Ginebra, 18 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA- Las conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos finalizaron este miércoles en Ginebra tras una jornada breve de alrededor de dos horas, poniendo punto final a dos días de reuniones en distintos formatos que, según las delegaciones, resultaron “difíciles” y de alto contenido político, militar y humanitario. El cierre del encuentro dejó, por ahora, un saldo de señales contradictorias: Moscú sostuvo que el intercambio fue “sustancial” y anticipó una próxima ronda “pronto”, mientras Kiev acusó al Kremlin de dilatar definiciones y evitar decisiones que, a su entender, podrían haber acercado las negociaciones a una fase final.
El jefe negociador ruso, Vladimir Medinski, confirmó el término de la ronda y describió un proceso de “dos días” con sesiones extensas el primer día y un tramo final más corto este miércoles. Medinski evitó precisar plazos, pero deslizó que las partes volverán a reunirse “pronto”, en un contexto donde Estados Unidos procura consolidar un esquema de mediación con figuras de alto perfil político. En esta instancia, actuaron como intermediarios el enviado especial de la Casa Blanca para procesos de paz, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, según las crónicas de la prensa internacional y agencias estatales rusas.
Del lado ucraniano, el presidente Volodimir Zelenski endureció su tono al asegurar desde Kiev que Rusia está obstaculizando el progreso de los contactos. En su lectura, Moscú busca estirar plazos y mantener abierta una negociación sin cierres verificables mientras sostiene la presión militar sobre el terreno. Zelenski indicó que la agenda humanitaria —con eje en un eventual intercambio de prisioneros de guerra y la liberación de civiles cautivos— se mantuvo como prioridad inmediata, y expresó expectativa de que el canal abierto en Suiza pueda destrabar medidas concretas al menos en ese capítulo.
La delegación ucraniana, encabezada por el ministro de Defensa y negociador jefe Rustem Umerov, adoptó un enfoque más cauteloso. Umerov habló de “avances” pero evitó revelar detalles, argumentando que el proceso requiere alineamientos entre todas las partes y “tiempo suficiente”. Con esa formulación, Kiev buscó preservar margen de negociación sin convalidar un relato de éxito prematuro, en momentos en que el conflicto entra en su cuarto año y el desgaste social y económico se agrava por el impacto acumulado sobre infraestructura y servicios esenciales.
Fuentes diplomáticas consultadas por medios internacionales describieron que el nudo central continúa siendo el desacuerdo sobre los términos políticos y militares de un eventual acuerdo: Rusia insiste en condiciones que implicarían concesiones territoriales y restricciones estructurales para Ucrania, mientras Kiev rechaza ceder soberanía sobre áreas ocupadas y sostiene que cualquier paz duradera debe partir del retiro de fuerzas invasoras y garantías de seguridad verificables. En paralelo, los mediadores estadounidenses intentan encauzar un formato que permita resultados parciales —por ejemplo, en materia humanitaria— sin forzar a las partes a anuncios que no puedan sostenerse frente a sus respectivas opiniones públicas.
En el trasfondo, el clima de la negociación estuvo atravesado por la persistencia de la ofensiva rusa y su impacto sobre población civil, un punto que Ucrania plantea como evidencia de que el Kremlin no negocia de buena fe mientras mantiene ataques y busca consolidar hechos consumados. Para Kiev, las operaciones militares ucranianas se inscriben en un marco defensivo frente a una agresión iniciada por Rusia, y cualquier arquitectura de paz debe contemplar un alto el fuego efectivo acompañado por mecanismos de verificación que impidan nuevas escaladas.
El escenario internacional también añade presión. La mediación estadounidense se produce en medio de señales políticas cruzadas desde Washington, donde el presidente Donald Trump empuja la necesidad de “resultados” en la mesa, mientras Zelenski rechaza la idea de que el peso de las concesiones recaiga sobre el país invadido. En Europa, gobiernos y organismos siguen con atención los contactos en Ginebra por sus implicancias sobre seguridad continental, energía y estabilidad regional, aunque sin un rol protagónico formal en esta ronda.
Por ahora, el cierre sin anuncios concretos deja abierta una doble lectura: para Rusia, el mero hecho de sostener conversaciones prolongadas sirve para proyectar una imagen de “diálogo” mientras mantiene sus objetivos máximos; para Ucrania, el canal solo tendrá sentido si deriva en pasos verificables, empezando por el frente humanitario y, en paralelo, por un esquema de desescalada que no premie la ocupación. En las próximas horas, la atención se concentrará en si la promesa de una nueva reunión “pronto” se traduce en fecha y sede, y si el capítulo de prisioneros y civiles retenidos ofrece una primera prueba tangible de que el proceso no queda atrapado en un diálogo sin resultados.




