Nueva York, 4 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- Los mercados globales volvieron a sacudirse este lunes ante una nueva escalada en Medio Oriente: las acciones en Wall Street cerraron en baja mientras el precio del crudo Brent se disparó con fuerza, impulsado por los ataques y amenazas de Irán en el estratégico estrecho de Ormuz.
El barril de Brent trepó un 5,8% hasta los USD 114,44, consolidando una suba acumulada que ya ronda el 58% desde el inicio del conflicto y cerca del 88% en lo que va del año, en un contexto donde el tránsito marítimo sigue restringido en una de las principales arterias energéticas del mundo. Por su parte, el WTI avanzó un 4,2%, ubicándose en torno a los USD 106,17.
En paralelo, los principales índices bursátiles estadounidenses registraron retrocesos: el S&P 500 cayó un 0,39%, el Dow Jones perdió más de 500 puntos (1,12%) y el Nasdaq cedió un 0,17%, reflejando el nerviosismo inversor ante un escenario de creciente incertidumbre geopolítica.
Ataques, provocaciones y presión sobre EE.UU.
La jornada estuvo marcada por nuevos incidentes en el Golfo Pérsico. Un buque mercante sufrió una explosión en el estrecho de Ormuz, mientras drones iraníes provocaron un incendio de gran magnitud en instalaciones portuarias de los Emiratos Árabes Unidos. A su vez, Teherán afirmó haber obligado a retroceder a un buque de guerra estadounidense.
Desde el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmaron que fuerzas navales destruyeron lanchas rápidas iraníes que intentaban obstaculizar el paso de embarcaciones, en el marco del operativo “Proyecto Libertad”, impulsado por el presidente Donald Trump para garantizar la navegación.
El propio Trump elevó el tono y advirtió que Estados Unidos responderá con contundencia ante cualquier ataque directo, en medio de una creciente presión sobre sus decisiones militares en la región.
La estrategia iraní: tensión constante y guerra de desgaste
Analistas internacionales coinciden en que esta dinámica responde a un patrón claro: esta es la guerra que prefiere Irán, basada en amenazas, ataques puntuales y provocaciones constantes, sin escalar a un enfrentamiento directo total, pero con el objetivo de desestabilizar los mercados y acorralar políticamente a Donald Trump.
La estrategia apunta a generar incertidumbre global, presionar sobre el precio del petróleo y forzar a Estados Unidos a reaccionar en un terreno donde cada movimiento tiene impacto económico inmediato.
Impacto global y riesgo inflacionario
El estrecho de Ormuz concentra cerca del 20% del suministro mundial de petróleo y gas, lo que convierte cualquier alteración en un factor crítico para la economía global. El bloqueo parcial impulsado por Irán dejó miles de embarcaciones varadas, afectando cadenas de suministro y elevando los costos energéticos.
En el mercado de bonos, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años subió al 4,44%, encareciendo el crédito y anticipando posibles efectos negativos sobre el consumo y la inversión.
En Europa, el índice CAC 40 de Francia cayó un 1,7%, mientras que en Asia se registraron comportamientos dispares, con subas en algunos mercados tecnológicos, reflejando la volatilidad del escenario.
Un conflicto que redefine el tablero
La combinación de ataques selectivos, guerra psicológica y presión económica configura un escenario de alta complejidad. Mientras Estados Unidos intenta garantizar la libre navegación, Irán apuesta a una estrategia de desgaste que impacta directamente en los mercados globales.
El resultado es un equilibrio cada vez más frágil, donde cada incidente en Ormuz no solo tiene consecuencias militares, sino también financieras, con repercusiones inmediatas en el precio de la energía y en la estabilidad de los mercados internacionales.



