Córdoba, 24 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- En medio de una de las crisis más profundas de la Fábrica Argentina de Aviones “Brigadier San Martín”, Julio Manco, allegado a Mauricio Macri, presenta su renuncia a la presidencia de FAdeA, según pudo saber Total News Agency. La salida se produce después de meses de parálisis productiva, conflictos salariales, cuestionamientos gremiales, contratos frenados, pérdida de oportunidades comerciales y una situación financiera que el propio management llegó a estimar en torno a los US$2 millones mensuales de déficit operativo.

La renuncia de Manco intenta mostrar un encuadre de gestión cumplida, ordenamiento administrativo y supuestos avances institucionales, especialmente a partir de la reciente regularización de contratos con el Ministerio de Defensa por US$48,8 millones. Sin embargo, puertas adentro de la fábrica cordobesa y en sectores vinculados a la industria aeronáutica, la lectura es bastante menos amable: su paso por FAdeA deja una empresa golpeada, con baja actividad, personal en tensión y una estructura estratégica que volvió a depender más de parches financieros que de un plan industrial serio.
La conducción de Manco tuvo sus peculiaridades. Mientras la empresa padecía una crisis creciente, con áreas paralizadas y reclamos por falta de contratos activos, el ahora saliente presidente realizó viajes a Rusia y Europa, movimientos que generaron malestar en sectores internos de la compañía. Fuentes gremiales comentaron a Total News que el nivel de vida atribuido a Manco no sería compatible con sus ingresos declarados, una versión que circuló con fuerza en ámbitos sindicales y empresariales vinculados a la fábrica.
El cuadro de deterioro venía siendo advertido desde hacía meses. El Sindicato de Trabajadores Aeronáuticos denunció una “parálisis operativa” en FAdeA y reclamó respuestas al Ministerio de Defensa, entonces ya bajo la conducción de Carlos Presti. La organización gremial apuntó contra el directorio y contra Manco, al que responsabilizó por una gestión errática que dejó a la fábrica sin flujo suficiente de trabajo, con suspensiones, congelamiento salarial y contratos vitales sin ejecución.
La crítica sindical fue particularmente dura porque no se limitó a una cuestión salarial. El reclamo apuntó al corazón productivo de FAdeA: la falta de firma o ejecución de contratos esenciales con la Fuerza Aérea Argentina, entre ellos la modernización de seis aviones Pampa II a la versión Pampa III, la estandarización a Block 2, inspecciones calendario, trabajos de mantenimiento mayor sobre C-130 Hércules y recuperación de motores y componentes.
Ese paquete contractual era clave para la fábrica. Según publicaciones especializadas, sólo la carpeta vinculada al Pampa involucraba alrededor de US$40 millones y representaba una parte sustancial de los ingresos de FAdeA. Pero la demora administrativa, la falta de gestión y los cruces internos en Defensa dejaron esos recursos en el limbo, paralizando el producto insignia de la industria aeronáutica nacional.
La paradoja es evidente: mientras el Gobierno nacional impulsa la modernización de las Fuerzas Armadas, compra aviones F-16 y habla de reconstruir capacidades de defensa, la principal fábrica aeronáutica del país atravesó meses de virtual inmovilidad. No hay defensa seria sin industria de defensa. Y no hay industria de defensa si la empresa que debe sostener capacidades estratégicas queda reducida a sobrevivir entre expedientes, suspensiones y anuncios tardíos.
En los últimos días, FAdeA anunció junto al Ministerio de Defensa la regularización de contratos históricos por US$48,8 millones, vinculados a los programas Pampa III, Pucará Fénix e IA-100B. Manco presentó ese acuerdo como resultado de un trabajo “político, técnico y administrativo” sostenido durante meses, destinado a dar previsibilidad a la empresa y certidumbre laboral a sus empleados.
Pero ese argumento no alcanza para tapar el estado en que quedó la compañía. La propia información difundida sobre el acuerdo reconoce que esos contratos llevaban aproximadamente dos años pendientes de regularización. Es decir, el supuesto “hito institucional” llegó después de una demora que afectó la actividad, la facturación, la planificación industrial y la moral de los trabajadores.
Para sectores internos de la fábrica, la salida de Manco no puede leerse como un cierre prolijo de gestión, sino como el desenlace de una conducción que no logró sacar a FAdeA del pantano. La empresa venía operando con baja capacidad, deudas con proveedores, tensiones laborales y una dependencia casi absoluta de definiciones del Estado nacional.
La gestión también fue cuestionada por designaciones, contrataciones y movimientos internos que el gremio pidió transparentar. En notas públicas, el Sindicato de Trabajadores Aeronáuticos reclamó información sobre asesores, auditores, cuadros jerárquicos externos y familiares directos, en momentos en que la empresa decía atravesar una emergencia económica. La pregunta que quedó flotando en la planta fue simple: si no había recursos para sostener actividad plena, por qué sí aparecían recursos para estructuras de conducción o acompañamiento poco claras.
Otro punto sensible fue la pérdida de oportunidades comerciales. Entre los cuestionamientos difundidos aparece una propuesta de la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial para fabricar 24 unidades del IA-63 Pampa, iniciativa que, según el gremio, no habría recibido una respuesta adecuada. Para una empresa que necesita desesperadamente exportar, abrir mercados y generar divisas, dejar pasar oportunidades de ese tipo resulta difícil de justificar.
La crisis de FAdeA también expuso la falta de coordinación dentro del área de Defensa. La empresa depende del Ministerio de Defensa, pero durante meses pareció atrapada entre la burocracia ministerial, la indefinición sobre contratos, la falta de decisión política, el esquema de transformación de empresas públicas y una conducción que no logró ordenar prioridades.
En ese tablero deben distinguirse los roles de Mario Katzenell, Luciana Carrasco y Diego Chaher, cuyos nombres aparecen asociados a distintos planos de responsabilidad e influencia, pero no de la misma manera ni con el mismo vínculo formal con la fábrica.
Mario Katzenell, secretario de Investigación, Política Industrial y Producción para la Defensa, tenía incidencia institucional directa sobre la política industrial militar y sobre programas estratégicos vinculados a empresas como FAdeA. Su área, por definición, participa del diseño y seguimiento de la producción para la defensa, por lo que su rol aparece ligado al plano técnico-político de los programas industriales militares.
En otro plano aparece Luciana Carrasco, señalada por publicaciones periodísticas y sectores críticos como una funcionaria de fuerte influencia dentro del Ministerio de Defensa. Su nombre fue mencionado en relación con demoras, frenos administrativos y decisiones políticas que habrían impactado sobre la fábrica, aunque no como autoridad formal de FAdeA.
Un tercer nivel corresponde a Diego Chaher, titular de la Agencia de Transformación de Empresas Públicas, organismo con injerencia sobre el seguimiento, ajuste y reconversión de sociedades estatales. En el caso de FAdeA, su nombre aparece vinculado al esquema político de control de empresas públicas y fue mencionado en publicaciones periodísticas como un actor asociado al desembarco de Julio Manco en la conducción de la fábrica.
De ese modo, la crisis de FAdeA no puede atribuirse sólo a la administración interna de Manco, sino también al entramado de decisiones políticas, administrativas y presupuestarias que rodeó a la empresa desde Defensa y desde el área nacional encargada de transformar las empresas públicas.
Total News ya había advertido que FAdeA funcionaba muy por debajo de su capacidad, con una planta estratégica atrapada entre deudas, freno político y decisiones erróneas. La renuncia de Manco confirma que la situación era más grave de lo que el discurso oficial estaba dispuesto a admitir.
El problema de fondo ahora es qué hará el Gobierno con FAdeA. La salida de un presidente cuestionado puede ser apenas un cambio de nombre si no viene acompañada de una política industrial clara, contratos ejecutables, control serio de gastos, conducción profesional y una estrategia de largo plazo. La fábrica no necesita otro administrador de crisis: necesita un plan.
Con casi un siglo de historia, FAdeA no es una repartición más. Es un símbolo de la capacidad tecnológica argentina, un activo estratégico para la defensa nacional y una plataforma que podría integrarse a cadenas internacionales si existiera una conducción seria. Pero también puede convertirse en otra empresa pública degradada por la desidia, las internas y los negocios mal explicados.
La renuncia de Julio Manco abre una oportunidad para revisar todo: contratos, viajes, designaciones, gastos, deudas, oportunidades perdidas y responsabilidades políticas. Si el Gobierno pretende reconstruir la defensa nacional, deberá empezar por algo básico: evitar que la fábrica de aviones más importante del país siga en estado vegetativo.
Carta de renuncia de Julio Mnaco:
En la ciudad de Córdoba, Provincia de Córdoba, a los 21 de mayo de 2026
Al Señor Ministro de Defensa de la Nación
Tte. Gral. D. Carlos Alberto Presti
S / D
De mi mayor consideración:
Tengo el honor de dirigirme a usted a fin de presentar formalmente mi renuncia al cargo de Presidente y CEO de la Fábrica Argentina de Aviones “Brig. San Martín” S.A. (FAdeA), responsabilidad que me fuera oportunamente confiada y que he procurado ejercer con la mayor dedicación, compromiso institucional y sentido de servicio a la Nación.
Asumo esta decisión con la serenidad de quien entiende que las responsabilidades públicas son, ante todo, actos de servicio; y con la convicción de haber dedicado cada día de mi gestión a ordenar, fortalecer y proyectar una empresa estratégica para la defensa nacional, para la industria aeronáutica argentina y para el desarrollo tecnológico soberano del país.
Desde el primer día asumí esta responsabilidad con plena conciencia de que conducir FAdeA no era simplemente administrar una empresa del Estado, sino honrar un deber con la Patria. En cada decisión procuré anteponer el interés nacional, la preservación de capacidades estratégicas para la defensa, el cuidado de los recursos públicos y la responsabilidad de proyectar una industria aeronáutica argentina capaz de mirar al futuro con ambición, seriedad y vocación soberana.
Durante este período, junto al Directorio de FAdeA y a los equipos técnicos, administrativos, operativos y profesionales de la compañía, hemos llevado adelante una etapa de profundo ordenamiento institucional, operativo, contractual, patrimonial y financiero. Lo hicimos en un contexto complejo, con restricciones severas y desafíos acumulados, pero con una premisa clara: recuperar previsibilidad, profesionalizar la gestión y sentar las bases de una FAdeA moderna, eficiente, sustentable y preparada para competir en el ecosistema aeronáutico nacional e internacional.
Entre los hitos alcanzados, considero especialmente relevante la regularización y cierre de contratos estratégicos con el Ministerio de Defensa vinculados a programas centrales como el IA-63 Pampa III, el Pucará Fénix y el IA-100B, por compromisos del orden de los USD 48,8 millones. Este acuerdo constituye un hecho institucional de singular importancia, no solo para FAdeA, sino también para el Estado Nacional, en tanto permitió encauzar obligaciones históricas, mejorar la situación patrimonial de la empresa y otorgar previsibilidad a su funcionamiento operativo e industrial.
Asimismo, durante esta gestión se avanzó en la consolidación de espacios de articulación estratégica orientados a proyectar los desarrollos de FAdeA hacia nuevos mercados, incluyendo la constitución de ámbitos de trabajo vinculados al programa Pampa y a la inserción internacional de la compañía. La creación de la Mesa FAdeA Internacional, en el ámbito del Ministerio de Defensa, representó un paso relevante para coordinar esfuerzos entre organismos del Estado, alinear estrategias comerciales e institucionales y potenciar la presencia de los productos argentinos en el mercado global.
En paralelo, impulsamos una agenda de diversificación de negocios, con especial énfasis en el fortalecimiento del área de mantenimiento, reparación y overhaul (MRO), tanto militar como comercial y ejecutivo. En ese marco se promovieron nuevos acuerdos y modelos de cooperación con actores privados del sector aeronáutico, orientados a ampliar la cartera de clientes, incrementar la facturación por fuera del Estado Nacional y maximizar el uso de las capacidades industriales instaladas en FAdeA.
Estos avances permitieron iniciar una transición conceptual de la empresa: de una estructura excesivamente dependiente del presupuesto público hacia una plataforma industrial más flexible, eficiente, abierta a alianzas estratégicas, orientada al mercado y con vocación de insertarse en el mundo corporativo aeronáutico internacional.
También se lograron hitos técnicos y productivos de alto valor simbólico y estratégico. La presentación del IA-100B significó recuperar para la Argentina la posibilidad concreta de contar nuevamente con una aeronave de fabricación nacional. La continuidad del programa de exportaciones para el C-390 Millennium de Embraer reafirmó la capacidad de FAdeA de integrarse a cadenas globales de valor aeronáutico.
La obtención de la certificación de la Federal Aviation Administration (FAA) como Approved Repair Station, junto con la recertificación de la norma AS 9100, consolidaron estándares internacionales indispensables para competir, crecer y construir confianza en mercados exigentes.
Del mismo modo, valoro especialmente haber contribuido a preservar la paz social dentro de la compañía, sostener el diálogo interno, ordenar procesos y generar condiciones de certidumbre laboral para los trabajadores. Ningún proyecto industrial de largo plazo puede construirse sin estabilidad, confianza y previsibilidad, sin equipos comprometidos y sin una conducción capaz de armonizar objetivos productivos, restricciones económicas y responsabilidad social.
Considero que, durante esta etapa, FAdeA logró avanzar hacia una estabilización macro de su funcionamiento. Se ordenaron prioridades, se fortalecieron capacidades, se recuperó previsibilidad contractual, se abrieron nuevas unidades de negocio, se robusteció la agenda comercial y se consolidó una hoja de ruta orientada a la sustentabilidad. Todo ello fue posible gracias a una gestión del Directorio enfocada en resultados, austeridad, responsabilidad administrativa y visión estratégica.
Me permito expresar, Señor Ministro, que considero que hemos conseguido sentar las bases para la FAdeA del futuro: una empresa más flexible, más eficientizada, con mayor disciplina de gestión, con mejores estándares de calidad, con mayor vocación comercial, con capacidad de articular con el sector privado y con una mirada puesta en su inserción internacional.
Ese camino, estoy convencido, debe ser sostenido y profundizado. FAdeA cuenta con historia, capacidades humanas, infraestructura, conocimiento técnico y una marca institucional que puede y debe ocupar un lugar relevante en la política de defensa, en la industria aeronáutica regional y en el entramado productivo argentino.
Quiero agradecer especialmente la oportunidad de haber vuelto a servir a mi país desde una responsabilidad tan significativa. Lo hice con la convicción profunda de que el servicio público exige entrega, austeridad, responsabilidad y sentido patriótico. Conducir FAdeA ha sido para mí una forma concreta de cumplir con mi deber con la Nación: cuidar una empresa estratégica, defender sus capacidades, ordenar su presente y contribuir a construir las bases de su futuro.
Me retiro de esta función con la satisfacción serena de haber puesto mi esfuerzo, mi experiencia y mi compromiso al servicio de la Patria, convencido de que FAdeA debe seguir siendo una herramienta estratégica del Estado argentino al servicio de la defensa nacional, del desarrollo industrial y de la soberanía tecnológica.
Agradezco también, con sincera gratitud y reconocimiento, a los equipos de gestión que me acompañaron, a cada trabajador de la fábrica y a las autoridades del Ministerio de Defensa por el trabajo compartido en una etapa exigente, pero también profundamente constructiva.
Presento esta renuncia con firmeza institucional, con gratitud y con la tranquilidad de haber cumplido una etapa de ordenamiento, estabilización y proyección. Quedo, como siempre, a disposición para garantizar una transición ordenada, responsable y acorde a la relevancia estratégica de la empresa.
Sin otro particular, saludo a usted con mi más distinguida consideración.
Julio Manco
Presidente y CEO
Fábrica Argentina de Aviones “Brig. San Martín” S.A.




