Caputo admitió un freno en la desinflación, defendió el peso sin imposiciones y aseguró fondos para pagar deuda
Buenos Aires, 19 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- Luis Caputo reconoció este jueves que la desinflación sufrió un retroceso en los últimos meses, aunque buscó transmitir tranquilidad al sostener que el proceso volverá a encarrilarse en el corto plazo. Durante su exposición en el 21° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas, el ministro de Economía dejó una de las frases más resonantes de la jornada al afirmar que el Gobierno puede controlar la oferta monetaria, pero no la demanda de pesos. “No podemos forzar a los argentinos a tener pesos”, resumió, en una admisión que expone uno de los límites centrales del programa económico oficial.
La definición llegó después de que la inflación de febrero volviera a ubicarse en 2,9%, el mismo nivel que en enero, con una variación interanual de 33,1% y una acumulada de 5,9% en el primer bimestre del año. El dato confirmó que, tras la fuerte desaceleración lograda en 2024 y parte de 2025, el sendero descendente encontró un freno que el propio Palacio de Hacienda ya no puede disimular. Caputo lo explicó como el resultado de una recomposición de precios relativos, en especial por el impacto de los regulados y de la carne, y sostuvo que se trata de factores puntuales más que de un cambio estructural de tendencia.
En ese marco, el ministro insistió en que el fenómeno inflacionario debe analizarse como un desbalance en el mercado monetario. Según su planteo, el Gobierno mantiene bajo control la emisión y el equilibrio fiscal, pero no puede obligar a la sociedad a demandar moneda local si persisten el escepticismo y la memoria de décadas de inestabilidad. Esa afirmación no es menor, porque revela que el oficialismo empieza a poner parte del foco en la confianza social y en el comportamiento del público, un terreno mucho más difícil de administrar que la política fiscal o la cantidad de dinero.
Aun así, Caputo buscó sostener el tono optimista. Aseguró que la economía “está tremendamente en orden” y adjudicó buena parte de la desconfianza actual al daño económico y psicológico acumulado por años de desmanejo. En su visión, una vez absorbido el efecto de las correcciones pendientes, la inflación debería retomar una trayectoria descendente. La apuesta oficial, en otras palabras, es que el freno de los últimos meses no se convierta en un cambio de régimen, sino en una pausa dentro del proceso de estabilización.
El otro gran capítulo de su exposición estuvo vinculado a la deuda. Caputo descartó que el Gobierno vaya a volver al mercado internacional para colocar bonos en el corto plazo y afirmó que ya tiene identificadas fuentes de financiamiento más baratas para afrontar los próximos tres vencimientos de capital. Habló de compromisos por alrededor de US$ 9.000 millones, correspondientes a los pagos previstos para julio de este año, enero de 2027 y julio de 2027. El mensaje fue claro: la estrategia oficial seguirá siendo evitar un regreso apurado a Wall Street mientras existan alternativas menos costosas.
Ese punto tiene una relevancia especial porque coincide con un momento en el que el riesgo país sigue en niveles que el equipo económico considera altos en relación con la mejora fiscal y monetaria que exhibe el Gobierno. Por eso, Caputo remarcó que el objetivo es refinanciar “lo más barato posible” y desarrollar otras vías, entre ellas el mercado local, la venta de activos y esquemas de financiamiento alternativo que, según prometió, se irán conociendo en los próximos meses.
También se refirió a la relación con el FMI, que definió como “espectacular”, en medio de la negociación por la segunda revisión del programa vigente. Desde el organismo, en febrero, ya habían señalado que las conversaciones con las autoridades argentinas habían sido “muy buenas”, una señal que el Gobierno interpreta como respaldo a la marcha del plan económico. Aun así, la estabilidad que busca exhibir la administración libertaria enfrenta un desafío concreto: si la inflación no vuelve a bajar pronto, el relato del orden macroeconómico empezará a chocar cada vez más con la percepción cotidiana de la sociedad.
La presentación de Caputo dejó, así, una doble lectura. Por un lado, ratificó que el Gobierno no piensa modificar el corazón de su programa y que seguirá apostando al equilibrio fiscal, la restricción monetaria y la baja del costo financiero. Por otro, mostró que la batalla contra la inflación ya no depende sólo del ajuste técnico, sino también de la reconstrucción de confianza en una moneda que los argentinos aprendieron, durante años, a abandonar apenas pueden.
Buenos Aires, 19 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- Luis Caputo reconoció este jueves que la desinflación sufrió un retroceso en los últimos meses, aunque buscó transmitir tranquilidad al sostener que el proceso volverá a encarrilarse en el corto plazo. Durante su exposición en el 21° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas, el ministro de Economía dejó una de las frases más resonantes de la jornada al afirmar que el Gobierno puede controlar la oferta monetaria, pero no la demanda de pesos. “No podemos forzar a los argentinos a tener pesos”, resumió, en una admisión que expone uno de los límites centrales del programa económico oficial.
La definición llegó después de que la inflación de febrero volviera a ubicarse en 2,9%, el mismo nivel que en enero, con una variación interanual de 33,1% y una acumulada de 5,9% en el primer bimestre del año. El dato confirmó que, tras la fuerte desaceleración lograda en 2024 y parte de 2025, el sendero descendente encontró un freno que el propio Palacio de Hacienda ya no puede disimular. Caputo lo explicó como el resultado de una recomposición de precios relativos, en especial por el impacto de los regulados y de la carne, y sostuvo que se trata de factores puntuales más que de un cambio estructural de tendencia.
En ese marco, el ministro insistió en que el fenómeno inflacionario debe analizarse como un desbalance en el mercado monetario. Según su planteo, el Gobierno mantiene bajo control la emisión y el equilibrio fiscal, pero no puede obligar a la sociedad a demandar moneda local si persisten el escepticismo y la memoria de décadas de inestabilidad. Esa afirmación no es menor, porque revela que el oficialismo empieza a poner parte del foco en la confianza social y en el comportamiento del público, un terreno mucho más difícil de administrar que la política fiscal o la cantidad de dinero.
Aun así, Caputo buscó sostener el tono optimista. Aseguró que la economía “está tremendamente en orden” y adjudicó buena parte de la desconfianza actual al daño económico y psicológico acumulado por años de desmanejo. En su visión, una vez absorbido el efecto de las correcciones pendientes, la inflación debería retomar una trayectoria descendente. La apuesta oficial, en otras palabras, es que el freno de los últimos meses no se convierta en un cambio de régimen, sino en una pausa dentro del proceso de estabilización.
El otro gran capítulo de su exposición estuvo vinculado a la deuda. Caputo descartó que el Gobierno vaya a volver al mercado internacional para colocar bonos en el corto plazo y afirmó que ya tiene identificadas fuentes de financiamiento más baratas para afrontar los próximos tres vencimientos de capital. Habló de compromisos por alrededor de US$ 9.000 millones, correspondientes a los pagos previstos para julio de este año, enero de 2027 y julio de 2027. El mensaje fue claro: la estrategia oficial seguirá siendo evitar un regreso apurado a Wall Street mientras existan alternativas menos costosas.
Ese punto tiene una relevancia especial porque coincide con un momento en el que el riesgo país sigue en niveles que el equipo económico considera altos en relación con la mejora fiscal y monetaria que exhibe el Gobierno. Por eso, Caputo remarcó que el objetivo es refinanciar “lo más barato posible” y desarrollar otras vías, entre ellas el mercado local, la venta de activos y esquemas de financiamiento alternativo que, según prometió, se irán conociendo en los próximos meses.
También se refirió a la relación con el FMI, que definió como “espectacular”, en medio de la negociación por la segunda revisión del programa vigente. Desde el organismo, en febrero, ya habían señalado que las conversaciones con las autoridades argentinas habían sido “muy buenas”, una señal que el Gobierno interpreta como respaldo a la marcha del plan económico. Aun así, la estabilidad que busca exhibir la administración libertaria enfrenta un desafío concreto: si la inflación no vuelve a bajar pronto, el relato del orden macroeconómico empezará a chocar cada vez más con la percepción cotidiana de la sociedad.
La presentación de Caputo dejó, así, una doble lectura. Por un lado, ratificó que el Gobierno no piensa modificar el corazón de su programa y que seguirá apostando al equilibrio fiscal, la restricción monetaria y la baja del costo financiero. Por otro, mostró que la batalla contra la inflación ya no depende sólo del ajuste técnico, sino también de la reconstrucción de confianza en una moneda que los argentinos aprendieron, durante años, a abandonar apenas pueden.





