Por Nicolas J. Portino González
Bienvenidos al espectáculo. Tomen asiento.
Si miran a su derecha, verán a la República Islámica de Irán ejecutando decenas de miles de personas esta semana;
Si miran a su izquierda, verán las puertas del Helicoide en Venezuela abriéndose para vomitar los horrores que la ONU “olvidó” poner en sus informes durante una década; Y si miran al centro, verán a un burócrata de Naciones Unidas ajustándose la corbata y diciendo: “Vaya, no vimos venir nada de esto”.
Permítanme ser claro: Si la ONU fuera un guardia de seguridad, ya habrían robado el banco, quemado el edificio y vendido los escombros en eBay mientras ellos seguían mirando el monitor apagado.
No nos engañemos. Lo que ocurre hoy en Medio Oriente y lo que vemos en Venezuela no son dos películas distintas; es la misma serie de terror con diferentes actores de reparto:
El “Helicoide”, esa estructura futurista que terminó siendo el calabozo medieval del chavismo, hoy libera a sus fantasmas. Presos torturados, espectros humanos que la “Alta Comisionada” y sus secuaces nunca mencionaron con la misma pasión con la que condenan a una democracia que se defiende. ¿Por qué? Porque Chavez (el padre de la criatura y, admitámoslo, el hijo ideológico no reconocido de Fidel) y Maduro no eran dictadores para la ONU; eran “socios en el diálogo”.
Resulta fascinante ver cómo la “digestión excretada” tras la muerte del Comandante —ese legado de corrupción y brutalidad manejado por Maduro— logró mantener una silla en el Consejo de Derechos Humanos mientras sus servicios de inteligencia (el SEBIN) recibían asesoría técnica de… adivinen quién. ¡Bingo! De los mismos tipos que construyeron los túneles en Gaza.
Hay una línea directa, casi un “código postal compartido”, entre los búnkeres de Hamas/Hezbollah y las salas de tortura de Caracas.
Modus Operandi Compartido: ¿Esconder armas en hospitales en Gaza? Check;
¿Esconder presos políticos y centros de tortura en edificios icónicos en Caracas? Check;
El padrino común: Irán. El mismo régimen que hoy cuelga civiles en grúas en Teherán es el que envió los barcos con gasolina y “asesores” a Venezuela. Es el mismo que financia los cohetes de Hezbollah.
La UNRWA no vio los túneles debajo de sus escuelas. La ONU no vio las torturas en el Helicoide. ¿Nadie nota el patrón? Para ser una organización dedicada a “observar”, necesitan urgentemente ir al oculista. O quizás, solo quizás, las gafas que usan están polarizadas con petrodólares e ideología “progresista”.
Hablemos de aquel 7 de octubre en Israel. Fue barbarie pura. Fue el infierno en la tierra. Y mientras Israel recogía los pedazos de sus hijos, la maquinaria diplomática internacional se preocupaba por “el contexto”.
Ahora, en 2026, con las pruebas forenses sobre la mesa, sabemos que la complicidad fue total. Los túneles de Hamas se pagaron con el dinero que debía ir a las escuelas, igual que la represión en Venezuela se financió mientras el mundo miraba hacia otro lado ante unas elecciones violentadas y un fraude grotesco.
Hoy, las puertas del Helicoide se abren y sale la verdad, pálida y torturada. Hoy, los túneles de Gaza están expuestos como las venas abiertas del terrorismo. Y hoy, Irán mata a plena luz del día.
Un procer del humor decía: “si rascas a un cínico, encontrarás a un idealista decepcionado”. Bueno, si rascas a la ONU hoy, encontrarás un recibo de sueldo manchado de sangre.
No es incompetencia, señores. Es el modelo de negocio. Han convertido el “Derecho Humanitario” en una franquicia de protección para tiranos.
Chavez, Maduro, Sinwar, Nasrallah, Jamenei… todos comieron del mismo plato.
Y la ONU…lamentablemente, fue quien puso la mesa y sirvió el vino, pidiendo por favor que no hicieran mucho ruido al masticar.

Argentina
España
USA
Israel














