Sunchales, 16 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- La histórica cooperativa láctea SanCor quedó al borde de su derrumbe definitivo luego de solicitar su propia quiebra ante la Justicia de Rafaela, en un desenlace que expone con crudeza el agotamiento de una empresa emblemática de la industria alimentaria argentina. La presentación fue realizada en el expediente que tramita ante el juzgado civil y comercial de cuarta nominación, a cargo de Marcelo Germán Gelcich, después de más de un año de concurso preventivo, una deuda que distintas fuentes ubican en torno de los USD 120 millones y una situación salarial terminal que, según ATILRA, mantiene a los trabajadores con ocho meses de haberes impagos más aguinaldos.
El pedido de quiebra no cayó del cielo. SanCor arrastraba desde hace años una crisis profunda, pero el cuadro terminó de desbordarse en los últimos meses, cuando ni el concurso abierto en febrero de 2025 ni las distintas alternativas de rescate lograron devolverle viabilidad económica. El propio proceso judicial ya había dejado en evidencia el deterioro: a fines de diciembre de 2025, el juez resolvió intervenir la cooperativa y designar una coadministradora ante incumplimientos, falta de información suficiente y atrasos acumulados, una señal de que la empresa ya no conseguía sostener con normalidad ni siquiera su administración bajo el paraguas concursal.
El cuadro financiero es demoledor. A fines de marzo de 2026, el juzgado de Rafaela avanzó con el reconocimiento de créditos dentro del concurso y quedó asentado que la cooperativa enfrentaba reclamos de más de 1.500 acreedores, entre comerciales, financieros, fiscales, laborales y profesionales. Ese sinceramiento judicial terminó de mostrar que el rojo ya no era una dificultad pasajera ni una mala campaña, sino una cesación de pagos estructural. En los hechos, la empresa llevaba demasiado tiempo funcionando por debajo de su escala histórica, sin músculo para recomponer producción, sostener salarios ni ordenar una deuda que crecía más rápido que cualquier posibilidad real de recuperación.
La dimensión social del colapso es igual de dura. ATILRA, el gremio de la actividad, sostuvo que el pedido de quiebra apenas reconoce una realidad que ya estaba a la vista y denunció que la cooperativa venía sosteniéndose con el sacrificio del patrimonio de los trabajadores. El sindicato afirmó que los empleados dejaron de cobrar con regularidad hace ocho meses y que la asistencia llegó en gran parte a través del fondo solidario gremial. Al mismo tiempo, la plantilla se fue achicando de manera brutal: de los 4.000 trabajadores que la firma llegó a tener en sus mejores años, pasó a unos 1.350 antes de la última ola de despidos, y sólo en enero de 2025 se concretó la desvinculación de unos 300 operarios en plantas de Santa Fe y Córdoba.
El derrumbe productivo acompaña esa caída. SanCor, que supo procesar alrededor de 4 millones de litros diarios de leche en otra etapa de su historia, hoy apenas ronda los 500.000 litros según las referencias más repetidas por medios económicos y rurales. Esa reducción explica buena parte del drama: una estructura pensada para una escala gigante terminó funcionando con un volumen incapaz de sostener costos, plantas, logística y personal. Las negociaciones con grupos empresarios interesados en un fideicomiso de recuperación tampoco prosperaron, y una de las salidas que se exploró, la producción a fasón para terceros, quedó envuelta en tensiones con el gremio y no alcanzó para revertir el colapso.
La caída de SanCor además no se da aislada del resto de su ecosistema comercial. Hace apenas meses también quedó quebrada ARSA, la firma que elaboraba yogures, flanes y postres asociados a la marca SanCor, otro golpe que terminó de vaciar una estructura que durante décadas fue sinónimo de cooperativismo, producción regional y peso nacional en góndolas y exportaciones. En otras palabras, no se está hundiendo sólo una empresa: se está desarmando una marca histórica que fue parte del corazón industrial de la cuenca lechera argentina.
Fundada en 1938 como cooperativa de pequeños y medianos productores de Santa Fe y Córdoba, SanCor fue durante décadas una referencia de la industria láctea argentina. Por eso el desenlace tiene una carga simbólica fuerte: no se trata simplemente de otra empresa en crisis, sino de una marca que llegó a representar una idea de desarrollo federal, asociativismo y potencia agroindustrial. Que hoy termine pidiendo su propia quiebra habla no sólo de errores empresariales y de una larga secuencia de reestructuraciones fallidas, sino también del tamaño del deterioro que atravesó buena parte de la industria nacional en los últimos años.
Ahora la decisión final quedará en manos de la Justicia. Pero, más allá del trámite formal, el cuadro ya parece irreversible. La asamblea extraordinaria prevista para el 30 de abril se perfila así como otro capítulo de cierre en una historia que alguna vez fue orgullo productivo y hoy es emblema de decadencia. El punto de discusión ya no es si SanCor está en crisis. Eso quedó fuera de debate. Lo que queda por ver es si, sobre las ruinas de la cooperativa, todavía puede rescatarse algo de la marca, del saber hacer industrial y de los puestos de trabajo que durante años sostuvieron miles de familias en la región central del país.




