Por Daniel Romero
Buenos Aires, 9 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- La crisis sanitaria que atraviesa la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) sumó en las últimas horas un episodio devastador que conmociona al mundo militar: el suicidio del suboficial mayor retirado Carlos Héctor Velázquez, de 77 años, quien había denunciado públicamente la falta de cobertura médica y el abandono del sistema de salud castrense mientras enfrentaba un cáncer avanzado.
El drama expuso crudamente el colapso de la obra social militar, hoy atrapada entre deudas millonarias, prestaciones cortadas, crisis de conducción y una creciente indignación entre militares en actividad, retirados y sus familias.
Velázquez, que había aportado seis décadas al sistema, dejó una carta estremecedora antes de intentar quitarse la vida por primera vez el pasado 4 de marzo, al pie del monumento a San Martín en la capital sanjuanina.
“Nunca vi que un presidente, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, y su ministro abandonaran a sus soldados”, escribió en referencia al presidente Javier Milei y al ministro de Defensa, el teniente general Carlos Alberto Presti quién heredo el desastre que dejó Luis Petri, luego saltar a una diputación.
“Me sacrifico por no tener atención médica”, agregó el suboficial retirado, que finalmente terminó suicidándose semanas después tras abandonar su tratamiento oncológico por falta de cobertura.
Una tragedia que expone años de desfalco
La situación de OSFA no apareció de un día para otro. Dentro de las propias Fuerzas Armadas crece la convicción de que el sistema heredado del antiguo IOSFA fue devastado por años de desmanejos administrativos, déficit estructural y manejo de fondos oscuros por ausencia de controles.
La crisis explotó definitivamente durante la gestión del exministro Luis Petri, cuando el deterioro financiero alcanzó niveles críticos sin que se impulsara una solución de fondo. Adquirió F16 pero sus pilotos y demás camaradas viven de sueldos de miseria y sin atención médica.
En febrero de 2026, el Gobierno decidió disolver el viejo IOSFA mediante el Decreto 88/2026 y crear la nueva OSFA, pero sin aportar un verdadero saneamiento financiero ni recursos suficientes para comenzar desde cero.
Para muchos militares, el problema de fondo sigue intacto:
- una estructura quebrada,
- deudas multimillonarias,
- prestadores que abandonan el sistema,
- y afiliados obligados a pagar copagos exorbitantes pese a décadas de aportes.
“Ciudadanos de segunda”
La indignación crece especialmente entre retirados y personal subalterno, cuyos salarios ya son considerados miserables dentro del propio ámbito castrense.
“Somos ciudadanos de segunda”, resumió un oficial retirado al describir la situación actual en ciudades como Mar del Plata, donde los afiliados reciben turnos a 40 días y deben pagar copagos de entre $18.000 y $38.000, prácticamente iguales a los de pacientes sin obra social.
En distintas jurisdicciones:
- clínicas suspendieron prestaciones,
- hospitales restringieron atención,
- proveedores dejaron de entregar prótesis,
- y farmacias limitan medicamentos por falta de pago.
La deuda acumulada de la obra social ascendía en febrero a unos $212.000 millones, según datos internos citados por autoridades de OSFA.
El nuevo presidente: un general en actividad
En medio del colapso institucional, el ministro Carlos Presti designó como nuevo presidente de OSFA al general de brigada Pablo Guillermo Plaza, actual director general de Salud del Ejército, convirtiéndose en el primer oficial militar en actividad en conducir directamente el sistema sanitario militar.
La decisión representa un giro político importante: el Gobierno intenta transmitir que las Fuerzas Armadas vuelven a tomar control directo sobre su sistema de salud.
Plaza reemplaza al general retirado Sergio Maldonado, cuya gestión duró apenas dos meses y terminó en medio de cuestionamientos internos y creciente malestar entre afiliados.
Sin embargo, dentro de la comunidad militar existe escepticismo:
muchos consideran que cambiar nombres no resolverá una estructura financieramente quebrada si no existe una decisión política real de sanear el sistema y refundarlo completamente.
La deuda de Gendarmería y Prefectura
A la crisis estructural se suma otro dato explosivo:
según reconocieron autoridades militares, Gendarmería Nacional y Prefectura Naval mantienen una deuda histórica superior a $130 mil millones con la obra social militar.
El coronel retirado Ariel Guzmán, administrador de la ex IOSFA, explicó que durante años existieron liquidaciones incorrectas de aportes individuales y contribuciones patronales.
Esa deuda hoy es considerada clave para intentar sostener mínimamente el funcionamiento del sistema.
Por eso se espera una negociación directa entre Presti y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, para recuperar esos fondos.
Sospechas internas y viejas estructuras
La crisis también dejó al descubierto fuertes internas dentro del aparato administrativo.
La designación del contador Eduardo Daza en la estratégica Unidad de Auditoría Interna generó fuerte enojo puertas adentro de OSFA, ya que fue un hombre cercano al médico mendocino Oscar Sagás, primer presidente de IOSFA y figura señalada por sectores militares como uno de los responsables del colapso financiero.
En redes sociales y grupos de retirados ya se multiplican los pedidos de:
- auditorías profundas,
- denuncias penales,
- y acciones judiciales contra exfuncionarios y responsables administrativos.
El drama humano detrás de los números
Pero más allá de los balances y las disputas burocráticas, el caso de Carlos Velázquez terminó convirtiéndose en símbolo de una tragedia mucho más profunda.
Porque detrás de cada prestación suspendida, cada prótesis no entregada o cada tratamiento cortado, hay militares retirados, viudas, pensionados y familias completas atrapadas en un sistema que sienten abandonado.
Y mientras el Gobierno intenta reorganizar OSFA, dentro del mundo militar crece una pregunta dolorosa:
cuántos más deberán sufrir antes de que exista una verdadera decisión política de terminar con el desastre heredado y construir, finalmente, un nuevo sistema de salud digno para quienes integran las Fuerzas Armadas.




