Buenos Aires, 23 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-El acelerado calentamiento global en el Ártico volvió a poner en foco uno de los secretos militares más sensibles de la Guerra Fría: Camp Century, una base nuclear subterránea construida por Estados Unidos en el norte de Groenlandia, cuyos residuos radiactivos, biológicos y estructurales podrían quedar expuestos en las próximas décadas como consecuencia del deshielo acelerado de la capa de hielo polar.

Investigaciones científicas recientes advirtieron que la desaparición progresiva del hielo en la región, que avanza a un ritmo sin precedentes históricos, podría liberar desechos altamente contaminantes enterrados desde los años sesenta. El fenómeno, impulsado por el cambio climático, ya no representa solo una amenaza para la fauna del Ártico —como osos polares, focas y orcas— sino también un riesgo ambiental y geopolítico de gran magnitud.
Camp Century fue un proyecto ultrasecreto impulsado por el Ejército de Estados Unidos en plena confrontación con la Unión Soviética. La base formaba parte del denominado proyecto “Iceworm”, que buscaba crear una red subterránea desde la cual lanzar misiles nucleares hacia territorio soviético. Su ubicación estratégica, a menos de 4.000 kilómetros de Moscú, la convertía en un punto clave del esquema de disuasión nuclear estadounidense.

La construcción comenzó a principios de la década del 60, cuando Groenlandia aún formaba parte del Reino de Dinamarca, que había autorizado la instalación de bases militares estadounidenses en su territorio. No está completamente claro cuánto conocían las autoridades danesas sobre el verdadero alcance del proyecto Iceworm ni sobre la presencia de un reactor nuclear en el subsuelo ártico.
El diseño de Camp Century era ambicioso: contemplaba una red de más de tres kilómetros de túneles excavados bajo el hielo, con capacidad para alojar a unos 200 soldados, además de un hospital, laboratorios, áreas recreativas, cine y depósitos logísticos. Para su funcionamiento energético se instaló un reactor nuclear portátil, una solución inédita para una base militar en condiciones extremas.

Sin embargo, a medida que avanzaban las obras, los ingenieros detectaron un problema crítico: el hielo sobre el que se construía no era una plataforma estable. Estudios posteriores demostraron que la masa glaciar se desplazaba y deformaba a una velocidad muy superior a la prevista. En apenas dos años, gran parte de la infraestructura habría quedado aplastada por la presión del hielo.
Ante esa situación, el Ejército estadounidense decidió abandonar el proyecto. En 1966 se dio por concluida la experiencia de Camp Century. Si bien el reactor nuclear fue retirado, gran parte de la infraestructura quedó enterrada, junto con residuos físicos, materiales contaminantes, desechos biológicos, combustibles y restos radiactivos. En ese momento, se asumió que las constantes nevadas y el frío extremo conservarían esos residuos “para siempre” bajo el hielo.
Las investigaciones científicas actuales desmienten esa presunción. Estudios sobre el comportamiento del hielo en el Ártico indican que entre 2003 y 2010 el deshielo estival fue el doble de todo lo registrado durante el siglo XX. De mantenerse esa tendencia, los residuos de Camp Century podrían quedar expuestos en menos de 75 años, con el riesgo de contaminar amplias zonas del norte de Groenlandia.
El escenario plantea un desafío político y diplomático complejo. Aunque la construcción de la base fue legal bajo los acuerdos vigentes entre Estados Unidos y Dinamarca en los años 50, el eventual afloramiento de residuos nucleares obliga a replantear responsabilidades ambientales, costos de remediación y mecanismos de cooperación internacional. Groenlandia, que desde 1979 es un territorio autónomo dentro del reino danés, podría verse directamente afectada por las consecuencias del legado nuclear enterrado bajo su hielo.
Hasta el momento, el Pentágono ha señalado que Estados Unidos trabajará junto con Dinamarca y Groenlandia para evaluar y mitigar los posibles impactos ambientales derivados de los residuos abandonados. Sin embargo, expertos advierten que el problema ya no es hipotético: el cambio climático está alterando las condiciones que durante décadas ocultaron uno de los capítulos más sensibles de la militarización nuclear del Ártico.
Fuentes consultadas: BBC Mundo; investigaciones de la Universidad de York (Canadá); documentos desclasificados del Ejército de Estados Unidos; The Guardian; comunicados del Pentágono.

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