Ginebra, 27 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. El mundo ingresó en una etapa de repliegue del desarme nuclear y de renovada centralidad de las armas atómicas en la lógica de poder de las principales potencias. El último informe del Nuclear Weapons Ban Monitor, presentado en Ginebra, confirma que casi todos los nueve Estados con armamento nuclear profundizaron durante 2025 la modernización de sus fuerzas estratégicas, aumentaron sus existencias o anunciaron planes concretos para hacerlo. El dato más inquietante no pasa solo por la cantidad total de ojivas, sino por el incremento de aquellas que ya están listas para ser utilizadas en poco tiempo, en un contexto internacional signado por la guerra en Ucrania, la tensión en Asia, la crisis en Oriente Medio y el deterioro de los mecanismos de control de armamentos.
Según el monitor elaborado por la Federation of American Scientists y Norwegian People’s Aid, al comienzo de 2026 los nueve Estados nucleares —Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte— reunían 12.187 ojivas, de las cuales 9.745 estaban disponibles para uso militar. De ese universo, 4.012 ya se encontraban desplegadas en silos, misiles móviles, submarinos o bases de bombarderos, es decir, más del 40% del total operativo. El informe remarca que esa cifra implica un aumento de 141 armas disponibles respecto del año anterior y consolida una tendencia que, lejos de la narrativa del desarme post Guerra Fría, muestra un reingreso de la cuestión nuclear en el corazón de la competencia geopolítica.
La paradoja es que el número total de ojivas sigue siendo muy inferior al de los peores años de la Guerra Fría, cuando el planeta superó las 70.000. Sin embargo, los especialistas advierten que hoy el problema no es solo cuánto existe, sino cuántas de esas armas están listas, modernizadas y asociadas a doctrinas más agresivas. SIPRI ya había advertido en su anuario 2025 que los nueve Estados nucleares reforzaron en 2024 sus arsenales y sistemas de lanzamiento, mientras Estados Unidos y Rusia siguen concentrando cerca del 90% del total mundial. China, además, aparece como el actor de crecimiento más acelerado, con al menos 600 ojivas estimadas y una expansión sostenida de su infraestructura misilística. A la vez, India, Pakistán y Corea del Norte continúan desarrollando nuevos vectores, mientras Israel, aunque mantiene su tradicional ambigüedad, también es considerado por los expertos como un país en proceso de modernización de su capacidad nuclear.
El cuadro se vuelve todavía más delicado porque el sistema de contención que sobrevivía entre las dos mayores potencias quedó seriamente dañado. El tratado New START, último acuerdo bilateral que imponía límites jurídicamente vinculantes a las armas estratégicas desplegadas de Washington y Moscú, expiró el 5 de febrero de 2026. Su vencimiento dejó sin un corsé legal a las dos superpotencias nucleares y abrió la puerta a nuevas discusiones sobre cargas, lanzadores y eventuales ampliaciones de inventario. A eso se suma un clima político cada vez más áspero: en las últimas semanas, Francia anunció que expandirá su arsenal y profundizará la cooperación disuasiva con socios europeos; Finlandia avanzó para levantar su histórica prohibición legal de albergar armas nucleares, aunque aclaró que no planea hacerlo en tiempos de paz; y en Estados Unidos reapareció la discusión sobre eventuales ensayos nucleares, aunque el futuro jefe del STRATCOM sostuvo que no ve necesidad técnica de retomarlos.
Frente a esta tendencia, el campo del desarme intenta resistir con una base política más amplia, aunque todavía insuficiente para torcer la conducta de las potencias. El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares ya reúne 99 países entre Estados parte y signatarios, con 74 adhesiones plenas y 25 firmas pendientes de ratificación hacia fines de 2025. Ninguno de los nueve Estados nucleares se sumó. El monitor subraya además que una minoría de 42 Estados —los nueve con armas atómicas y 33 países bajo “paraguas nuclear”— sigue reforzando estas doctrinas, con una oposición particularmente concentrada en Europa. El contraste resume la encrucijada actual: mientras la mayoría global se inclina formalmente por la prohibición, las potencias y sus aliados se mueven en sentido inverso, con más despliegue, más modernización y menos límites. La conclusión de fondo es tan simple como inquietante: la era de la reducción nuclear terminó y el mundo volvió a convivir con una carrera atómica menos masiva que la de la Guerra Fría, pero potencialmente más inestable.





