Por Carlos M. Reymundo Roberts
Confieso que no sé por dónde empezar, si es que quiero empezar. Tengo la tentación de poner una excusa, tipo “no me estaría sintiendo bien”, y despedirme hasta el próximo sábado. Porque esto huele peor que Dinamarca. Deprimido por la sucesión interminable de pálidas, le prometí a Gaby Cerruti que si me tiraba una buena noticia le garantizaba el arranque de la nota. “La tengo, anotá. Hay menos pobres: 37,3%. Es cierto, son más que los que había con Macri, pero menos que el mes próximo”.
Entendí lo que quiso decir: inflaciones como la nuestra son la forma más eficaz de arrojar a millones de personas a la pobreza. “¿Vos y toda la derecha querían un ajuste? ¡Ahí lo tienen!”, se me enojó Gaby. Como Alberto culpó por la suba de los precios a “los diablos”, y Feletti admitió que no puede “hacer milagros”, el alza del costo de vida ha adquirido una dimensión sobrenatural. Lógico: está todo por las nubes. De paso: las cifras de pobreza, inflación y desocupación han empezado a ser cuestionadas. El gobernador de Corrientes dice que es imposible que allí la cantidad de pobres haya caído del 43 al 27,3%, como informó el Indec; calcula que la cifra real es 41%, casi 14 puntos más. Y que tampoco es creíble que en la capital provincial haya apenas un 2% de desempleo. Yo confío en Marco Lavagna, jefe del Indec; pero me pregunto si él confiará en los números que nos están dando. Por suerte, este fin de semana debutó el VAR.
Atravesamos una tormenta casi perfecta. En el Frente de Todos siguen a las patadas, abiertamente, sin disimulo: Cristina un día manda a hablar a Hebe, otro día a Máximo, otro al Cuervo Larroque o a Grabois, que disparan contra la bandera blanca que parece levantar el profesor; me cuentan que, consumada libretista, indica a cada uno lo que tiene que decir, dónde tiene que pegar. De esas trifulcas callejeras pasa a la alta política y recibe al embajador del imperio, Marc Stanley, que al volver a su oficina en Palermo pide atención médica por el contacto estrecho y en su reporte a Washington solo escribe: “My God!!!”. Más abajo de esos rayos y centellas, la vida se vuelve tempestuosa: el acampe de once cuadras, cientos de carpas y miles de personas organizado por agrupaciones de izquierda tomó por asalto la 9 de Julio durante dos días y promete volver, cuadro que hace las delicias de la vice: un paisaje del conurbano menesteroso transportado al centro de la ciudad de los helechos con luz y agua. Falta gasoil en el interior y los camiones se agolpan en las estaciones de servicio; falta gas en las usinas térmicas y para llenar las garrafas; por el cierre de importaciones, faltan neumáticos, repuestos, insumos para el campo y la industria; en los supermercados racionan el aceite y otros alimentos. Cuando anteayer le oí decir a Alberto que en el invierno habrá gas suficiente, salí como loco a comprar leña.
“Alberto presidió en el CCK una importantísima reunión del Consejo Económico y Social, foro creado para repensar el país; pero llegó una hora tarde”
Alberto, Albertito… El lunes presidió en el CCK la reunión del Consejo Económico y Social, foro constituido para “pensar el país del futuro”. Era su principal actividad en meses, lo esperaba una platea calificada y multitudinaria, y el buen hombre llegó una hora tarde; suscribo a Stanley: my God… En realidad, primero llegaron sus ojeras y, un rato después, él. Esa expresión refleja lo mal que la debe estar pasando, pero cuando peor está, más habla. En su discurso volvió a improvisar, rubro en el que, ya se sabe, es un improvisado. Gustavo Beliz reveló ahí la intención del Gobierno de domesticar las redes sociales, anuncio que provocó un lógico revuelo y que fue rápidamente desmentido por la Casa Rosada; mi teoría es que se sacrificó para cubrir los dislates de Alberto. Detalle: en la reunión del Consejo Económico no estuvo el ministro de Economía, Guzmán. “Queremos que esto salga bien”, me explicaron.
En tiempos tan aciagos para ella, Cristina frotó la lámpara y produjo la llamada “ley Muñoz”, impuesto para los que tienen bienes en el exterior no declarados; por ejemplo, Daniel Muñoz, el secretario suyo y de Néstor que murió sin contarle a la AFIP que tenía 70 millones de dólares en propiedades en Nueva York y Miami. La Justicia lleva descubiertos 150 millones de dólares provenientes de la corrupción kirchnerista fugados a otros países, en su gran mayoría, inmovilizados. Un blanqueo de esa plata sería abrir un fabuloso tesoro y disponer de él. ¿Ley Muñoz? ¡No, ley Cristina!
El destino le jugó una mala pasada: el proyecto coincidió con el procesamiento de Carlos Santiago Kirchner, primo de Néstor, por enriquecimiento ilícito. Su defensa se había basado en tres puntos: 1) apenas fueron 5 millones de dólares, cambio chico al lado de los 3000 millones de dólares que lavó Lázaro Báez; 2) hizo esa plata siendo funcionario de De Vido y trabajando cerca de Josecito López, por lo cual debería ser considerado víctima de contaminación ambiental, y 3) es un Kirchner, es decir, también sufrió contaminación sanguínea.
Inflación, pobreza, desabastecimiento, crisis energética, agitación en las calles, guerra de aliados, ineficiencia, corrupción. Si la tormenta no es perfecta es solo porque la desataron Alberto y Cristina. ß
Fuente La Nación





