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El bananero episodio de Reino Unido es una fábrica de conversos. Aquellos mismos que hace diez años se rasgaban las vestiduras gritando plaga de langostas a los bonistas (¡Los mercados nos atacan!, recuerden), son ahora los que más regocijo muestran cuando esos mismos bonistas huyen de la deuda británica por el ejercicio de irresponsabilidad fiscal de su gobierno. Son conversos a la fe en la disciplina de mercado. Reducir ingresos y no reducir gastos, especialmente en un entorno de elevada inflación, suele ser una receta para el desastre. Pero lo mismo ocurriría al revés: disparar gasto sin aumentar ingresos. Y también funciona el episodio para desmontar los argumentos simplistas: ni bajar impuestos per se es necesariamente bueno, ni lo es el mero hecho de subirlos. La pregunta siempre debe ser: ¿quién va a comprar la deuda para financiar ese gasto extra y a qué precio? Si al menos aquí aprendemos lección de lo importante de la responsabilidad fiscal, algo habremos sacado en claro.
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Fuente El Confidencial




