Por Nicolás J. Portino González
En la jornada de ayer, 22 de febrero de 2026, la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha marcado el punto de inflexión definitivo en la guerra contra el narcoterrorismo. Este hecho, lejos de ser un suceso policial aislado, es la conclusión lógica de una maniobra de cerco estratégico a nivel continental.
”El Mencho” no solo dirigía un cartel; comandaba un ejército con capacidades de guerra asimétrica que desafió la soberanía de los Estados-Nación. Su muerte en Jalisco, bajo el fuego del Ejército Mexicano coordinado con inteligencia de alta precisión, representa el derrumbe del brazo armado que garantizaba la circulación del capital ilícito en el corredor norte.

Para comprender la magnitud de este presente, debemos encadenar los hitos que han desarticulado el andamiaje del “Pobrismo” y el Narcocomunismo, parido ideológicamente por Fidel Castro y potenciado por la franquicia del Foro de San Pablo.
El desmantelamiento de los nodos urbanos: La actividad sistemática de las Fuerzas Federales en Rosario y los operativos quirúrgicos del BOPE en Río de Janeiro contra el Comando Vermelho no fueron casuales. Se trató de la saturación y recuperación de los puertos de salida y centros de distribución de la Hidrovía y el Atlántico Sur.
La extracción de la cúpula política: El 3 de enero de este año, la “Operación Determinación Absoluta” culminó con la captura y extracción de Nicolás Maduro de Caracas. Al decapitar al “Estado Anfitrión” del narcoterrorismo, se secaron las fuentes de financiamiento que sostenían a los regímenes de Díaz-Canel, Petro, Boric y el eje del resentimiento regional.
El corte del apoyo transnacional: Hace apenas semanas, la declaración oficial de la Fuerza Quds como organización terrorista por parte de la Argentina, sumada a su expulsión física de la frontera boliviana, eliminó el asesoramiento técnico iraní que dotaba de tecnología de desestabilización a los grupos remanentes. El eje La Paz-Buenos Aires ha sido blindado.
El análisis ineludible es taxativo: el narcoestado es la fase superior del comunismo degradado. Personajes como los Kirchner, Cristina Kirchner, Lula, Evo Morales, Correa, AMLO y Mujica no fueron más que los gestores políticos de una arquitectura de impunidad. Utilizaron la fachada de la socialdemocracia para desarmar a las instituciones mientras el narcotráfico penetraba el tejido social.
Hoy, América del Sur está aplicando un desparasitante institucional. Al caer Maduro y ser neutralizado “El Mencho”, se produce el colapso de la estructura de financiamiento recíproco. Sin el dinero del narco, la política de izquierda en el continente queda reducida a su verdadera esencia: un grito vacío y resentido frente al avance de la Libertad y el Orden.
Occidente ha decidido volver a ser Occidente. La caída de los capos y la captura de los dictadores cuentan una nueva historia: la del arrasamiento de la amenaza híbrida. El narcoterrorismo, privado de sus santuarios en Venezuela y Bolivia, y de su capacidad de fuego en México y Rosario, está en fase de disolución.
“La victoria no se alcanza con discursos, sino con la ocupación efectiva del territorio y la eliminación física y moral de quienes pretenden suplantar la Ley por el terror”.
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