El país necesita urgentemente un acuerdo de gobernabilidad que lo saque del trastorno del vuelco político, la montaña rusa de los altibajos, cima y abismo, del péndulo a los extremos de liberales o estatistas
Los argentinos asistimos con estupor y zozobra, periódicamente y de modo cada vez más agudo, a estos vuelcos, que traen desgracia a la vida política y económica del país, y nos hacen sobrevivir cada vez más difícilmente con el corazón en la boca por tantas disparadas y corridas.
El gobierno actual debería tomar nota de la derrota y de su debilidad, y convocar antes de que sea tarde a un acuerdo institucional con la oposición sobre la base de dos o tres coincidencias mínimas que eviten conducirnos nuevamente al tobogán de la devaluación y consiguiente inflación.
Es el mismo mercado financiero que especula con la Argentina el que ha advertido al gobierno por una actitud “hostil y arrogante” con la oposición, y demanda un acuerdo estabilizador.
Por su parte, el gobernador triunfante en Buenos Aires, Kicillof, debería mantener la mano tendida a la necesidad de un “acuerdo” cuando hablo en la.noche de la victoria, para que el hilo no se corte por las conveniencias mezquinas del conflicto político, sobre todo en época electoral.
La idea básica de un acuerdo para salir del vértigo actual con un principio de equilibrio y sensatez es que el peronismo se comprometa hacia adelante a no emitir ni provocar déficits en la administración, y los libertarios a no endeudar más al país y a aplicar políticas públicas básicas para el bienestar general y el desarrollo de la población.
En verdad, estamos hablando de garantías de un sano gobierno que deberían establecerse en la Constitución -alguna ya está dispuesta- para sacarnos de una vez del circuito nefasto del desgobierno, y sus revueltas.
Podríamos así salir de una vez de los extremos del Estado pesado, corporativo, sobre todo burocrático, o del Estado ausente, que no cumple ninguna garantía.
Salir de una vez de los endeudadores liberales y de los deficitarios estatistas; de la demagogia y el relajo populista, o de la brutalidad del ajuste ultra liberal.
Necesitamos, en fin, algo de moderación, de fiel de la balanza, para no seguir sobreviviendo extremados, con un pueblo ya hambreado por las repetidas crisis, y que con un nuevo coletazo padecerá de inanición.
Necesitamos de una vez, finalmente, salir del odio y la enemistad facciosa de la dirigencia política, de un polo y del otro, deslegitimada por su inconducta en su representación, y entrar alguna vez, en la senda de la civilización.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.
Fuente Mendoza Today





