
Para esta obra, el artista (1840-1926) empleó un formato vertical para captar los espectaculares efectos de la luz del final de la tarde sobre su estanque de nenúfares. Un largo chorro de luz atraviesa la altura del lienzo, superpuesto en algunos lugares por grupos de nenúfares.
Utilizando una variedad de técnicas pictóricas, incluyendo pinceladas gestuales, y capas de color en las zonas acuáticas, con este formato “Monet capturó magistralmente tanto los reflejos de la luz en la superficie del estanque, como los tonos cambiantes en sus profundidades y como resultado, este lienzo está lleno de un majestuoso dramatismo visual que diferencia esta serie de otras de la misma época”, añade la información. La serie de Nenúfares que el artista creó en los últimos 30 años de su vida, cuenta con más de 250 piezas hechas en óleo sobre tela, distribuidas alrededor del mundo.
Max Carter, jefe de Arte Impresionista y Moderno, Christie’s Nueva York, consideró que “Monet fue el más grande de los impresionistas, los nenúfares fueron su logro más destacado y la exposición de 1909, de lo mejor de la serie en Durand-Ruel, fue posiblemente la muestra más importante de su vida. Nunca se ha visto nada igual, dijo un crítico, mientras que otro lo comparó con la Capilla Sixtina”.
En tanto, Keith Gill, jefe de Arte Impresionista y Moderno de Christie’s Londres, consideró que “capturar el momento fugaz fue la búsqueda de toda la vida de Monet y el estanque de nenúfares le permitió experimentar con los efectos transitorios de la luz sobre la superficie del agua. Al alterar su punto de vista y utilizar el exitoso formato vertical, no sólo pudo retratar los reflejos, sino que también pudo representar los cambios que se producían bajo la superficie, lo que dio lugar a cuadros abstractos que influirían en las generaciones de artistas que les siguieron. Este cuadro que sale ahora a subasta, permaneció en la colección de Monet hasta 1923, y fue vendido por última vez en 2006, cuando fue adquirido por la Galerie Bernheim-Jeune, y un año más tarde fue comprado por el magnate farmacéutico parisiense Henri Canonne. De esta rara serie de 15 nenúfares verticales de 1907, ocho se encuentran ahora en colecciones de museos, como el Museo de Bellas Artes de Houston y el Museo Artizon de Tokio.





