Washington-27 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — El presidente Donald Trump endureció este viernes su tono sobre Irán al admitir que está “insatisfecho” con la marcha de las conversaciones nucleares y al mantener abierta la posibilidad de una acción militar, en una semana marcada por una fuerte acumulación de poder de fuego estadounidense en Oriente Medio, señales de alarma diplomática y advertencias de evacuación. “No estoy contento con el hecho de que no estén dispuestos a darnos lo que tenemos que tener”, dijo ante periodistas, sin confirmar plazos ni una decisión final, pero dejando claro que la opción armada sigue sobre la mesa. “No quiero usar la fuerza militar, pero a veces tenemos que hacerlo”, remarcó.
La escalada verbal coincidió con el anuncio del Departamento de Estado de que el secretario de Estado Marco Rubio realizará una visita relámpago de dos días a Israel a comienzos de la próxima semana, con reuniones previstas el lunes y el martes. La agenda, según la comunicación oficial, incluye la discusión de prioridades regionales como Irán, Líbano y el plan de paz impulsado por Trump para Gaza. En términos políticos, la visita se lee como un intento de coordinación con el gobierno israelí en un momento de altísima sensibilidad, cuando Jerusalén y Washington buscan alinear mensajes, inteligencia y escenarios posibles.
Mientras se sostiene el carril diplomático, el carril militar siguió moviéndose. El superportaaviones USS Gerald R. Ford dejó una base de apoyo en el Mediterráneo oriental y su navegación fue seguida con atención por medios regionales que lo ubican en ruta hacia aguas cercanas a la costa norte israelí, en el área de Haifa. La presencia del Ford se suma a un despliegue ampliado de recursos navales y aéreos de Estados Unidos en la región, un dispositivo que actúa como señal disuasiva, pero que también eleva el riesgo de lecturas cruzadas y errores de cálculo si el clima se deteriora.
En paralelo, la Embajada de Estados Unidos en Jerusalén activó el estatus de “salida autorizada” para personal no esencial y familiares, habilitando que quienes están alcanzados por esa categoría puedan abandonar el país de manera voluntaria con asistencia logística. El embajador Mike Huckabee reforzó el mensaje en una comunicación interna a su personal: instó a quienes evalúen partir a hacerlo de inmediato y priorizar conseguir cualquier asiento en vuelos de salida, ante la posibilidad de que la disponibilidad se reduzca de un día para el otro. La medida, adoptada “por precaución”, se interpreta como una señal de que Washington percibe un entorno de riesgo creciente.
El clima de alerta no quedó restringido a la misión estadounidense. Varios gobiernos occidentales actualizaron recomendaciones para sus ciudadanos, con sugerencias de evitar viajes no esenciales o de considerar salidas preventivas de Israel ante el aumento de tensiones. Al mismo tiempo, países como China —y otros en Asia Central— emitieron advertencias para Irán, recomendando evitar viajes y, para quienes ya están allí, reforzar medidas de seguridad y evaluar una evacuación.
El telón de fondo inmediato son las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán, que cerraron una nueva ronda en Ginebra sin anuncio de acuerdo. Aunque algunos mediadores hablaron de avances y de un clima de trabajo “serio”, no se comunicaron pasos concretos que despejen la posibilidad de una escalada. Está previsto que la próxima semana continúen discusiones técnicas en Viena, un formato que suele utilizarse para bajar a tierra temas sensibles como niveles de enriquecimiento, mecanismos de verificación y secuencias de levantamiento de sanciones. En ese entramado, el rol de Omán volvió a ser central: el canciller omaní Badr al-Busaidi mantiene el puente entre las partes y tenía previsto sostener conversaciones en Washington con el vicepresidente J.D. Vance, en una señal de que la Casa Blanca aún apuesta a una salida negociada, aunque sin bajar la guardia militar.
Desde Teherán, el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi evitó detalles finos, pero reiteró que la posición iraní fue “claramente explicada”. El reclamo histórico iraní —alivio de sanciones a cambio de límites verificables al programa— choca con el enfoque estadounidense de exigir concesiones más profundas y rápidas. En el medio, se instala el problema de siempre: cada día que pasa sin una hoja de ruta concreta alimenta la presión interna en Washington y, del lado iraní, fortalece a quienes sostienen que negociar bajo amenaza es ceder soberanía.
En este tablero, el mensaje de Trump funciona como un recordatorio de su estilo de negociación: presionar al máximo para arrancar concesiones, con la fuerza como sombra permanente. Pero también deja preguntas abiertas sobre el “timing” real. La visita de Rubio podría interpretarse como una señal de que, al menos por ahora, la Casa Blanca busca alinear posiciones y ganar tiempo antes de cualquier decisión extrema. A la vez, la salida autorizada de la embajada y la concentración de activos militares muestran que Estados Unidos se prepara para escenarios que van más allá de la diplomacia.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, volvió a pedir públicamente que las partes se concentren en la vía diplomática. La frase suena conocida, pero en el clima actual funciona como alerta: con recursos militares desplegados, líneas rojas difusas y presión política interna en ambos países, el margen para “incidentes” se achica. Y cuando el margen se achica, una crisis puede acelerarse sin que nadie la haya elegido.




