpretación predominante era que los ataques formaban parte de una estrategia deliberada del régimen iraní para forzar a Washington a aceptar las pretensiones de Teherán sobre el control del Estrecho. La nueva información modifica sustancialmente esa lectura: indica que una fracción del propio aparato de seguridad habría actuado por cuenta propia para impedir un acuerdo que consideraba inaceptable. El dato también explicaría por qué la Guardia Revolucionaria no reivindicó inmediatamente algunos de los ataques y por qué distintas autoridades iraníes ofrecieron versiones contradictorias durante aquellas jornadas.
El objetivo político atribuido a Taeb habría sido precisamente hacer fracasar una negociación que podía derivar en un alto el fuego permanente y en concesiones recíprocas entre Teherán y Washington. El memorando firmado en junio había despertado fuertes resistencias entre los sectores más radicales del sistema iraní, que rechazan cualquier compromiso duradero con Estados Unidos y consideran el control de Ormuz una herramienta estratégica esencial para la supervivencia del régimen. El acuerdo establecía además compromisos sobre libre navegación y una eventual discusión nuclear que eran vistos por los sectores duros como una cesión inadmisible.
La revelación deja expuesta una fractura particularmente peligrosa dentro de la conducción iraní. Pezeshkian, identificado con la corriente partidaria de negociar, habría sido mantenido completamente al margen de una operación capaz de provocar una guerra abierta con Estados Unidos. Lo mismo habría ocurrido con Vahidi y con el propio Consejo Supremo de Seguridad Nacional, formalmente responsable de las decisiones estratégicas del país. Si la investigación se confirma, la República Islámica habría quedado durante aquellas horas con más de un centro efectivo de poder armado, uno de ellos dispuesto a emprender acciones militares internacionales sin autorización política superior.
La figura de Taeb es especialmente significativa en ese escenario. Considerado uno de los operadores de seguridad más temidos del régimen, fue cuestionado incluso dentro del propio CGRI por excesos políticos durante su etapa como jefe de inteligencia y por no haber conseguido impedir operaciones israelíes dentro de Irán. Su regreso al mando del Basij en agosto consolidó nuevamente su influencia y le otorgó control sobre una organización armada de enorme presencia territorial, utilizada tanto para el control social como para operaciones de seguridad.
La consecuencia internacional de los ataques fue inmediata. El entendimiento de junio comenzó a desintegrarse a medida que Estados Unidos e Irán se acusaban mutuamente de violarlo, mientras Washington retomaba los bombardeos y Teherán insistía en imponer sus propias rutas de navegación por Ormuz. El memorando finalmente colapsó y las hostilidades continuaron durante julio y agosto, desembocando en septiembre en nuevos ataques contra buques, instalaciones militares estadounidenses y petroleros iraníes.
La dimensión económica fue igualmente severa. El cierre parcial del Estrecho, los ataques contra mercantes y la reanudación del bloqueo naval redujeron drásticamente el tráfico de hidrocarburos, elevaron los costos de los seguros marítimos y empujaron nuevamente el precio internacional del petróleo por encima de los US$100. En las últimas semanas, la situación volvió a agravarse con ataques contra infraestructura saudita, operaciones de los hutíes en Yemen y nuevas restricciones iraníes sobre la navegación, demostrando que el colapso del acuerdo de junio tuvo consecuencias mucho más amplias que la ruptura bilateral entre Washington y Teherán.
La investigación sobre Taeb revela así que el fracaso del alto el fuego no habría sido únicamente producto de una disputa entre Estados Unidos e Irán, sino también de una guerra interna dentro del propio régimen iraní. Mientras Pezeshkian buscaba preservar una vía diplomática capaz de aliviar la presión militar y económica, una estructura armada vinculada al ala más radical habría decidido utilizar el Estrecho de Ormuz para destruir esa posibilidad desde adentro. La paradoja es que Taeb, señalado ahora como el hombre que habría provocado la ruptura del entendimiento, regresó semanas después al mando del Basij con mayor poder institucional, una señal inquietante sobre cuál de las facciones terminó ganando terreno en Teherán.
Fuentes consultadas: The New York Times; Reuters; Associated Press; Axios; Financial Times; Al Jazeera; USNI News; Critical Threats Project–Institute for the Study of War; documentación del Memorando de Entendimiento Estados Unidos-Irán; fuentes iraníes y occidentales.
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