Por Daniel Romero
San Isidro, 9 de febrero de 2026 – Total News Agency-TNA-. Avanza en la Justicia Federal una investigación sobre el envío de cocaína a Europa, sino que vuelve a poner bajo la lupa un entramado de inteligencia informal gestado durante el kirchnerismo y reciclado, años después, en ámbitos sensibles del Estado. El epicentro de la causa es el coronel retirado de Inteligencia Pablo Guillermo Quiroga, procesado con prisión preventiva por planear el envío de estupefacientes ocultos en la bodega de aviones comerciales que operan en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.
El expediente, a cargo de la jueza federal Sandra Arroyo Salgado y el fiscal Fernando Domínguez, fue recientemente ratificado por la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín, integrada por los jueces Alberto Lugones y Néstor Barral, que confirmaron el procesamiento por confabulación para el contrabando de drogas y tenencia ilegítima de armas de guerra, además de un embargo por 100 millones de pesos. Entre las armas secuestradas a Quiroga, figura un revolver marca Bagual, un arma de muy baja calidad que llama la tencion estuviera en poder de un Coronel de inteligencia. Estas armas suelen ser utilizadas para cometer robos de baja monta o por kilers para luego ser desechadas dado su bajo costo.

Pero el caso excede el plano estrictamente penal. En su desarrollo judicial emergen vínculos políticos, militares y de inteligencia que remiten a un modelo de conducción construido durante los gobiernos kirchneristas, cuando la inteligencia del Ejército Argentino ganó un protagonismo inédito en asuntos internos del país.
Durante ese período, bajo el liderazgo del entonces jefe del Ejército César Milani, se consolidó un esquema de inteligencia con fuerte impronta política. Milani, primero desde la Dirección General de Inteligencia y luego como máxima autoridad militar, impulsó un modelo basado en lealtades personales, control de flujos de información y una creciente autonomía operativa de la inteligencia militar respecto de los canales institucionales tradicionales. Ese dispositivo articuló de manera informal con la entonces SIDE, luego AFI, para tareas de análisis político, seguimiento de actores opositores y monitoreo de escenarios considerados sensibles por el poder.
En ese círculo de confianza se ubicó el Coronel Pablo Quiroga, señalado por fuentes judiciales y de inteligencia como enlace directo y coordinador interno del circuito interno del área de inteligencia que orbitaba alrededor del General Milani. Su rol no era formalmente visible, pero resultaba clave en las tareas de inteligencia y circulación de información, la vinculación entre áreas y la ejecución de tareas de enlace. A nivel operativo, el entramado se completaba con suboficiales y cuadros técnicos —entre ellos el sub oficialConrado Pereyra (el verde) y el coronel Granito— que actuaban como nexos entre la inteligencia militar y la estructura civil de la SIDE/AFI. Según versiones de fuentes cercanas a la inteligencia de una nación aliada, Quiroga habría mantenido contacto con la inteligencia iraní durante el gobierno de Cristina Kirchner.
Ese sistema funcionó como una red híbrida, con límites difusos entre defensa nacional e inteligencia política, cuya exposición comenzó a acelerarse tras el cambio de gobierno en 2015. Sin embargo, lejos de desaparecer, varios de sus actores continuaron operando en los márgenes del sistema, reciclándose en consultorías privadas, agencias de investigación y vínculos informales con estructuras estatales. Tras el final del gobierno Kirchnerista habría desaparecido tres camionetas Toyotas alistadas con equipos de inteligencia y escuchas telefónicas que habrían quedado en manos de el “equipo” de Milani y utilizadas luego para la obtención de información para proveer a campañas políticas y otros clientes del grupo operativo conformado.
Ese trasfondo explica, en parte, el capital relacional que Quiroga exhibía ante terceros. Retirado con el grado de coronel, radicado hasta noviembre pasado en el barrio Los Castores de Nordelta, y al frente de una agencia privada de investigaciones, Quiroga fue detenido en Ezeiza al regresar de un viaje a Perú, donde dijo haber realizado tareas laborales. Para la fiscalía, en paralelo, se dedicaba a una actividad mucho más rentable: integrar una organización narco que planificaba el envío de cocaína a Europa, puntualmente a Francia, utilizando bodegas de aeronaves comerciales y contactos internos en el aeropuerto.
La causa se originó tras el análisis del teléfono celular de Martín Asci, un narcotraficante detenido en otro expediente. De allí surgieron mensajes, videos de bodegas y conversaciones que evidencian actos preparatorios para el contrabando. Según la jueza Arroyo Salgado, Quiroga actuaba como nexo entre los imputados y agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, aprovechando sus lazos con altos funcionarios y fuerzas de seguridad.
En ese contexto, el fallo de la Cámara mencionó al actual director de la PSA, Carlos Tonelli, sin imputarlo. Tonelli, con pasado en la AFI durante el gobierno de Mauricio Macri, reconoció haber coincidido con Quiroga en ámbitos vinculados a la campaña presidencial de Patricia Bullrich, cuando se unificaron equipos tras la interna opositora. Quiroga admitió ese contacto, aunque luego intentó minimizarlo, sosteniendo que exageró su cercanía para ganar peso frente a sus socios. Una gran parte de las reuniones de campaña en materia de seguridad e inteligencia se realizaban en oficinas rentadas a la Sociedad Cientifica Argentina sobre la Av Santa Fe.
La investigación también dejó al descubierto reiteradas filtraciones de información sensible, lo que motivó el apartamiento de la PSA y de la Policía Federal Argentina, quedando el expediente en manos de Gendarmería Nacional. Escuchas telefónicas incorporadas a la causa muestran que los involucrados conocían con anticipación movimientos judiciales, acelerando las detenciones.
Mientras Quiroga continúa detenido, el expediente sigue abierto y amenaza con nuevas derivaciones. La Justicia intenta determinar el rol final del coronel Quiroga y si hay alguien mas arriba dentro de la estructura de inteligencia informal que, nacida al calor del kirchnerismo, reaparece ahora en una de las causas narco más sensibles del último tiempo.





